La falsa leyenda de la democracia de Ucrania - por Joaquín Rábago
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La falsa leyenda de la democracia de Ucrania
- por Joaquín Rábago
Se dice que la verdad es la primera víctima de la guerra y para botón de muestra, el relato machaconamente repetido por los medios de que “en Ucrania estamos defendiendo la democracia”.
Ucrania era antes del golpe del Euromaidán en 2014 un país cuyos ciudadanos, sobre todo en la parte occidental del país, podían no amar siempre a Rusia, pero al menos no sentían en su mayoría ninguna especial hostilidad hacia el vecino.
Cerca de la mitad de los ucranianos tenían parientes en Rusia y los ciudadanos de ambos Estados, independientes desde la disolución de la URSS, viajaban con frecuencia de un país a otro.
Había inversiones ucranianas en Rusia y viceversa, y Ucrania, que se había declarado neutral al proclamar su soberanía, era, pese a la gran corrupción y a la pobreza, un país donde al menos se podía vivir.
Todo comenzó a cambiar con la llamada Revolución Naranja de 2004, larga serie de manifestaciones promovidas por Occidente y por políticos ucranianos como Vïktor Yushchenko que combatieron al presidente prorruso Víktor Yanukóvich, al que acusaron de corrupción y sobre todo consideraron prorruso.
A partir de ese momento fue agudizándose cada vez más la división del país hasta que estalló la siguiente revolución pro occidental, el llamado Euromaidán, de 2014, que terminó en el derrocamiento de Yanukóvich, quien había sido sin embargo elegido democráticamente.
Tuvieron en ella un papel muy destacado el embajador de EEUU y la entonces subsecretaria de Estado adjunta Victoria Nuland, como acreditan los documentos más tarde publicados sobre sus conversaciones para decidir quién debía dirigir el país tras la huida de Yanukóvich.
A partir de aquellos sucesos, los sectores paramilitares y ultranacionalistas ucranianos, entre ellos los abiertamente neonazis como el movimiento Azov o el Sector Derecho, consideraron que había llegado el momento de forzar la ucranización de un país y borrar toda huella rusa.
Las consecuencias ya se saben: estallido independentista en las regiones del Este, reprimido duramente por las fuerzas de Kiev y finalmente intervención militar rusa en apoyo de la minoría rusófona en lo que acabó convirtiéndose en una guerra civil con más de 14.000 muertos, pero de la que apenas se ocuparon nuestros medios.
Un joven ucraniano de Mariúpol, que logró sobrevivir en un sótano a las cruentas batallas que tuvieron lugar allí en la primavera de 2022, ha publicado en internet un dramático y bien documentad vídeo cuya visión podría hacer cambiar a muchos la opinión que puedan tener sobre esa guerra (1).
El joven, que por razones obvias no da su nombre, relata en buen inglés lo que dio lugar a la invasión rusa, pero su testimonio es especialmente revelador sobre la total falta de libertades en el país, en el que los gobiernos que siguieron al Euromaidán trataron de borrar toda huella rusa.
No sólo procedieron las nuevas autoridades ultranacionalistas a derribar estatuas de la era soviética o a cambiar el nombre de las calles, sino que eliminaron los libros rusos de bibliotecas y librerías y el idioma de Pushkin, de escuelas y otros centros de enseñanza.
Incluso se han creado patrullas, según cuenta, para promover la lengua ucraniana y denunciar a quienes puedan seguir empeñados en hablar ruso.
A los niños se los enseña desde la escuela a odiar todo lo ruso y a los rusos, y así en el vídeo se ve y escucha a jovencísimos escolares en campamentos que parecen los de las juventudes hitlerianas gritar, entre otras cosas, “¡Muerte a los moscovitas! ¡Apilemos sus cadáveres!” .
El control de los medios por un régimen que el joven califica de “totalitario”: se han prohibido todos los partidos políticos prorrusos e incluso los neutrales. Todo lo relacionado con el país de Putin es “maléfico” y no se permite debate alguno al respecto.
A la vista de todo esto y mucho más, como la caza en plena calle de personas de todas las edades para enviarlas al frente, ¿es posible que sigamos hablando de que armar a Ucrania es defender la democracia europea?