Ucrania: a los europeos les entraron de pronto las prisas - por Joaquín Rábago
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Ucrania: a los europeos les entraron de pronto las prisas
Joaquín Rábago
A los siete políticos europeos que decidieron de pronto guardarle la espalda al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en la Casa Blanca parece haberles entrado de pronto las prisas.
Uno de ellos, el canciller federal alemán Friedrich Merz, habló de un plazo de “entre siete y diez días” para que los “sherpas” que se encargan de esas cosas elaboren un plan de “garantías de seguridad” para Ucrania una vez acabe el conflicto.
¿Por qué tanta precipitación de pronto? ¿Será porque no pueden soportar que sigan muriendo ucranianos en el campo de batalla? Los rusos en cambio parece que no importan.
Pero si franceses, británicos y alemanes, a los que se sumó un advenedizo como es el presidente de la ex neutral Finlandia, están tan preocupados como dicen por los ucranianos, ¿por qué decidieron esperar hasta ahora?
¿Y por qué hasta hace un par de días sólo hablaban de prolongar la guerra hasta que las sanciones económicas y la ayuda militar a Ucrania obligaran a Rusia a devolver las regiones que ha ocupado?
Podrían haber evitado muchas decenas de miles de muertes – muchas más que las que dice su propaganda- a finales de marzo de 2022, cuando el plan de paz que negociaban en Estambul rusos y ucranianos estaba ya muy avanzado.
Pero apareció entonces en el último momento cual maléfico “deus ex machina” el premier Boris Johnson, que, en total acuerdo con el presidente de EEUU Joe Biden, saboteó aquellas negociaciones.
Y animó a los ucranianos a continuar la guerra porque eran gente valiente y con las armas que les iba a proporcionar la OTAN, darían a los rusos su merecido.
Más de tres años después y cientos de miles de ucranianos caídos en batalla o lisiados, no se cumplió el pronóstico del bufón británico. Y los ucranianos pierden cada día que pasa más hombres y más territorio.
Es mientras tanto mucho el dinero de los contribuyentes invertidos en esa guerra y la OTAN parece comprender al fin que no puede ganarla. Algo que, y que perdone el lector mi inmodestia, algunos llevamos ya años diciendo.
De ahí que los europeos decidieran de pronto viajar a Washington en compañía del presidente ucraniano en un intento desesperado de conseguir que Trump se les uniera en su exigencia a Rusia de un alto el fuego incondicional e inmediato antes de empezar a hablar.
Fue un bochornoso espectáculo el que ofrecieron los europeos con sus adulaciones al señor feudal para hacerle cambiar de opinión y que se opusiera a cualquier trato con Rusia sin un cese previo de las hostilidades.
Sólo la italiana Giorgia Meloni parecía un tanto nerviosa con el lamentable baboseo del que formaba parte y que no dio tampoco el resultado que esperaban.
Trump tiene sin duda muchas diferencias con su homólogo ruso, Vladimir Putin, pero hay algo que comparten y es su profundo desprecio por unos europeos que, más que líderes, parecen vasallos.