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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Poder - por Gianni Petrosillo

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Poder

Gianni Petrosillo

CONFLITTI & STRATEGIE

Traducción de Carlos X. Blanco

Lenin sostuvo que la democracia es el mejor caparazón para la dictadura burguesa. No se equivocó para su época, y no nos equivocaríamos hoy al afirmar que es la mejor cáscara de la dictadura, sin más. Para ser más precisos, las llamadas democracias, mientras revolotean en un cielo de verbosa superioridad, se revuelcan en el barro. A menudo invisibles o visibles sólo cuando no podemos prescindir de ellos.

Es innegable que utilizan herramientas probadas y comprobadas para canalizar el consenso y el disenso, encontrando su máxima expresión en la competencia electoral, cada vez más parecida a un torneo de fútbol. Pero no es sólo eso. El sistema puede contar con la acción de numerosos órganos intermedios, agregaciones de diversos tipos y naturalezas, estructuradas oficialmente y no, que simulan formas participativas e inclusivas, destinadas a modular y modelar todo conflicto social. Un conflicto que, para ellos, nunca debe desembocar en la violencia ni en el terror, sino que debe tomar una forma dialógica y conciliadora de intereses (coincidentes o no demasiado diferentes de los suyos, aunque revestidos del disfraz de lo compartido así como de civilidad).

Existe un perímetro bien definido, pero no estático, de “valores” y “principios” (éticos, sociales, económicos y políticos) que no debe sobrepasarse. Además, la forma y el fondo de estas no coinciden, porque los verdaderos demócratas (los que mandan en los distintos niveles) no creen en la democracia sino como enunciado, de lo contrario no estarían donde están. Cuando existe el temor de que el juguete no funciona bien o, al menos, no para esa circunstancia concreta, entran en juego las fuerzas especiales del Estado, oficiales y no oficiales, secretas o abiertas, que, exactamente como en todos los demás regímenes, operan con medios, instrumentos y sistemas “adecuados”.

En este sentido y situación, no hay diferencia entre la mejor democracia y la peor dictadura, ni entre la peor democracia y la mejor dictadura. De André cantó: no hay poderes buenos. En verdad, tampoco existen poderes malos, el poder trabaja para su propia perpetuación, lo que coincide con la organización de toda la sociedad según una visión o tipo de sociedad necesaria para esos grupos dominantes. (No uso estos términos de manera despectiva: en todo tiempo y lugar existen los dominantes y los dominados, o mejor dicho, los que deciden y los que sufren las decisiones, de lo contrario, si todos decidieran, no se tomaría ninguna decisión coherente y sería el reinado del caos.)
Claramente, el poder está atravesado por luchas no sólo externas sino también internas, luchas que son su motor interno, el que produce la sociedad.

 Aquellos conflictos que, precipitándose químicamente, como afirma La Grassa, dan lugar a configuraciones sociales más o menos estables, también en forma de instituciones y otros aparatos necesarios para operar en la sociedad. 

En nuestro caso, observamos que las potencias occidentales están hoy desprovistas de destino, definitivamente jodidas en sí mismas, hasta el punto de que terminan deprimiendo y destruyendo lo que deberían en cambio fortalecer y desarrollar, dañando gravemente a clases sociales y a países enteros.

Desde aquí, y sólo desde aquí, surge nuestra protesta y nuestra lucha contra ellos. Son la expresión de una decadencia que hay que detener y expulsar. La nuestra es, ante todo, una guerra justa de supervivencia y, ojalá, también de renacimiento colectivo. Antes de que sea demasiado tarde.

Gracias a Gianni Petrosillo, CONFLITTI & STRATEGIE y a la colaboración de Carlos X. Blanco

GIANI PETROSILLO
GIANI PETROSILLO

http://www.conflittiestrategie.it/25053-2

CONFLITTI STRATEGIE La casa de mi tía republica por el alto interés del contenido, según las normas de Uso Justo de la UE
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