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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

China refuerza su mediación en la guerra de Irán mientras aprovecha el creciente desgaste de Trump - por Juan Antonio Sanz

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China refuerza su mediación en la guerra de Irán mientras aprovecha el creciente desgaste de Trump

Juan Antonio Sanz

PÚBLICO

Aunque Estados Unidos no prestó apenas atención al plan conjunto presentado por China y Pakistán esta semana para detener la guerra de Irán, el Gobierno de Pekín no se amilana e insiste en su capacidad para mediar entre los contendientes. China es un socio económico clave de Irán, tiene buenas relaciones con los países del Golfo Pérsico y, de cara a la próxima visita del presidente Donald Trump a Pekín en mayo, desea concentrar el peso de las negociaciones con Washington en el ámbito comercial. Sin embargo, como todos en esta crisis, el gigante asiático juega con las cartas marcadas y, en estos momentos, no le viene nada mal el acelerado desgaste de EEUU y de su presidente derivado de este conflicto de Oriente Medio.

TRUMP XI
TRUMP XI

Un desgaste que, sin embargo, puede volverse en contra de la estrategia china si la guerra se extiende mucho y desata el caos mundial, tanto en el ámbito de la seguridad como en el económico, de ahí la atención que presta Pekín a esta crisis y su propuesta de mediación. A China le viene bien la merma que puede suponer la guerra de Irán para los recursos armamentísticos de EEUU y la caída en picado de la imagen de Washington como socio comercial y como aliado confiable, tanto en Europa como en Extremo Oriente, con Corea del Sur Japón. Pero hay un límite y de nada le sirve a China esa mengua del hegemonismo estadounidense si solo deja tras de sí una tierra baldía.

XI
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Si bien los buques petroleros chinos tienen permiso iraní para cruzar el estrecho de Ormuz, pues China es el principal cliente del crudo de Irán, y el levantamiento de sanciones por EEUU al comercio ruso de petróleo favorece el aprovisionamiento chino, los daños que la economía global está sufriendo por la reducción del tráfico de hidrocarburos, incluido el renovado comercio de Pekín con sus socios árabes tras la guerra arancelaria lanzada el año pasado por Trump, no son buenos para la estabilidad que requiere la economía china.

Responda o no a una calculada estrategia, que no lo parece, los bandazos de Trump en esta guerra, ya desde su comienzo, la supeditación de EEUU a su camarada de armas -Israel- y las reiteradas humillaciones a sus aliados europeos -con amenazas como la de abandonar la OTAN o su ira con estos países por no respaldar la guerra contra Irán- están golpeando los precios de los combustibles y han vuelto locos a los mercados financieros. Un año después de que Trump declarara su cruzada arancelaria contra medio mundo, la guerra de Irán es el segundo torpedo lanzado por el inconsistente presidente de EEUU contra la paz y la estabilidad mundiales.

Pekín e Islamabad, intermediarios en la guerra

Por eso, Pekín ha apostado por intermediar ante Irán de mano de Pakistán, un país que mantiene buenas relaciones con Teherán y con Washington, y así hacer notar al mundo que no todas las superpotencias son iguales ni todas buscan sabotear a sus socios o imponer su dominio por la fuerza. Además, la guerra desatada en febrero entre Afganistán y Pakistán daña los intereses chinos en Kabul y los contratos firmados con el régimen talibán. Así, con esta mediación en Irán, el Gobierno chino mata dos pájaros de un tiro: trata de retomar la normalidad en el estrecho de Ormuz y gestiona con Islamabad el conflicto con Kabul.

Este jueves 2 de abril, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Mao Ning, reafirmó esa voluntad de mediación para restablecer la paz y la estabilidad en el estrecho de Ormuz y el resto de Oriente Medio. Según Mao, la prioridad es "detener las operaciones militares lo antes posible", pues solo con esa tregua se podrá garantizar la navegación segura por el estrecho de Ormuz (por donde circula el 20% del petróleo del planeta) y así recuperar el pulso de la economía internacional. La portavoz de Exteriores recordó que la iniciativa de cinco puntos de China y Pakistán busca el consenso internacional y "está abierta a todo el mundo". El martes 31 de marzo, el ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, visitó Pekín para remachar el contenido del plan con su homólogo chino, Wang Yi.

Entre otras cuestiones, la iniciativa sino-pakistaní pide el alto el fuego y el fin de los ataques mutuos a las infraestructuras energéticas, la apertura de negociaciones inmediatas que garanticen la seguridad y soberanía de los Estados del Golfo Pérsico, incluido Irán, el fin de los bloqueos en el estrecho de Ormuz, con la garantía de la libre navegación, y un armisticio basado en la Carta de Naciones Unidas y la legislación internacional.

Una mediación complicada por las reiteradas amenazas de Trump

Pekín explicó este jueves que los medios militares no pueden solucionar esta crisis, en referencia a las nuevas amenazas lanzadas por Trump la víspera y en las que prometió arrasar Irán si este país no se rendía. En ese discurso, en el que se esperaba que el líder republicano ofreciera alguna esperanza hacia la paz, al contrario, Trump arremetió contra los iraníes y los amenazó con la más "extrema dureza" y con "devolverlos a la Edad de Piedra". Teherán respondió y prometió "ataques devastadores" contra EEUU e Israel si estos concretaban sus nuevas amenazas.

Trump mostró su confianza en terminar la guerra en "dos o tres semanas", pues no hay "razones" ya para que EEUU continúe su ofensiva, dada la destrucción causada. Además, según Trump, no es tarea de Washington liberar el estrecho de Ormuz, sino de los países interesados en el petróleo y gas que circulan por esa vía marítima. El presidente estadounidense ha acusado a la OTAN y a sus aliados europeos de no apoyar a la Casa Blanca en esta guerra, con medios militares o permitiendo el uso libre de sus bases para atacar Irán, y ahora pretende cargarles el muerto de custodiar Ormuz.

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Por el estrecho de Ormuz pasa cerca del 45% de las importaciones de gas y crudo chinas, pero Pekín ha sabido diversificar ese suministro con otros abastecedores, como Rusia, y también, merced a su buena relación con Teherán, asegurar el trasiego por ese canal marítimo de buena parte de los transportes chinos.

En todo caso, la intención de Pekín no es solo minimizar los daños producidos por la errática estrategia de Trump y las ambiciones hegemonistas israelíes, sino aprovechar los errores de Washington y obtener sus propios beneficios.

China, ganadora en la guerra de Irán

Esa falta de estrategia estadounidense es la que, según la visión china, llevará más tarde o más temprano al fracaso de esta ofensiva, mientras Pekín aprovecha la oportunidad para reforzar sus relaciones con los países emergentes dañados por el militarismo de Trump, afianzar el yuan frente al dólar, impulsar las tecnologías "limpias" o "verdes" en medio del pánico surgido por el bloqueo del petróleo, ayudar a reconstruir Irán una vez se detenga la contienda y otras medidas que apuntan a China como uno de los posibles ganadores en esta contienda.

China apuesta por el restablecimiento del orden anterior al 28 de febrero en la región, pero desconfía de la sensatez de Trump y sus acólitos para dar tal paso. Esto no va a impedir que la estrategia china busque salidas inmediatas a esta crisis, para, a largo plazo, reforzar su posición como alternativa a EEUU, al menos en la economía mundial.

Pekín puede desear ese debilitamiento de EEUU a raíz de esta crisis, pero no busca una hecatombe en Oriente Medio que golpee el crecimiento mundial y sus propios intereses. Sin ir más lejos, como resultado de la guerra comercial desatada el año pasado entre China y EEUU por la ofensiva arancelaria de Trump, muchas empresas chinas abandonaron sus ventas en el mercado estadounidense y se dirigieron a otras regiones, entre ellas Oriente Medio.

Las exportaciones chinas a esta zona crecieron el doble de rápido que las ventas al resto del mundo a raíz de esa reformulación. Oriente Medio se convirtió en el mercado de mayor crecimiento para los automóviles eléctricos chinos, por ejemplo, y las mayores inversiones en desalinización en esta región provinieron también de China. La guerra entre los nuevos socios -los países árabes del Golfo- y los viejos –Irán- a causa de las acciones de EEUU sí le importa, y mucho, a Pekín.

China no basa su proyección internacional en las bases militares, como las que posee EEUU por todo el Golfo Pérsico. Su actividad en la región se basa en la confianza comercial. Y también política. Ahí está el acuerdo logrado en 2023 entre Irán y Arabia Saudí que llevó a la restauración de sus relaciones diplomáticas y que fue logrado por intermediación de Pekín. Un acuerdo que desde un principio Israel trató de socavar y finalmente lo logró.

La cumbre de mayo

El próximo 14 de mayo se espera a Trump en Pekín, y dependerá de que se resuelva antes esta contienda para que Xi Jinping reciba a su huésped como un par o desde la superioridad comercial estratégica. Esta cumbre, en la que se pondrá sobre la mesa el asunto de los aranceles y la posibilidad de intercambios de inversiones, tendría que haber tenido lugar el 31 de marzo y, por causa de la guerra, la retrasó la Casa Blanca, consciente de la debilidad con la que acudía Trump al encuentro. Habrá que ver qué sucede en las próximas semanas y si no es definitivamente aplazado el viaje.

La guerra de Irán puede cambiar muchas cosas en la economía global

Haya o no paz en Irán antes de esta cumbre tan importante para la estabilidad internacional, lo cierto es que la insensatez de Trump durante estos meses habrá mostrado que la apuesta china por una menor dependencia de los combustibles fósiles es el camino a seguir para no quedar supeditados a potencias regionales, como Israel o Irán, que pueden, con ayuda de EEUU o por su cuenta, cerrar con sus querellas el acceso a los centros de producción de crudo y gas.

Las imprecaciones de Trump a sus aliados para que compren el petróleo y el gas de EEUU, o abran Ormuz a bombazos, tienen su sentido en estos momentos, cuando las acciones bélicas de Washington han reducido el flujo de esos hidrocarburos. Pero dejarán de tener razón alguna si China convence a los mercados e industrias internacionales de que hay otras salidas energéticas basadas en tecnologías más limpias, impulsadas en buena parte en Asia, para disgusto de EEUU.

Es cierto que China tiene unas reservas estratégicas de crudo de más de 1.300 millones de barriles, suficientes para aguantar muchos meses, y que mantiene el uso del carbón extraído en el propio país. Pero la apuesta prioritaria por las energías solar, eólica y nuclear parece impulsar al gigante asiático muy por delante de las otras superpotencias, como Rusia y sobre todo EEUU, donde la ligazón entre los oligarcas del petróleo y sus dirigentes políticos hace muy complicada una decidida apuesta por el recambio energético.

 

Gracias a Juan Antonio Sanz PÚBLICO y a la colaboración de Julián Ayala

 

JUAN ANTONIO SANZ
JUAN ANTONIO SANZ
 

Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar. Ha sido corresponsal de la Agencia EFE en Rusia, Japón, Corea del Sur y Uruguay, profesor universitario y cooperante en Bolivia, y analista periodístico en Cuba. Habla inglés y ruso con fluidez. Es autor de un libro de viajes y folclore.

 

PÚBLICO Aparecido originalmente en PÚBLICO. La casa de mi tía republica por el alto interés del contenido, bajo los principios generales de Uso Justo
Aparecido originalmente en PÚBLICO. La casa de mi tía republica por el alto interés del contenido, bajo los principios generales de Uso Justo

 

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