Un historiador sionista que miente descaradamente. Establece un paralelo entre las acusaciones de genocidio en Gaza y la falsa leyenda del libelo de sangre - por Joaquín Rábago
Un historiador sionista que miente descaradamente. Establece un paralelo entre las acusaciones de genocidio en Gaza y la falsa leyenda del libelo de sangre
Joaquín Rábago
Para el historiador judeo-alemán Michael Wolffsohn, las acusaciones de genocidio contra Israel continúan la falsa leyenda medieval según la cual los judíos se dedicaban a envenenar los pozos o asesinaban a niños cristianos.
En un comentario publicado en primera página por el periódico alemán Die Welt, Wolffsohn, conocido sionista, establece tan increíble paralelo para negar la limpieza étnica contra los palestinos.
Wolfssohn se rebela contra la afirmación, cada vez más extendida, incluso en Alemania, defensora a ultranza del Estado de Israel, de que los judíos están cometiendo un genocidio como hicieron antes los alemanes con el pueblo hebreo.
Según Wolffssohn, nacido en el mandato británico de Palestina en 1947, un año antes de la fundación de Israel, los futuros historiadores darán por buena la versión, continuamente repetida, del genocidio israelí como ocurrió durante siglos con la falsa leyenda de los judíos envenenadores de pozos.
Ocurre, sin embargo, a diferencia de lo sucedido en aquellos siglos que algunos califican indebidamente de “oscuros”, el diario genocidio israelí se comete gracias a los medios, y sobre todo la televisión, a ojos del mundo entero.
El historiador trata de explicar por qué la acusación de genocidio tiene como blanco no a Israel sino a los judíos en general, como si no existieran diferencias en la propia comunidad hebrea.
Pero es, sin embargo, Israel, son los sionistas que, como Wolffsohn, defienden al Estado judío quienes deliberadamente tachan de “antisemitismo” cualquier crítica que se le haga.
Una explicación, según Wolfssohn, estriba en la propia denominación de Israel como o “Estado judío”, “Estado de los judíos” o “Estado de la nación Judía”, nación que, según dice, “está repartida entre muchas otras naciones y Estados y no vive sólo en Israel”.
Ocurre también que “la mayoría de los judíos de la diáspora ven en Israel un seguro de vida”, algo totalmente explicable, dice, en “una época de tsunamis antisemitas”
Dada esa estrecha conexión entre Israel y los judíos, la acusación de genocidio contra Israel tiene como blanco, argumenta aquél, a todo el pueblo hebreo sin que haya solución de continuidad entre las acusaciones que se le hacían en la Edad Media y las que se le hacen hoy.
De tiempos medievales data la leyenda del llamado “libelo de sangre”, es decir la falsa acusación de que los judíos asesinaban a niños cristianos para utilizar su sangre en ciertos ritos secretos de su religión.
Hoy se acusa a los judíos de cometer un genocidio, es decir, argumenta el profesor doctor Wolffsohn en el diario del grupo Springer, que “los judíos han sido y serán siempre los mismos: anteayer, ayer, hoy o mañana”.
Ocurre con los judíos, argumenta, como sucede con los alemanes y el Holocausto: en ambos casos se acusa a todo un pueblo de cometer un genocidio sin que nadie se preocupe de establecer la verdad.
Y la verdad, escribe Wolffsohn, es que “no existe la intención (por parte de Israel) de eliminar a los palestinos como pueblo” y que a diferencia de lo que ocurrió con los judíos durante el Tercer Reich, que fueron solo víctimas, fue Hamás quien atacó primero.
Los judíos no pudieron defenderse en su momento como ahora los palestinos de Gaza o Cisjordania, sostiene Wolffsohn, sino que fueron víctimas de una “eliminación industrial”, no de una guerra.
“Guerra” llama ese negador de lo evidente a lo que ocurre en Gaza y demás territorios ilegalmente ocupados por el Estado sionista, que no es otra cosa que la eliminación intencionada de un pueblo a base de bombardeos y de hambruna.