La inspiración ideológica del fascismo ucraniano - por Joaquín Rábago
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La inspiración ideológica del fascismo ucraniano
Joaquín Rábago
Aunque desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, los grandes medios de comunicación de Occidente se han ocupado de ocultarlo, existe un fascismo ucraniano, inspirado en el nacionalsocialismo alemán.
Impronta nazi sobre todo evidente, según explica la periodista alemana Susann Witt-Stahl, en la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y su ala más radical, la OUN-B, dirigida por Stepán Bandera, hoy héroe nacional del país de Volodímir Zelenski.
Los miembros de esa organización, sostiene Witt-Stahl, coordinadora de un libro que estudia ese fenómeno (1), se formaron en la Alemania de Hitler, y así, por ejemplo, Mikola Lebed, jefe de sus servicios de seguridad aprendió técnicas de tortura en la propia Gestapo.
Los militantes de la OUN, cuyo objetivo era conseguir la independencia de Ucrania de la URSS de Stalin, colaboraron con la Wehrmacht (Ejército alemán) y con la rama militar de la OUN, la UPA, mandada por el general Román Shujévch y cuyo jefe político era también Bandera.
Según Witt-Stahl, en 1946, el Gobierno del canciller cristianodemócrata Konrad Adenauer, el primero de la nueva democracia alemana, ayudó a constituir el "Bloque Antibolchevique de Naciones”, la mayor organización mundial de ex colaboradores del régimen nazi con ayuda de los servicios secretos británicos y estadounidenses.
La ideología original del fascismo ucraniano persiste hoy, por ejemplo, en el saludo “Slava Ukraini!” (¡Gloria a Ucrania!) de los nacionalistas de ese país, que, olvidado al parecer su origen, tan alegremente corean ahora los políticos europeos.
Existen en los archivos de la diáspora ucraniana, muy numerosa por cierto en Canadá y Estados Unidos, documentos que dan fe de ese pasado, como un escrito de 1941 en el que Yaroskav Steztko, lugarteniente de Bandera, ofrece su apoyo al proyecto alemán de “exterminio” de los judíos.
Ocurre, sin embargo, que historiadores ultranacionalistas como Vladimir Vyatrovych, ex director del Servicio de Seguridad y del Instituto Ucraniano de la Memoria, han manipulado los archivos para ocultar la colaboración ucraniana con la Alemania nazi como ocurrió, por ejemplo, con la tristemente famosa división de voluntarios SS Galitzia.
Al mismo tiempo, explica Witt-Stahl, en los archivos de la CIA y de otros servicios secretos de Occidente hay mucho material que demuestra la complicidad de los Gobiernos de Londres, Washington, Ottawa y Berlín con los colaboradores nazis exiliados en sus respectivos países.
Hasta finales de los años ochenta, cuando todavía podía hablarse de periodismo de investigación y existía mayor libertad de cátedra que ahora, señala la periodista alemana, salieron a relucir verdades sobre lo realmente sucedido en aquellos años y que luego se ha tratado de ocultar.
Entre los que se dedicaron a documentar los crímenes ucranianos está el periodista y “cazanazis” estadounidense Charles R. Allen, Jr., autor de artículos y libros como el titulado “Criminales de guerra nazis entre nosotros”.
Otro es el historiador y analista Christopher Simpson, profesor de periodismo en la American University, de Washington, y autor del libro “Reclutamiento de nazis por EEUU y su Impacto Destructivo en nuestra Política Interior y Exterior”.
También cita Witt-Stahl la obra “Viejos Nazis, Nuevos Derechos y el Partido Republicano”, de Russ Bellant, que reveló la influencia de ex dirigentes nazis de los países del Eje en la campaña presidencial de George W. H. Bush en 1988.
La Organización de Nacionalistas Ucranianos sigue teniendo una gran influencia en la propia Ucrania: así, por ejemplo, el "Movimiento de Resistencia contra la Capitulación” se opone radicalmente a que el Gobierno de Kiev negocie la paz con Rusia.
A la OUN se debe también la creación de plataformas como el Foro de Naciones Libres Post Rusas, integrado por activistas de la oposición, movimientos regionales y separatistas de Rusia, que abogan por la desintegración de ese país.
Con el apoyo de “think tanks” otanianos, el Bloque de Naciones Antibolcheviques se reconvirtió en Bloque Anti imperialista de Naciones, que celebró este año su primer congreso.
Uno de los periodistas de EEUU que mejor ha investigado esas conexiones es Moss Robeson, según el cual las redes de la ultraderecha ucraniana se extienden por Europa occidental, Norteamérica, Argentina o Australia.
Robeson ha logrado identificar las organizaciones que integran la red y a sus dirigentes, estrechamente vinculados a la Organización òn de Nacionalistas Ucranianos y, muy significativamente, al complejo militar-industrial de EEUU.
También ha investigado a la Fundación Memorial Víctimas del Comunismo, a otras organizaciones anticomunistas y al que llama “lobby Azov”, por la homónima brigada de asalto, de origen fascista, hoy integrada en la Guardia Nacional de Ucrania.
Robeson ha estudiado también el comienzo de las actividades de la Organización de Nacionalistas Ucranianos en Estados Unidos en los años cuarenta, es decir, cuando aún colaboraba con el Ejército nazi.
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“Der Bandera Komplex. Der Ukrainischer Faschismus-Geschichte, Funktion, Netzwerke”. Ed. Verlag 8 Mai.