El mundo en vilo, mirando hacia Anchorage, cada cual por sus razones - Chema Tante
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Este viernes 15 de agosto puede ser un día histórico. Puede que llegue la paz. A Ucrania. A Gaza, lamentablemente no.
Esta es la reunión del contraste. El contraste entre la sensatez, la sabiduría, la moderación, la cordura, de Putin y el atolondramiento, la ignorancia, la locura, la prepotencia, del desquiciado Trump.
Quienes creemos en la paz y en el cese de las amenazas y las intromisiones del imperio sobre otras naciones, esperamos que al fin se reconozca el triunfo de la razón y de las justas demandas de la Federación Rusa. Rusia ha tenido que conseguir por las malas que Occidente cumpla las promesas que no ha respetado por las buenas. Las gentes de buena voluntad esperamos que Ucrania recupere la paz y que Rusia deje de estar amenazada por la belicista OTAN. Y celebramos ver como las comunidades rusas integradas al fin al lugar que les corresponde se han liberado del acoso sufrido tantos años por parte del régimen banderista de Kiev.
Sin embargo, por desgracia, hay gente de mala voluntaf. Gente que desea la guerra, porque ha planeado restaurar las maltrechas economías de sus estados, y las suyas propias, con los beneficios de la industria del dolor. Esta gente maldice la reunión de Alaska, porque un acuerdo entre Trump y Putin, si se produce, significará el desplome de sus bastardos objetivos, el fin de su negocio.
La paz en Ucrania significa la ruina para Europa. Es la responsabilidad de esta tropa desquiciada que gobierna, pero también de quiénes con su voto, les han permitido hacerlo.
Ahora bien: Véase que hoy, viernes, 15 de agosto de 2025, se encuentran dos tipos que, en realidad, no tienen motivos para desear el fin de la guerra.
Por parte de Putin ¿por qué desear que acabe una guerra que está ganando y en la que todo indica que puede terminar al fin con el endiablado banderismo nazi y las amenazas constantes de la OTAN? Sobre todo, cuando los hechos demuestran que Rusia no puede confiar en las promesas de nadie de Occidente.
Por parte de Trump: ¿por qué desear que acabe una guerra en la que se utilizan -y destruyen, para que haya que comprar más- unas armas que vende y cobra su país? Sobre todo, cuando Trump ha demostrado que lo único que le importa es el dinero que pueda ganar su país, porque gran parte de ese dinero, se lo embolsa él.
El desenlace, en la madrugada del viernes al sábado.
O no.
Y entonces, obligarán a Rusia a terminar con esta guerra de una vez, rindiendo a Ucrania -y a la OTAN- por la fuerza.
Claro que, mientras tanto, la industria de armas rendirá montones de beneficios a Trump y a las oligarquías estadounidense y europea. Incluyendo al ya millonario Zelenski, por cierto.
Tampoco habrá que olvidar que la humillación de Von der Leyen en el Club de Golf escocés prpiedad de Trump tenía el precio de que la guerra en Ucrania continúe, a la mayor gloria de las economías occidentales.