La santa indignación del profesor Sachs - por Joaquín Rábago
La santa indignación del profesor Sachs
Joaquín Rábago
El veterano economista de la universidad de Columbia, Jeffrey Sachs, no oculta su santa indignación por la manifiesta irresponsabilidad con la que los actuales líderes europeos parecen llevar al continente a una catástrofe que, de escuchar algunas voces rusas, podría ser esta vez nuclear.
Lo dice en todas sus intervenciones públicas, entre ellas la que hizo ante el Parlamento europeo, y también en dos cartas abiertas al canciller federal de Alemania, país que tiene, según afirma Sachs, una especial responsabilidad y ya no sólo por las dos guerras mundiales que desató el siglo pasado.
Responsabilidad sobre todo porque rompió las promesas que Alemania hizo al último presidente de la URSS, Mijail Gorbachov, a cambio de la reunificación del país y la retirada por Rusia de todas sus tropas de la que había sido la antigua Alemania comunista.
Algo a lo que no correspondió la OTAN, que lejos de disolverse, violó las promesas hechas al Kremlin y se amplió a países que habían formado parte no ya sólo del Pacto de Varsovia, sino incluso de la propia Unión Soviética, como Ucrania, a la que se ha tratado de convertir en un ariete contra Rusia.
Sachs, que conoció muy bien en su día la URSS y otros países del antiguo bloque comunista como Polonia, a los que ayudó en sus procesos de transición a la economía de mercado, denunció el pasado mes de mayo en una carta abierta al canciller Friedrich Merz, la segunda en medio año, seis episodios en los que Alemania no cumplió lo prometido.

Sachs menciona en su escrito esas rupturas de compromiso, entre ellas, los acuerdos de Minsk y de Estambul, por los que el gobierno ucraniano aceptaba la federación del país y el respeto de la la lengua rusa que exigían las regiones rusófonas y rebeldes del Donbás y que, de no haberlos boicoteado en el último momento británicos y estadounidenses, habrían evitado la guerra.
Ni que decir tiene que ni la primera ni la segunda carta del economista norteamericano han encontrado apenas eco en los medios germanos, donde la propaganda antirrusa y pro ucraniana dominan la información y los debates públicos sin que se deje espacio a las pocas voces que osan disentir del discurso oficial.
Como denunció también Sachs en reciente conversación con el politólogo noruego Glenn Diesen, en Europa no hay ya posibilidad de debatir libremente; la diplomacia se ha convertido en tabú, y nunca ha habido dirigentes tan mediocres ni tan impopulares como los actuales.
Sachs no se cansa de advertir en todas sus entrevistas a los medios, casi siempre alternativos que son los que le escuchan, que la neutralidad de Ucrania es condición sine qua non para Rusia y que ni Putin, ni quienquiera le sustituya, aceptarán nunca el ingreso de ese país en la OTAN y ni siquiera ya en la Unión Europea, a la que los gobiernos del continente tratan de convertir en una especie de OTAN bis sin Estados Unidos.
Sobre todo le alarma, según confiesa, la “normalización” de la guerra que dice ver en Europa y que es tanto más preocupante por cuanto el declarado "enemigo" es una potencia nuclear de Rusia, algo de lo que muchos europeos parecen no querer tomar conciencia.
Sachs dice no entender el actual "estado mental" europeo y califica de “temerarias” e “irresponsables” las recientes palabras de la ex canciller alemana Angela Merkel de que el conflicto ucraniano, que tiene a Europa al borde del precipicio, podría durar hasta diez años.
Y critica que mientras Bruselas y los líderes europeos condenaron en los términos más enérgicos el reciente ataque a Kiev y otras localidades que albergan centros de control y mando o fábricas de drones, guardaran silencio sobre el previo ataque ucraniano a una residencia escolar en Lugansk, en el que murieron veinticinco adolescentes mientras dormían, y al que los bombardeos rusos trataron de dar respuesta.
Mientras tanto, Ucrania, cada vez más envalentonada, sigue atacando con la ayuda de los datos que le proporcionan los satélites de la OTAN objetivos en el interior de Rusia y no se detiene siquiera ante una central nuclear como la de Zaporiyia, la mayor de Europa, en la región controlada por los rusos, pues, pese a la propaganda de Kiev, no parece haber muchas dudas de su responsabilidad en el impacto de un dron contra su sala de turbinas.