¿Por qué el diálogo entre EEUU y Rusia provoca tal nerviosismo en los europeos? - por Joaquín Rábago
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¿Por qué el hecho, que debería ser natural, de que los presidentes de Estados Unidos y Rusia hayan decidido reanudar el diálogo provoca tal nerviosismo, casi histeria entre los dirigentes europeos?
Dirigentes como el francés Emmanuel Macron, el alemán Friedrich Merz o el británico Keir Starmer, cada vez más alejados, por cierto, de sus propios ciudadanos, si hemos de creer a las opiniones públicas de sus países.
¿Por qué también preocupa tanto a los diarios atlantistas como el Financial Times, que criticaba el otro día que Trump fuese a la reunión de Alaska sin expertos en Rusia?
¿Expertos como los que llevó Trump a su anterior reunión con Putin en Helsinki durante su primer mandato? Recordemos quienes eran: dos “halcones” como su ex asesor de Seguridad John Bolton y la también asesora Fiona Hill. ¿Eso es lo que le gustaría al diario británico?
El cristianodemócrata Merz, que, impopular en casa, parece decidido a asumir el liderazgo europeo, convocó para el pasado miércoles una videoconferencia con sus colegas y el propio Trump con el objetivo de marcarle a éste las “líneas rojas” de Bruselas.
Y en una demostración del continuado apoyo de Berlín al presidente ucraniano, incluso invitó a Volodímir Zelenski a estar junto a él en la capital alemana para la videoconferencia.
¿Cuáles son las condiciones de los europeos, totalmente coincidentes con las del propio presidente ucraniano?
Antes de empezar a hablar de concesiones territoriales, deben callar las armas.
Además, en ningún caso aceptarán ni Kiev ni Bruselas reconocer “de iure” las conquistas militares rusas. Y los europeos y Estados Unidos deberán ofrecer a Ucrania garantías de seguridad.
Pero Moscú ha dejado bien claro desde el principio que no aceptará el cese de las hostilidades como condición previa porque tiene la experiencia de anteriores negociaciones (Minsk), que Ucrania y sus aliados utilizaron sólo para ganar tiempo y seguir armándose.
El presidente Putin tampoco parece dispuesto a ceder en otros puntos como quieren los europeos: en ningún caso devolverá a Kiev las regiones ucranianas ocupadas y que han pasado a formar parte de la Federación rusa.
Ucrania debe comprometerse a la neutralidad permanente, es decir renunciar a entrar en la OTAN, y admitir además limitaciones en su futura fuerza militar.
Tras la videoconferencia del miércoles con los europeos, el presidente Trump se declaró satisfecho, lo que, sin embargo, conocido su carácter errático, no quiere decir nada.
Si Trump acepta “líneas rojas”, no serán éstas en ningún caso las que les ponga los europeos, a los que desprecia, sino las de los neocons y del complejo militar industrial de su país, interesados en continuar la guerra porque es un negocio muy lucrativo.
Según algunos analistas estadounidenses, Trump teme sobre todo las presiones de los “necons” del propio Senado como Lindsey Graham y Richard Blumenthal, y decidió por ello hablar con Putin mientras la Cámara está de vacaciones.