El Estado más terrorista del mundo - por Joaquín Rábago
El Estado más terrorista del mundo
Por Joaquín Rábago
Por si a alguien le cupiera aún alguna duda de cuál es, con permiso de Israel, el Estado más terrorista del mundo, sólo tiene que haber escuchado el último discurso de Donald Trump o leído lo que escribe continuamente en su particular red social.
“Devolveremos a Irán a la edad de piedra”, amenazó el tirano de la Casa Blanca, algo que repitió, cual papagayo, su fanático escudero, el secretario de la Guerra, Pete Hegseth, que se imagina estar todavía en la era de las cruzadas para liberar Tierra Santa.
A uno, las palabras le recordaron inmediatamente el llamado “plan Morgenthau”, que propuso aplicar el entonces secretario del Tesoro estadounidense Henry Morgenthau a la Alemania derrotada en la Segunda Guerra Mundial.
Pero aquel plan para evitar su reconstrucción industrial, que finalmente no se llevó a cabo, debía aplicarse a un país que había atacado militarmente a toda Europa mientras que Irán no había atacado a nadie antes de ser salvajemente agredido por Israel y Estados Unidos.
Y por si quedaba todavía alguna duda de que las amenazas de Trump iban en serio, el republicano se jactó en Truth Social de la destrucción, prácticamente a esa misma hora, de un puente espectacular en Teherán, el más alto de ese país, auténtica obra de ingeniería, y dijo que eso era “sólo el principio” si los iraníes no aceptaban el leonino acuerdo que Washington les proponía.
El derribo de ese puente, una infraestructura de uso claramente civil, constituye un crimen de guerra, uno más de los cometidos por Trump en los pocos meses que lleva de segundo mandato y en los que, mintiendo descaradamente a quienes le votaron, ha iniciado ya más guerras que muchos de sus predecesores.
El discurso de Trump coincidió con el envío por su país a una órbita lunar de un cohete con cuatro astronautas a bordo en la primera misión tripulada desde 1972, lo que le hizo decir al Presidente: “Estamos ganando en el espacio, en la Tierra y en todas partes”.
En su vesania destructora, el ejército estadounidense comandado por un criminal de guerra como es Hegseth no se detiene ante nada, sino que bombardea lo mismo puentes que hospitales, laboratorios farmacéuticos, infraestructuras energéticas e incluso escuelas con todas las niñas dentro.
Y mientras con esas acciones desestabiliza la economía global y hunde al mundo en una depresión, Trump insulta impúdicamente a sus aliados europeos, a los que llama “cobardes” por no sumarse a su guerra ilegal contra Irán e intentar desbloquear el estrecho de Ormuz, lo que sería a todas luces una misión suicida.
Ni parece importarle lo más mínimo que los hutíes del Yemen, aliados de Irán, puedan cerrar también al tráfico marítimo el estrecho de Bab el Mandeb, que lleva al mar Rojo y al canal de Suez, asestando otro durísimo golpe a la economía y al comercio mundiales.
Como dice el profesor de Economía de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs, Trump es un psicópata narcisista totalmente “desconectado de la realidad”, “un matón, que gasta una retórica tan vulgar como brutal e incoherente”.
En resumen, el republicano es un auténtico peligro no sólo para el mundo sino para su propio país, un monstruo del que los estadounidenses deberían tener el valor de deshacerse antes de que acabe con la república que fundaron Washington, Jefferson y otros preclaros próceres y la convierta en la más siniestra de las dictaduras.
Y si algo faltara todavía para convencerlos, ahí está su último gesto de destituir a la que había sido hasta ahora su más leal colaboradora, la fiscal general Pam Bondi, por su supuesta falta de celo en la persecución de sus enemigos políticos y por su gestión de los archivos del caso Epstein, el proxeneta y supuesto espía del Mossad que fue durante años cómplice de sus delitos sexuales.