ESTADOS UNIDOS: Cada vez hay más dudas sobre el asesinato de Charlie Kirk - por Joaquín Rábago
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ESTADOS UNIDOS:
Cada vez hay más dudas sobre el asesinato de Charlie Kirk
Joaquín Rábago
Cada vez hay más dudas sobre las circunstancias del asesinato del influencer fundamentalista cristiano Charlie Kirk, que causó un auténtico terremoto político en EEUU.
El presidente Donald Trump utilizó su muerte por el disparo de un joven para distraer la atención de los ciudadanos de otro asunto que le perseguía últimamente: su negativa a publicar los documentos relacionados con el pedófilo Jeffrey Epstein.
Supuesto agente de Israel, chantajista de ricos y famosos, Epstein se suicidó en extrañas circunstancias en una cárcel neoyorquina.
La proximidad de Kirk a Trump y su movimiento Maga no impidió al primero exigirle al Presidente que hiciera la luz sobre la muerte de Epstein, que algunos califican de asesinato.
Kirk había además criticado últimamente la carnicería de Gaza, de la que culpaba al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Según sus amigos, había incluso rechazado un donativo israelí de 150 millones de dólares y expresado su temor al líder sionista.
El Gobierno israelí estaba claramente preocupado por el cada vez mayor distanciamiento creciente de los jóvenes norteamericanos de su política genocida y por el papel que Kirk pudiera tener en él.
Los vídeos que desde su asesinato circulan en internet rebosan de especulaciones sobre la autoría del crimen y pocos parecen creer que el autor fuera el joven detenido por la policía.
Es difícil que ese muchacho pudiera hacer un disparo tan certero a la aorta de Kirk desde una distancia de 180 metros.
Y se discute sobre la trayectoria de la bala y ciertos gestos sospechosos de los agentes encargados de la seguridad de Kirk justo antes del disparo.
Da igual. Donald Trump acusó inmediatamente de su muerte a la “izquierda”, que en Estados Unidos incluye a los demócratas, un partido a la derecha incluso de la socialdemocracia europea y que nada tiene que ver con lo que a este lado del Atlántico se entiende por “izquierda”.
Su asesor Stephen Miller calificó al Partido Demócrata del ex presidente Joe Biden de “extremista” mientras que el propio Trump declaró organización terrorista al movimiento Antifa, grupo enfrentado a los supremacistas blancos de aquel país.
El asesinato de Kirk le sirvió al Presidente para reforzar aún más el poder ejecutivo e intentar acorralar a sus oponentes, sobre todo a los debilitados demócratas.
Desde su regreso a la Casa Blanca, el republicano trata de restringir cada vez más libertades fundamentales ancladas en la Primera Enmienda de la Constitución de EEUU como son las de expresión, prensa y de reunión.
Hay que reconocer que a ello, aunque en menor medida, se dedicaron también en su día los demócratas con la llamada “cultura de la cancelación”, claro fenómeno de intolerancia política que pone en jaque la libertad de opinión.
Trump hace ahora la guerra a los que acusa de haberle perseguido cuando gobernaban como el ex director del FBI James Comey, a quien califica despectivamente de “sucio policía”.
Y sigue empeñado en llevar la guerra a las ciudades de Estados Unidos, ordenando a la Guardia Nacional la persecución de inmigrantes y desafiando así claramente los poderes de los gobernadores de los Estados.
Hay quien no habla ya de autocracia sino directamente de “régimen fascista”.