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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

¿Lucha contra la desinformación o control ideológico? - por Joaquín Rábago

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¿Lucha contra la desinformación o control ideológico?

Joaquín Rábago

Desde la pandemia del Covid19 y sobre todo a partir de la invasión rusa de Ucrania, la lucha contra la llamada “desinformación” ha pasado a objetivo principal de los gobiernos de la Unión Europea.

Pero cada vez parece más evidente que las medidas muchas veces draconianas adoptadas para combatir la pandemia y el hecho de anatemizar a quienes osaban ponerlas en cuestión no fue sino un primer intento de disciplinar a las poblaciones.

Discutir la eficacia o seguridad de las vacunas o la necesidad de aplicarlas, por ejemplo, a los grupos de población más jóvenes, resistirse por algún motivo a la vacunación era considerado no ya sólo insolidario sino incluso criminal, impedía viajar y acarreaba en muchos casos la pérdida de empleo.

Había que aceptar sin discusión posible los confinamientos decretados por las autoridades aunque en muchos casos parecieran irracionales o pudieran provocar en algunos más daños psicológicos que otra cosa.

Acabó la pandemia, pero vino la invasión rusa de Ucrania por motivos esgrimidos por Moscú que Bruselas jamás aceptó, y las autoridades comunitarias optaron por recurrir de nuevo a medidas que sólo cabe calificar de “censoras”.

Había que evitar que los ciudadanos cayesen bajo la influencia propagandística del Kremlin, y se prohibió la difusión en el espacio comunitario de todos los medios rusos de forma que sólo circulase la versión que el Gobierno ucraniano o la propia OTAN daba tanto de los motivos como de la evolución de la guerra.

Pero había ocurrido ya antes la revolución de internet, que supuso, como escriben Benoît Bréville y Pierre Rimbert en Le Monde Diplomatique (1), “una auténtica conmoción en el viejo orden de cosas” ya que permitía a todos expresar sus opiniones a la vez que permitía a cada cual buscar lo que quería ver.

BENOÎT BRÉVILLE PIERRE RIMBERT
BENOÎT BRÉVILLE PIERRE RIMBERT

En menos de una década, como explican los dos periodistas franceses, “la arquitectura vertical del debate público, que descansaba en el prestigio de la palabra experta, mediática o política, se ha tambaleado”. Cosa que, añaden, “exaspera a las clases dirigentes, que creen llegada la hora de poner orden”.

Y elevadas a la categoría de problema político, sanitario y de seguridad, las llamadas “redes sociales” son objeto de una mayor vigilancia por los poderes públicos europeos, que han emprendido una campaña contra la que tachan de “desinformación”.

Esa batalla, librada, como dicen los autores del largo artículo que publica el mensual francés, “con el pretexto de la innegable proliferación de contenidos delirantes o falaces, aspira a inspirar un régimen de censura benévola”.

Pero que a veces no lo es tanto, como puede testimoniar el analista suizo Jacques Baud, a quien el Consejo Europeo ha sancionado con el cierre de sus cuentas bancarias y su prohibición de viajar por la UE por sus opiniones divergentes sobre la guerra de Ucrania en lo que no parece sino un aviso a navegantes.

Las campañas oficiales de “rectificación ideológica”, como la llaman Rimbert y Bréville, han surtido su efecto. Y así, señalan, durante “la guerra en Gaza”, Facebook e Instagran manipularon su algoritmo para limitar la difusión de los medios de comunicación palestinos.

Y la red X muestra un sesgo pro israelí tan acusado que hasta su propio servicio de inteligencia artificial, Grok, explican aquéllos, fue suspendido por su propietario después de que hablara de “genocidio” perpetrado por el Ejército sionista con la complicidad de Washington.

En Europa, recuerdan también, los dirigentes rumanos, apoyados por la Comisión Europea, anularon unas elecciones presidenciales aduciendo una supuesta influencia “extranjera”, es decir rusa, vía TitTok.

“Un humor involuntario”, escriben, lleva a los censores a endilgar denominaciones orwellianas a las herramientas de las que se sirve en su campaña de “encorsetamiento ideológico”: “Escudo Europeo de la Democracia”, “Centro Europeo para la Resiliencia Democrática” o “Escudo para la Información”. 

¿No recuerda todo ello el “Ministerio de la Verdad” de “1984” de George Orwell, la institución encargada de reescribir la historia para que se alinease siempre con la del Partido y  controlar el presente mediante el control del pasado con lemas como “La guerra es paz”, tan similar a la justificación con la que los gobiernos defienden hoy el rearme europeo frente a Rusia?

MINISTERIO DE LA VERDAD 1984 - GEORGE ORWELL
MINISTERIO DE LA VERDAD 1984 - GEORGE ORWELL
  1.  “Elogio del papel” por Benoît Bréville y Pierre Rimbert, en “Le Monde Diplomatique”, de enero de 2026.

 

JOAQUÍN RÁBAGO
JOAQUÍN RÁBAGO


 

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