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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

La Brecha entre la Clase Política Profesional y la Realidad Ciudadana. - por Jacinto Ortega del Rosario

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La Brecha entre la Clase Política Profesional y la Realidad Ciudadana

Jacinto Ortega del Rosario

exconcejal de Cohesión Social, Igualdad y Juventud del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

 

En un mundo donde la velocidad de los cambios sociales es abrumadora, la clase política profesional enfrenta un desafío crucial: la desconexión de la realidad cotidiana de la ciudadanía. Este fenómeno no es nuevo, pero su impacto es cada vez más evidente y corrosivo. Los políticos que se instalan durante años en el poder, alejados de la "calle", desarrollan una visión distorsionada de las necesidades reales de los ciudadanos. Esta distancia no solo los aísla de las preocupaciones de los que madrugan, sino que perpetúa una narrativa confusa e ineficaz sobre cómo abordar los problemas más acuciantes.

La burbuja del poder: un refugio de privilegios

La política profesional, en muchos casos, parece convertirse en un fin en sí mismo. Los dirigentes, rodeados de asesores, tecnócratas y un discurso político autocontenido, viven en una burbuja. Desde allí, observan la sociedad a través de estadísticas, informes y reuniones controladas, desconociendo la experiencia de los ciudadanos comunes. ¿Cuántos políticos han tomado el transporte público en hora punta recientemente? ¿Cuántos saben lo que cuesta llenar un carrito de supermercado sin descuentos ni privilegios? Su desconexión crea políticas públicas que, aunque bien intencionadas, a menudo carecen de la empatía y la eficacia necesarias.

El contraste es especialmente evidente en los discursos sobre el esfuerzo y la "cultura del madrugar". Muchos políticos exigen sacrificio a quienes sostienen la economía —trabajadores de largas jornadas, autónomos y pequeños empresarios—, mientras que sus propios estilos de vida parecen cómodamente alejados de esos sacrificios. Esta desconexión refuerza el cinismo de la población, que percibe a sus representantes como ajenos a la lucha diaria.

El peligro de una realidad ficticia

Cuando la clase política pierde contacto con la ciudadanía, corre el riesgo de construir una imagen ficticia del país. Desde el despacho, las prioridades de los ciudadanos se ven distorsionadas: lo que importa para la opinión pública puede quedar reducido a una lista de tendencias en redes sociales o informes de encuestadoras. Los problemas estructurales —la educación, la salud, la seguridad o el costo de vida— son reemplazados por debates superficiales que buscan impacto mediático más que soluciones reales.

Esta desconexión también alimenta el populismo. Los políticos que no comprenden las necesidades de la "calle" abren la puerta a líderes que explotan el descontento con promesas simplistas. En un contexto de desconfianza, la falta de representación genuina deja un vacío que es rápidamente ocupado por quienes utilizan el miedo y la frustración como herramientas políticas.

La solución no pasa solo por pedir "mayor compromiso" a los políticos, sino por reformar las estructuras que perpetúan esta desconexión. La política no puede ser un refugio vitalicio ni un escenario para la autopreservación. Es necesario establecer límites claros al tiempo que los representantes pueden permanecer en sus cargos y fomentar una rotación que permita que nuevas voces —provenientes de diversos sectores sociales— ingresen al ámbito público.

Además, es crucial que los políticos se involucren activamente en la vida cotidiana de sus electores, no como un gesto populista, sino como una práctica habitual. Iniciativas como vivir temporalmente en barrios vulnerables, trabajar jornadas junto a obreros o docentes, y escuchar de forma directa a los ciudadanos podrían enriquecer su comprensión y mejorar su capacidad de tomar decisiones.

La desconexión de la clase política profesional no solo debilita la confianza ciudadana, sino que también limita la efectividad de las políticas públicas. Es hora de que los líderes abandonen la burbuja del poder y enfrenten la realidad de los que madrugan y los que no, entendiendo que cada ciudadano, desde su lugar, tiene preocupaciones y necesidades que merecen ser atendidas. Solo una política conectada con la calle puede reconstruir el vínculo entre representantes y representados, devolviendo a la democracia su esencia más fundamental: ser un reflejo auténtico del pueblo al que sirve.

JACINTO ORTEGA DEL ROSARIO * Gracias a JACINTO ORTEGA DEL ROSARIO
 * Gracias a JACINTO ORTEGA DEL ROSARIO
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