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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

De qué libertad me hablan cuando hablan de libertad: El cumpleaños de Lamine Yamal - por Gerardo Rodríguez

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De qué libertad me hablan cuando hablan de libertad: El cumpleaños de Lamine Yamal

Gerardo Rodríguez

miembro del Secretariado Nacional del STEC-IC

Diversos medios de comunicación llevan semanas con artículos y reportajes que reflexionan sobre una supuesta “racha ganadora” de Donald Trump. Argumentan para corroborar esta afirmación el ataque a Irán del 21 de junio, la Cumbre de la OTAN en La Haya donde impuso un 5% del PIB de cada miembro para gasto militar, arrastrando de paso el orgullo de la Europa más gallarda que se arrastró a sus pies sin dignidad alguna; la ley de Reforma Fiscal que aprobó el Congreso de Estados Unidos y que beneficia a los ricos y castiga a los pobres (“grande y hermosa” la llamó, confirmando lo que todos sospechábamos: su rico y amplio vocabulario); los límites que impone la Corte Suprema a los jueces federales ante los decretos presidenciales que servían como contrapeso al poder ilimitado que ahora detenta; y el desmantelamiento de las agencias federales, entre ellas la USAID, ya disuelta, que se ocupaba del desarrollo internacional o el sistema de alertas meteorológicas que, como hizo en su día la Generalitat Valenciana que preside Mazón, acabó multiplicando los daños de las riadas de Texas y provocando centenares de muertos. 

TRUMP
TRUMP

Pero estos “triunfos” de Trump esconden una dura realidad para Estados Unidos: el fin de su supremacía como única superpotencia después de la Guerra Fría. El pavor a ser desposeídos de tal poder y a no ejercer de eje central de la geopolítica global tiene sus síntomas en la elección del matón del barrio como fuga hacia adelante, con sus invectivas a todos los países, sus fanfarronadas y sus amenazas de invasión a sus propios aliados, son los rugidos de la fiera herida. El recurso al método chantajista y mafioso: el poder militar y el poder económico que aun poseen. Pero con ello también informan al mundo de que los buenos chicos de las películas de Hollywood, apuestos, sonrientes y despreocupados que encarnaban siempre la democracia y los derechos humanos frente a rusos taimados, vietnamitas sanguinarios y dictadores tropicales ya no se las cree nadie. Adiós al poder blando que “blanqueaba” al imperio americano y bienvenidos al mundo real.

La elección de Trump como presidente nos da la medida exacta del empobrecimiento cultural de un pueblo que ha perdido cualquier atisbo de ideal noble que oriente sus acciones y, por extensión, de la raquítica calidad humana y moral de una civilización, la Occidental, corroída por siglos de capitalismo como sistema económico y sus secuelas sociales: ambición por poseer antes que por ser, individualismo feroz, divismo como modelo a imitar, consumismo desenfrenado, y aplastamiento del débil en una reedición del darwinismo social que nos acompaña desde el siglo XX.

Sin embargo, los nuevos apóstoles negacionistas que emergen del desplome cultural, ético y educativo enarbolan la bandera de la libertad. Engalanan sus discursos con la palabra libertad, otorgan premios a la libertad (Premio a la libertad para Federico Jiménez Losantos, por ejemplo), y se autoproclaman heraldos de la libertad.

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

Milei, Ayuso, Meloni, Le Pen, Musk, Bezos, Trump o Abascal predican en sus medios y sus discursos la libertad como si de ellos y solo de ellos fuera. La libertad ha quedado fuera del relato de la izquierda porque la monopoliza la derecha y la ultraderecha, pero la pregunta es ¿de qué libertad me hablan cuando hablan de libertad? Si prohíben el aborto, si consideran que determinados libros deben estar prohibidos, si prohíben la eutanasia y el matrimonio igualitario, si prohíben las marchas del Orgullo o la libre circulación de personas, ¿a qué libertad se encomiendan?

DÍAZ AYUSO MILEI: LIBERTAD
DÍAZ AYUSO MILEI: LIBERTAD
STUART MILL
STUART MILL

Esta libertad la canonizó el patriarca del liberalismo moderno, John Stuart Mill y se puede definir como “libertad de”: de que los demás no interfieran en mi libertad más allá de un límite, de que dejen vivir a los seres humanos como quieran, de prevenir la interferencia de los demás, sobre todo el Estado y sus instituciones, y de defender una concepción individualista sin la sujeción a normas comunitarias.

Un liberal inteligente, Isaiah Berlín, en “Cuatro ensayos sobre la libertad” ya nos avisaba que este tipo de libertad puede tener una paradoja, un rasgo que ahora se ha revelado en toda su crudeza: la libertad concebida así es compatible con ciertos tipos de dictaduras o autocracias: “El déspota que deja a sus súbditos un amplio margen de libertad puede ser injusto, dar pábulo a las desigualdades más salvajes o interesarse muy poco por el orden, la virtud o el conocimiento pero, supuesto que no disminuya la libertad de dichos súbditos o que, por lo menos, que la disminuya menos que otros regímenes, concuerda con la idea de libertad de Mill”, escribe Berlin en el citado ensayo.

ISAIAH BERLIN
ISAIAH BERLIN

Hay déspotas, o embriones de déspotas, que acaban con la democracia pero amplían las libertades, singularmente las económicas. La motosierra que Milei le regaló a Musk es no es para cercenar la desigualdad y la pobreza sino para cortar de raíz cualquier injerencia del Estado en la vida económica que para el homo capitalista es la vida misma, por ejemplo, en forma de impuestos. Por eso para Milei “la justicia social es una aberración” y por eso hay tantos jóvenes que se muestran indignados por el hecho que tengan que pagar impuestos para que los ancianos tengas pensiones. Este es el mundo carnívoro que el liberalismo va gestando, la dictadura avanza a lomos del capitalismo desregulado y el darwinismo social.

MILEI MUSK
MILEI MUSK

Frente a ello, la izquierda debe hacer valer su visión de la libertad, la “positiva”, la libertad como autorrealización y el papel del Estado como garante de que los obstáculos a esa autorrealización deben ser salvados, sean estos una condición social desfavorable como la pobreza heredada o una limitación física. O la prohibición de un contrato profesional abusivo entre dos personas, aunque aparentemente se haga “voluntariamente” y, por tanto, libremente. Por ejemplo, hace unos días el futbolista Lamine Yamal celebró su cumpleaños. Para amenizar esa efeméride solo se le ocurrió contratar a personas con enanismo y montar un espectáculo con sus amigos en el que estas personas eran ridiculizadas. Los partidarios de la libertad negativa dirán que consintieron voluntariamente y firmaron un contrato libremente, en cambio, los que apostamos por la libertad positiva sabemos de la asimetría y desigualdad que existe entre el jovencito multimillonario y con pocas luces, y alguien que lucha por sobrevivir sabiéndose objeto de burla por su discapacidad, sin igualdad de condiciones no hay libertad posible. La actual “Ley de discapacidad” prohíbe los espectáculos de chanzas y burlas a personas discapacitadas, pasaron los tiempos de la mujer barbuda y el enano torero. En cambio, esto es una injerencia intolerable para los heraldos de la libertad económica porque el Estado no debe interferir de ninguna de las maneras en el contrato entre dos personas que se suponen que actúan desde libre albedrío. 

YAMINE LAMAL
YAMINE LAMAL

La libertad “negativa” del liberalismo puede conducir a la tiranía, siempre que el tirano desregule la vida económica para dar paso al “laissez faire”, y el Estado se convierta en el mínimo común denominador para que se cumplan los contratos y haya seguridad jurídica para los capitalistas y santas pascuas. Nada de impuestos, ni límites a la jornada laboral, ni educación obligatoria y gratuita y hasta la abolición del trabajo infantil debe suprimirse, que también forma parte del Estado intervencionista: una “legislación de clase” que atenta contra la libertad de contrato entre el empleado y el empleador. 

De eso hablan cuando hablan de libertad y por eso rugen “viva la libertad carajo”.

 

* Gracias a GERARDO RODRÍGUEZ
* Gracias a GERARDO RODRÍGUEZ

 

 

MANCHETA JULIO 25