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jueves, 04 de junio de 2026 07:06h.

¿Tenemos tiempo y sabiduría suficiente para evitar la catástrofe? - por Leonardo Boff, comenta Jorge E. Macías Jaramillo

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Jorge E. Macías Jaramillo destaca y comenta el artículo de Leonardo Boff

¿Tenemos tiempo y sabiduría suficiente para evitar la catástrofe?

 Leonardo Boff

KOINONÍA

El día 8 de agosto de 2021 el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) publicó su informe, que se hace cada dos años, sobre la situación climática de la Tierra, fruto de la investigación de más de cien expertos de 52 países. Nunca el documento tuvo tanta claridad como ahora, a diferencia de los informes anteriores. Antes se afirmaba que era un 95% seguro que el calentamiento global era antropogénico, es decir, de origen humano. Ahora se sustenta sin restricciones que es consecuencia de los seres humanos y de su forma de habitar la Tierra, especialmente, por causa del uso de energías fósiles (petróleo, carbón y gas) y de otros factores negativos.

El escenario se presenta dramático. El Acuerdo de París especifica que los países deben “limitar el calentamiento por debajo de 2˚ C, y esforzarse para limitarlo a 1,5˚ C”. El informe actual insinúa que será difícil, pero que tenemos conocimiento científico, capacidad tecnológica y financiera para enfrentar los cambios climáticos, si todo el mundo, países, ciudades, empresas e individuos se empeñan seriamente ya ahora.

La situación actual es preocupante. En 2016 las emisiones globales de gases de efecto invernadero sumaban anualmente cerca de 52 gigatoneladas de CO2. Si no cambiamos el curso actual, en 2030 llegaremos a 52-58 gigatoneladas. En este nivel habría una destrucción tremenda de la biodiversidad y una proliferación de bacterias y virus como jamás ha habido antes.

Para estabilizar el clima en 1,5 centígrados, afirman los científicos, las emisiones tendrían que bajar a la mitad (25-30 gigatoneladas). En caso contrario, con la Tierra en llamas, conoceremos eventos extremos aterradores.

Soy de la opinión de que no bastan solo la ciencia y la tecnología para disminuir los gases de efecto invernadero. Es creer demasiado en la omnipotencia de la ciencia que hasta hoy no ha sabido enfrentar totalmente la Covid-19. Es urgente otro paradigma de relación con la naturaleza y con la Tierra, que no sea destructivo sino amigable y en sutil sinergia con los ritmos de la naturaleza. Esto obligaría a una transformación radical del modo de producción actual, capitalista, que todavía se mueve en gran parte con la ilusión de que los recursos de la Tierra son ilimitados y que permiten, por eso, un proyecto de crecimiento/desarrollo también ilimitado. El Papa Francisco en su encíclica Laudato Sì: sobre el cuidado de la Casa Común (2015) denuncia esta premisa como “mentira” (nº 106): un planeta limitado, en grado avanzado de degradación y superpoblado, no tolera un proyecto ilimitado. La Covid-19 en su significado más profundo nos exige poner en acción una conversión paradigmática.

En la encíclica Fratelli tutti (2021) el Papa Francisco entiende este aviso del virus. Contrapone dos proyectos: el vigente, de la modernidad, cuyo paradigma consiste en hacer al ser humano dominus (dueño y señor) de la naturaleza, y el nuevo que él propone, el de hacerlo frater (hermano y hermana), incluyendo a todos, los humanos y los demás seres de la naturaleza. Este nuevo paradigma del frater planetario fundaría una fraternidad sin fronteras y un amor social. Si no hacemos esta travesía, “no se salva nadie” (nº 32).

La gran cuestión es esta: ¿el modo de producción capitalista mundializado muestra voluntad política, tiene capacidad y razonabilidad suficientes para permitir este cambio radical? Ese sistema capitalista se ha hecho dominus (maître et possesseur de Descartes) de la Tierra y de todos sus recursos. Sus mantras son: el mayor lucro posible, conseguido por una competencia feroz, acumulado individual o corporativamente, mediante una explotación devastadora de los bienes y servicios naturales. De este modo de producción se originó el descontrol climático y lo que es peor, una cultura del capital, de la cual de alguna manera todos somos rehenes. ¿Cómo salir de ella para salvarnos?

Tenemos que cambiar, si no, según Zygmunt Bauman, “vamos a engrosar el cortejo de los que se dirigen hacia su propia sepultura”.

Lógicamente esta conversión urgente de paradigma demanda tiempo e implica un proceso de transformación, pues todo el sistema está engrasado para producir y consumir más. Pero el tiempo del cambio está expirando. De ahí el sentimiento del mundo de grandes nombres, cuya credibilidad incuestionable no es de simple pesimismo, sino de un realismo bien fundado. Cito a algunos de ellos:

El primero es el Papa Francisco que alertó en la Fratelli tutti: “estamos en el mismo barco, o todos nos salvamos o no se salva nadie”(nº 32).

El segundo, el formulador de la teoría de la Tierra como superorganismo vivo, Gaia, James Lovelock, cuyo último título lo dice todo: Gaia: alerta final (Intrínseca, Rio 2010).

El tercero es Martin Rees, Astrónomo Real del Reino Unido: Nuestra hora final: ¿será el siglo XXI el último de la humanidad? (Crítica, 2004); sobra el comentario.

El cuarto es Eric Hobsbawm, uno de los más renombrados historiadores del siglo XX , que al final de La era de los extremos (Companhia das Letras, SP 1995) dice: “No sabemos hacia dónde nos dirigimos. Sin embargo, una cosa está clara: si la humanidad quiere tener un futuro significativo no puede ser prolongando el pasado o el presente: si intentamos construir el tercer milenio sobre esta base, vamos a fracasar. Y el precio del fracaso, o sea del cambio de sociedad, es la oscuridad” (p. 562). Esta advertencia vale para todos aquellos que piensan la pos-pandemia como una vuelta a la antigua y perversa normalidad.

El quinto es el conocido genetista francés Albert Jacquard con su libro ¿La cuenta atrás ha empezado ya? (Le compte à retours a-t-il commencé? , Stock, Paris 2009). Manifiesta: “tenemos un tiempo contado, y a fuerza de haber trabajado contra nosotros mismos corremos el riesgo de forjar una Tierra en la cual a ninguno de nosotros le gustaría vivir. Lo peor no es seguro, pero tenemos que darnos prisa” (cuarta parte de la cubierta).

Finalmente, uno de los últimos grandes naturalistas, Théodore Monod en su libro Y si la aventura humana llegara a fracasar (Et si l’aventure humaine devait échoure, Grasset, Paris 2003) afirma: “El ser humano es perfectamente capaz de una conducta insensata y demencial; a partir de ahora podemos temer todo, absolutamente todo, hasta la aniquilación de la especie humana” (p. 246).

El proceso de la cosmogénesis y de la antropogénesis propiciaron también la emergencia de la fe y de la esperanza. Ellas son parte de la realidad total. No invalidan las advertencias citadas, pero abren otra ventana que nos asegura que “el Creador creó todo por amor porque es el apasionado amante de la vida” (Sabiduría 11,26). Esa fe y esa esperanza permiten al Papa Francisco hablar “más allá del Sol” con estas palabras: “Caminemos cantando, que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza” (Laudato Sì, nº 244). El principio esperanza supera todos los límites y mantiene el futuro siempre abierto. Si no podemos evitar el descontrol climático, podemos precavernos y disminuir sus efectos más dañinos. Es lo que creemos y esperamos.

Gracias a Leonardo Boff y KOINOMÍA y a la colaboración de Jorge E. Macías Jaramillo

 

LEONARDO BOFF
LEONARDO BOFF

https://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=1036

 

KOINONÍA
 La casa de mi tía republica por el alto interés del contenido, según los criterios de Uso Justo de la UE 

 

Comentario de Jorge E. Macías Jaramillo.(*)

Los  panameños estamos obligados a impedir el avance de la destructiva toxica, ecocida  minería metálica a cielo abierto  entonces si estaremos contribuyendo a frenar el cambio climático  y  el calentamiento global.

Permitir el avance de la minería en Panamá es ser cómplice de  la criminal  destructiva toxica actividad.  Es permitir las extensas y salvajes deforestaciones “que afectan de manera severa el ciclo del agua”   que impone el capitalismo salvaje con su  megaminería.  Con las deforestaciones como consecuencia de la minería en Panamá sufrimos las consecuencias:

1-      Disminución del número de lluvias por año,  con disminución del agua para cultivo y la vida diaria

2-      Disminución del volumen de agua que cae en cada lluvia.

Con todo esto se incrementa el calentamiento global.  y como consecuencia en nuestro Panamá padecemos de manera progresiva disminución del agua vital para los cultivos, la existencia de quebradas, arroyos y ríos  disminución significativa  del agua en nuestra vida cotidiana y  el incremento de las  sequias más prolongadas que disminuyen de manera drástica el agua necesaria para las operaciones del canal, lo que se agrava con cada nuevo año.  Lo que afecta de manera drástica nuestra principal fuente de ingresos en Panamá.

No queremos, no podemos, no permitiremos el regreso de la megaminería.

A nivel global están cabildeando para que la minería y su  ecocidio sea  tipificado como crimen   de Lesa Humanidad y castigarlo  como tal.

En  Panamá Sin  minería  se vive mejor.                                                                                                      

En contra de la Corrupción, saqueo de las arcas del estado y la descarada impunidad.

En contra de que el estado panameño cómplice de la oligarquía  empresas del transporte, industriales y capitalistas cometan el crimen de impago de sus impuestos y de las cuotas obrero patronal a la Caja del Seguro social que tienen a la Caja del Seguro Social (CSS) en la banca rota.  Es gran descaro y una barbaridad que por esta vía  los gobernantes panameños en lugar de recabar los impuestos sean cómplices del robo de $ 8,000,000,000 a $9,000.000.000 ( ocho mil a nueve mil millones de dólares por año). “Robos que e manera injusta imponen que el 50% de los panameños vivan  en la pobreza”      Y como si esto fuera poco le hacen pagar a los panameños trabajadores el déficit que durante décadas arrastra la Caja del  Seguro Social  y con la  Ley 462 impuesta por el Presidente Mulino “que descaradamente  se ha destapado como enemigo de los panameños”  Ley que además impone la  privatización de las finanzas del Seguro Social.  Ambicionada desde el Consenso de Washington.   Fuente Privatización de Caja del Seguro Social ambicionada desde el Consenso de Washington Jorge Macías ALAI América Latina en Movimiento 09/12/2020

https://www.alainet.org/es/articulo/210103

En contra de la criminalización de las protestas ciudadanas que impone el “Dictador”  que no presidente de la República Raúl Mulino.  Un verdadero Presidente respetaría la Constitución, Los Derechos de los ciudadanos y de los Trabajadores.   Jamás reprimiría ni criminalizaría las justas protestas ciudadanas que se3 oponen a la Ley 462 que decapita  el régimen solidario y da avance a la privatización de la  CSS,  Un Presidente respetuoso de la Constitución Leyes, Democracia y de los ciudadanos,  Jamás se negaría a  dialogar para escuchar al pueblo ante sus justas demandas denuncias y aspiraciones.,  No aceptaría ni firmaría  memorándum de entendimiento impuestos por el gobierno de EE.UU.  para la recolonización de Panamá.

En contra de la Recolonización de Panamá y nuestro canal por el  imperio colonialista y genocida de EE.UU. que comanda el  megalómano y Terrorista por sus guerras  Presidente Trump.

En contra de la Ley 462 que eliminó el Régimen solidario y otras modificaciones a la Ley de la Caja del Seguro Social que lleva a los trabajadores y aseguraos y sus familias a una vida y jubilaciones  de hambre.

JORGE E MACÍAS JARAMILLO * Gracias a Jorge E. Macías Jaramillo
Gracias a Jorge E. Macías Jaramillo
mancheta en 2025