La Justicia en España la tienen convertida en un ariete, una lanza para destruir a las izquierdas - por Erasmo Quintana
La Justicia en España la tienen convertida en un ariete, una lanza para destruir a las izquierdas
Erasmo Quintana
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (PP) y su novio, Alberto González Amador, son “los intocables” de la Justicia en este país. Lo vemos si se contrapone el caso de la mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, que van dos años que está expuesta en la plaza pública, prospectivamente investigada por el juez Peinado para ver si le encuentra algún delito por el que pueda inculpar, no a ella, sino a su marido, que es al que quiere ver en la picota.
Para que caigamos bien en qué han convertido uno de los poderes del Estado, el Judicial, no hay más que contrastar que casos delictivos de los gobiernos del PP tardan años en que nuestra justicia se ocupe de ellos, esos que ahora se están viendo; como el caso criminal del exministro de Economía y Hacienda con Aznar y Rajoy, Cristóbal Montoro, que cambió la Ley para poder crear un sistema en el que ingresaran sus pagos los beneficiados por él, valiéndose de su posición de privilegio como ministro de Economía. Y bien, por ahí anda a sus anchas, desde hace años, como quien no ha roto un plato.
También tienen al hermano de Pedro Sánchez imputado (por algo que hace todo el mundo sin distinción) como si de un peligroso delincuente o criminal se tratara. ¿Todo?, porque es hermano del presidente. ¿Cuánto personaje del PP ha hecho improcedencias delictivas que no han sido vistas por esta misma Justicia? Isabel Díaz Ayuso, por ejemplo, usó dinero público destinado a las Residencias de Mayores de Madrid, para Quirón, del interés de su novio Amador, 5.600 millones de euros. Y ella, tan segura de sí misma, al igual que se ha quedado con los protocolos de la vergüenza, en los que, residente que tenía seguro, fue derivado a otro hospital cuando el Coronavirus, y los que no lo tenían, allí se quedaron sin atención médica porque según la presidenta Ayuso dixit; “Se van a morir igual”. ¿Dónde está esa Justicia tan diligente cuando de la izquierda se trata (incluso sobre-actuando), y nunca aparece cuando el delito va con las derechas?
Otro tema que ha saltado a la opinión pública en el que también vemos la dicotomía enraizada en ese cuerpo bipolar de que está penetrada el alma social española, se constata con la natural y masiva condena popular al cantante internacional, Julio Iglesias, por sus descubiertos abusos sexuales a mujeres, exempleadas domésticas que contrataba en la isla Punta Cana, el Caribe, denuncias interpuestas por dos de esas víctimas, aquí en España, y la furibunda defensa que le hace todo el estamento de la derecha española, incluso con la ¡duda razonable! de Ñúñez Feijóo. La falta al respeto a la mujer, cuando sin su consentimiento y a las bravas se invade su intimidad, se llama acoso sexual, lo cometa quien sea. En el cuerpo de la denuncia (no es grato referirnos a ello) las víctimas relatan que les preguntaba cuándo les venía la menstruación; les apretaba los pezones; metía su dedo en al ano, y que algunas noches las invitaba a su alcoba, sintiéndose una de las denunciantes como un objeto y una esclava. A todas las que solicitaban trabajo les exigía cinco fotos de cara y cuerpo entero desnudo.
Al Arzobispo de Oviedo le piden su cese en el cargo por haber criticado las denuncias de las víctimas sexuales. Consumatum est, sin renunciar a su impronta castiza, y algo más por cierto, que identifica a la Iglesia Católica con la estamental derecha española.
Por otro lado, hay un adulto -nos referimos a Donald Trump- jugando a la guerra contra un pueblo soberano, Venezuela, sin educación ni razón; manda bombas nocturnas por berrinche y lo llama salvación. Nunca pisa la tierra que quema y es corrupción el poder; tanto tiempo de invasiones con el mismo cuento: se llevaron el petróleo y el futuro de Venezuela y dejaron la desesperación. Los pueblos, lo estamos presenciando, son inmensas multitudes en manifestaciones callejeras; pueblo que no es juguete de quienes no saben mandar. No hay guerras ni hay misiles que den la razón. Tienen rabia por el Imperio, y que no repitan el cuento de salvar con mandar; la riqueza firma órdenes desde arriba y se reparten los mapas; no más guerras por capricho, respétese el derecho ajeno; la arrogancia del Todopoderoso Trump, emplea misiles criminales que no dan razón de ningún tipo.
“Nadie -ha dicho Álvarez de Toledo (PP)- debe avergonzase por ser de derechas. Vergüenza da la izquierda, la ideología que más muertes, miseria y dictaduras ha generado en la historia”. De qué manera retuercen estas manipuladoras la realidad. ¿Te avergonzarías, pues, si las derechas no fueran como son: egoístas, usureras, ambiciosas, matonas, amigas de lo ajeno, intolerantes, abusadoras, inventoras de bulos en contra de las izquierdas, insolentes y explotadoras al considerar que el trabajador gana demasiado y trabaja poco? Ésa es una persona de derechas.
En estos momentos me invade un no sé qué de remota esperanza redentora que alcanza a la cortita de solemnidad, presidenta Ayuso, pues cada vez que se le ofrece la oportunidad nos espeta que el Gobierno de coalición progresista de España tiene la culpa de todo lo que de malo ocurre, así como aquello que puede suceder en cualquier parte del mundo. Es la pobrecita tan incapaz, que no se da cuenta de que es ella misma la que perjudica a su propia imagen manifestando las simplonadas que se le ocurren, y lo que al fin provoca a la audiencia: un ahitado impresionante.