El problema con Trump - por Joaquín Rábago
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El problema con Trump
Joaquín Rábago
El problema con Donald Trump, es, aparte de su ignorancia de la geopolítica y la historia, que no tiene otro criterio que no sea el negocio y cómo maximizar beneficios.
Lo cual le convierte en totalmente influenciable por quienes le soplan al oído, ya sean los “neocons” de su propio país, ya los aliados europeos, que halagaron su enorme vanidad comprometiéndose a aumentar cada uno hasta un 5 por ciento del PIB nacional su aportación a la OTAN, como él quería.
Unos y otros tratan de convencerle de que no se deje llevar por su instinto y abandone a Ucrania a su suerte porque lo contrario sería reconocer que la Rusia de Putin puede modificar por la fuerza las fronteras de un país, lo cual, además de inadmisible según el derecho internacional, sentaría un peligroso precedente.
Que la propia OTAN modificase en su día con sus armas las fronteras yugoslavas, por supuesto, no importa: es cosa del pasado, y además fue por una buena causa, según dijeron.
Como tampoco importa que el propio presidente Vladimir Putin haya asegurado una y otra vez que su objetivo al invadir Ucrania no era otro que evitar que este país se convirtiera en un ariete frente a Rusia.
Hay una incapacidad manifiesta por parte de los europeos de reconocer que, al menos en un principio, Rusia no tenía ambiciones territoriales fuera de la península de Crimea y que fue el “cambio de régimen” promovido por EEUU en Kiev junto a la “ucranización” forzada del país vecino pese a la presencia en él de una importante mayoría étnicamente rusa lo que la llevó a invadirlo.
Ya nadie quiere recordar que anteriores gobiernos de Francia y Alemania, así como importantes diplomáticos norteamericanos, trataron sin éxito de convencer a Washington de que la invitación a Ucrania a entrar en la OTAN se vería en Moscú como una provocación.
Estados Unidos había ganado la Guerra Fría y su Gobierno no podía aceptar que una “potencia regional”, una “gasolinera con bombas atómica”, como la llamaban despectivamente, decidiera el futuro orden de seguridad europeo.
Pero “la gasolinera con bombas atómicas” resultó mucho más fuerte militar y económicamente que lo que muchos pensaban y el “proyecto Ucrania” se convirtió en un desastre para la OTAN y para la propia Europa, del que sus dirigentes no saben ya cómo salir.
Lo ideal sería poder volver al principio, reconocer la equivocación de valerse de Ucrania para debilitar a Rusia con el pretexto de que ese país debía ser libre de elegir sus alianzas militares y comerciales.
El daño ya está hecho: Rusia ha ocupado cerca del 20 por ciento del territorio ucraniano, cientos de miles de combatientes de ambos lados han perdido la vida o resultado heridos, y no parece ya posible la vuelta atrás.
Lejos, sin embargo, de reconocer la realidad y admitir que se equivocaron, los europeos ponen “líneas rojas” a Trump en un intento de convencerle de que hay que continuar la guerra. Claro que quienes mueren son otros. Al menos de momento.