El nihilismo de un desesperado - por Joaquín Rábago
El nihilismo de un desesperado
Joaquín Rábago
La guerra de Ucrania dura ya más de tres años y no hay solución a la vista: cada día que pasa las fuerzas rusas conquistan más territorio y cada vez mueren más hombres a ambos lados del conflicto.
Los aliados de la OTAN, vaciando sus propios arsenales, no han dejado de suministrar a Kiev todo tipo de armas, desde tanques o aviones de combate a misiles de cada vez mayor alcance, capaces de golpear territorio enemigo.
Al mismo tiempo, los servicios secretos de Occidente, principalmente el MI6 británico y la CIA estadounidense, han proporcionado a las fuerzas de Kiev datos de inteligencia esenciales para localizar objetivos y dirigir hacia ellos drones y misiles.
Todo ello no ha servido más que para prolongar la agonía del pueblo ucraniano, tanto de los leales a Kiev como de la minoría étnica rusa, que no aceptó el golpe del Euromaidán contra un presidente democráticamente elegido y se rebeló contra el nuevo Gobierno.
Ha habido en los más de 1.200 días de incesanes combates decenas, cuando no centenas de miles de muertos y heridos tanto de ucranianos como de rusos, inevitable carne de cañón de una guerra en la que quienes desde fuera la alentaron se contentan con aportar armas y estrategia, pero no a sus propios soldados.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se mostró convencido antes incluso de llegar a la Casa Blanca, de que lograría convencer en veinticuatro horas a rusos y ucranianos para hacer callar las armas.
Se lamenta el errático republicano de que estén muriendo tantos jóvenes de ambos bandos en esa guerra, y uno incluso le creería si dijera lo mismo de lo que sucede en Gaza .
Por su parte, los gobiernos europeos, con Londres, París y Berlín al frente, continúan siendo víctimas de la ilusión - ¿o es sólo cinismo? - de que Ucrania puede vencer a Rusia o al menos desgastarla económicamente.
Mientras al otro lado del Atlántico, los neocons de amos partidos –demócrata y repulicano- intentan con una nueva ley en el Senado ponerle zancadillas a Trump, quien sólo ve la oportunidad de hacer negocios tanto en Ucrania como en Rusia una vez acabe la guerra.
Pero las armas no descansan, las fuerzas son muy desiguales y el presidente ucraniano busca con provocaciones a Rusia cada vez más osadas e irresponsables arrastrar a Europa y a Estados Unidos a ese torbellino bélico.
Trata sin duda de provocar Zelenski una sobrerreacción del Kremlin, que podría llegar a ser nuclear si Rusia aplica en el último momento su anunciada doctrina estratégica.
Ucrania sería la primera pulverizada, algo que esto no parece ya importarle a aquél demasiado. Esto se llama nihilismo, nihilismo de un desesperado. Y sólo Occidente puede evitarlo. Pero ¿está dispuesto a reconocer al fin su derrota frente a la que despectivamente llamaba “una gasolinera con bombas atómicas”?