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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Santiago Abascal y la orca Gladis - por Gerardo Tecé

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Santiago Abascal y la orca Gladis

Gerardo Tecé

CTXT

Muertes por una riada o crisis económica mundial son consecuencias de un mismo problema: fanáticos inmaduros capaces de aglutinar ejércitos de nostálgicos

JR MORA CTXT CON LICENCIA CREATIVE COMMONS
JR MORA CTXT CON LICENCIA CREATIVE COMMONS
ULTRAS CON TRUMP
ULTRAS CON TRUMP
MAZÓN
MAZÓN

Es la pregunta del momento. ¿Qué pretende Trump con sus aranceles planetarios? Los economistas se estrujan los sesos sin encontrar una explicación razonable. ¿Qué lleva a un presidente de Estados Unidos a querer estrellar el bólido del capitalismo contra un muro de inflación, encogimiento del PIB, recesión y sangría en las bolsas? Sus colegas Musk, Zuckerberg y Bezos también se lo preguntan tras haber palmado 200.000 millones de dólares desde que su amigo posó el culo en el despacho oval. Empatizo con su cabreo. A mí se me jodió el aire acondicionado el mes pasado y repararlo me costó 500 euros. No son los únicos. Según Bloomberg, las 500 mayores fortunas del mundo han perdido, desde el pasado miércoles, 2 de abril, aquella jornada bautizada por Trump como el Día de la Liberación, 536.000 millones de dólares. Desde Gladis, la orca que derribaba yates de lujo en las costas gaditanas, no recordábamos semejante espectáculo.

Y la pregunta sigue sin respuesta. ¿Qué pretende Trump frente al acuerdo de economistas que avisan de que esto nos lleva al desastre? Para encontrar la respuesta quizá necesitemos hacernos otras preguntas. ¿Qué pretende Trump cuando, frente al consenso científico de que el calentamiento global nos lleva al desastre, niega la crisis climática y ordena suprimir las energías limpias para seguir contaminando? ¿Qué pretendía cuando propuso beber lejía como fórmula anticovid? O, yéndonos al fascismo de cercanía, al de kilómetro cero, ¿qué pretendía Vox cuando puso a un torero en la vicepresidencia de la Comunidad Valenciana para clausurar los servicios de emergencia y gastar esa parte del presupuesto en maltratar a toros? Ante tan alto nivel de estupidez demostrado en ámbitos tan delicados como el medioambiental, el sanitario, la protección civil o los derechos humanos, ¿qué pretendemos nosotros preguntándonos qué pretende esta gente? La respuesta que buscan los economistas no la encontrarán en su disciplina, ni la leeremos en las páginas salmón, pues la Economía no aborda las nostalgias de otro tiempo ni el fanatismo identitario, que es de lo que se trata. Lo de Trump es la estupidez de siempre, pero con mayor poder. El torero de Valencia pretendía destinar presupuesto de emergencias a la España de toros y misa que tanto anhela y Trump pretende que norteamérica vuelva a ser ese paisaje de coches made in USA en el que el Ku Klux Klan, hoy sin capirote y con placa policial, vele por la pureza blanca. Muertes por una riada o crisis económica mundial son sólo consecuencias a diferente escala de un mismo problema: fanáticos inmaduros incapaces de aceptar que la infancia es sólo un recuerdo, pero capaces de aglutinar ejércitos de nostálgicos.

No todo son malas noticias. Santiago Abascal –Obiscal si nos lee usted desde Estados Unidos– ha anunciado que estaría dispuesto a hablar con su amigo Donald para que levante su castigo a España. Por un módico precio: que el Gobierno democráticamente elegido en las urnas dimita y él se convierta en vicepresidente. Hay héroes que no llevan capa. Dicho de otro modo, el líder de ultraderecha que tanto se manifestó junto al campo español, tras haber votado en contra de las ayudas al campo español, les dice ahora a los agricultores que no hará uso de su enorme influencia en Washington si él no saca beneficio de ello. Hay quien califica la propuesta del fascista español con más años cotizados en el epígrafe de funcionario como chantaje, pero se equivocan: se trata de patriotismo bien entendido, ese que empieza por uno mismo. Donald, escúchame, le diría Santiago a su amigo rubio tras presentarse como aquel hispano cuyo nombre no supo pronunciar y que no pudo asistir a su ceremonia de juramento, a pesar de haber volado hasta Washington, porque nadie le cursó invitación. Necesito que levantes los aranceles contra España porque he conseguido que Pedro Sánchez dimita. La conversación, que debería ser telefónica en prevención de un posible rebote presidencial que acabase con Santi de camino a una cárcel de El Salvador, podría sin embargo llegar a buen puerto. Abascal podría entonces anunciar que España queda exenta del castigo estadounidense y presentarse ante los españoles convertido en figura histórica en vida. Una especie de Isabel la Católica, pero sin la mili hecha y con una extraña atracción por las tallas pequeñas, que liberó a España y a Europa de la que se nos venía encima. Mientras la orca Gladis deja hacer a Trump, el mundo aguanta la respiración a la espera de que Santi se anime a dar ese paso.

ABASCAL EN SUS DELIRIOS
ABASCAL EN SUS DELIRIOS

 

CTXT

 * Graciasa a Gerardo Tecé y CTXT y a la colaboración de Antonio Aguado

GERARDO TECÉ

https://ctxt.es/es/20250401/Firmas/49000/Gerardo-Tece-Santiago-Abascal-orca-Gladis-Trump-aranceles-inflacion-extrema-derecha.htm

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