Un lisonjero Merz no logra convencer a Trump - por Joaquín Rábago
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Un lisonjero Merz no logra convencer a Trump
Joaquín Rábago
Pese al tono lisonjero que empleó en su entrevista de esta semana con Donald Trump, el alemán Friedrich Merz, no logró convencer al republicano del principal objetivo de su viaje a Washington como canciller federal.
Objetivo que no parecía ser otro que intentar, en nombre del resto de sus colegas europeos, que el errático presidente de Estados Unidos no dejara sola a Europa en su enfrentamiento por procuración con Rusia en Ucrania.
Por supuesto que Merz no acudió a la capital de EEUU a solicitar información sobre la voladura de los gasoductos Nord Stream, del Báltico, en la que muchos ven la causa de la pérdida de competitividad de la industria alemana.
Esa acción terrorista, que el periodista norteamericano Seymour Hersh, atribuyó directamente a Washington y de la que otros culpan a un supuesto comando ucraniano, la tiene ya perfectamente asumida Berlín, que nunca ha protestado ni pedido explicaciones a Washington.
Merz parecía tener un interés prioritario para viajar a Washington, y no era otro que tratar de convencer a Trump de que se sumara a la nueva tanda de sanciones contra Rusia y no suspendiera, como amenazaba, el apoyo militar y económico a Kiev que había estado prestando su predecesor demócrata.
El cristianodemócrata alemán se refirió con lisonjera gratitud al hecho de que Estados Unidos hubiera liberado a Alemania del régimen nazi, omitiendo el papel de la URSS en aquella victoria, para añadir en tono igualmente zalamero que Trump ahora tenía ahora la clave para poner fin a la guerra de Ucrania con solo aumentar la presión sobre Rusia.
La comparación que Merz trató de establecer en la Casa Blanca entre el régimen hitleriano y la actual Rusia de Putin no pareció convencer a Trump, quien respondió con sorna que el desembarco de Normandía no había sido precisamente “un gran día” para Alemania.
Para Trump, que, en su supina ignorancia, todo lo simplifica hasta extremos rayanos en lo ridículo, ucranianos y rusos sólo se están comportando como “niños chicos” que se pelean y a los que hay que dejar hasta que se cansen.
No lo ven así los dirigentes y medios germanos, que, obsesionados como están en darle una lección al “oso ruso”, no ocultan su admiración por la audacia de los últimos ataques ucranianos contra la tríada estratégica rusa, en los que se niegan a ver, como otros, una provocación que podría desencadenar una guerra nuclear.
Esta misma mañana, uno escuchaba en una emisora pública alemana al rusófobo director de una revista especializada en la Europa del Este elogiar esos ataques y decir de ellos que demuestran que Kiev puede todavía derrotar a Rusia si se le proporcionan las armas adecuadas. De ilusiones también vive Occidente.