Una forma de vida - por Carlos Fortea
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Una forma de vida
Carlos Fortea
NUEVA TRIBUNA
No hay corrupción mejor y corrupción peor, no seré yo quien vaya por ese camino. La corrupción es un ácido destructor que debe ser neutralizado a toda costa, cuanto antes mejor, de manera implacable.
Pero hay diferentes actitudes. Estos días hemos podido oír a portavoces cualificados del Partido Popular defender al enésimo de sus ministros acusados de haber participado en organizaciones delictivas -Rato, Zaplana, Matas, Fernández Díaz, ahora Montoro, en los papeles recién descubiertos se habla de Rafael Catalá-, diciendo que por lo menos no ha habido en este caso “ni mordidas ni putas”. Dejando aparte el hecho de que, en efecto, no ha habido mordidas porque han sido bocados, grandes bocados, sorprende y entristece que se establezca tan miserable comparación, tan terrible consuelo. La siguiente escapada ha seguido el modelo del alemán de aquella película de Billy Wilder que no se había enterado del nazismo porque en aquella época trabajaba en el metro. Han tenido que pasar muchas horas para que el así llamado líder de la oposición haya comparecido… en las redes sociales, para decir una o dos obviedades sin contenido. Hasta se echa de menos la pantalla de plasma de su predecesor. Bajamos escalón tras escalón.
La corrupción es un ácido destructor que debe ser neutralizado a toda costa, cuanto antes mejor, de manera implacable
Yo no sé si es verdad que desde los gobiernos de la derecha se practica el capitalismo de amiguetes, después de comprobar que incluso a los amigos también les cobran. Pero parece que no es exagerado pensar que tenían razón quienes temían que algunos, muchos, solo desean alcanzar el Gobierno para servirse de él en beneficio propio. Mientras los españoles se sumergían en la mayor crisis económica en cien años, mientras se sucedían los desahucios y la gente perdía su futuro, mientras se reducían los menús de los comedores de los colegios públicos y se desmantelaba la que fue la mejor sanidad de Europa, una trama de individuos sin escrúpulos ejecutaba con una mano todos esos recortes salariales y fiscales mientras con la otra dictaba leyes -¡leyes!- destinadas a beneficiar con carácter permanente a las empresas que pudieran pagarlo. ¿Cómo se llama a una mordida escrita en el BOE, que dura mientras siga en vigor una ley? ¿Qué podemos pensar del debate, que aún dura, entre renovables y energías “clásicas”, después de saber que, al parecer, durante años su legislación no se ha hecho ni tan siquiera a golpe de ideología, sino a golpe de cheque?
La reacción a las cosas es muy importante. Retrata a las personas. La reacción que hemos visto, que estamos viendo, a la noticia de que la acción del Gobierno de España estaba en venta, y no de manera metafórica, sino contable, pone de manifiesto que para algunos este tipo de acciones no son una infracción, ojalá fuera eso lo que pensaran. Son una manera de entender la vida. Una manera de entender la vida que permite usar, según se está sabiendo, a la agencia tributaria no solo para intimidar a periodistas y opositores, sino incluso a los adversarios dentro del mismo partido. Es verdad que esto último no es nuevo: acuérdense de la policía patriótica, acuérdense del cura de Bárcenas. Emplear al Gobierno de España en beneficio propio parece ser, insisto, una forma de vida. Y no solo a cambio de dinero.
Parece que lo único que de verdad importa es que no te pillen. A la presidenta de la comunidad de Madrid le parece mal que el del Gobierno descanse en residencias oficiales durante las vacaciones porque lo hace con luz y taquígrafos, pero no tiene empacho en hacerlo ella de tapadillo, sin darse cuenta, como si trabajara en el metro. Lo que de verdad importa es que no te pillen.
, si luego te acaban pillando, pelillos a la mar, siempre podrás decir que lo tuyo no es ni la mitad de grave, porque es tu forma de entender la vida.
Gracias a Carlos Fortea y NUEVA TRIBUNA y a la colaboración de Antonio Aguado