El universo de Sade a escala planetaria - por Joaquín Rábago
El universo de Sade a escala planetaria
Joaquín Rábago
Las revelaciones en torno al caso Epstein, aunque todavía incompletas por la parcial censura como parte interesada impuesta por Donald Trump, muestran un universo de la más absoluta depravación moral que ni siquiera podría haber concebido la imaginación febril del marqués de Sade.
Depravación, esto es, de las clases dirigentes, de esos individuos multimillonarios que se consideran por encima de la moral, algo que dejan para los plebeyos, cuya única patria es el dinero y que un día están en Nueva York y al día siguiente en Londres, Tel Aviv o Tokio porque no tienen patria y el mundo entero les pertenece.
El sistema Epstein, si es que así puede llamarse al utilizado por ese pederasta, depredador sexual e inversor multimillonario de nombre Jeffrey, se basaba en una red de contactos que se extendía por todo el mundo y que utilizaba para el tráfico tanto de informaciones financieras y políticas como de mujeres, en muchos casos menores de edad.
Los ricos y poderosos, lo mismo si se trataba de políticos que de artistas, empresarios, financieros, diplomáticos, promotores deportivos, primeros ministros, presidentes, entre ellos de EEUU, o incluso miembros de la realeza como el ex príncipe Andrés de Inglaterra, cultivaban su amistad y se sentían siempre halagados por su presencia.
Las víctimas juveniles de su sexualidad depredadora y la de sus amigos son incontables si hemos de creer los documentos que se han hecho públicos, y sin duda lo más indignante es la impunidad de la que parece que seguirán gozando los perpetradores si se exceptúa a quien fue su celestina, la británica Ghirlaine Maxwell, hija del magnate de los medios y espía israelí Robert Maxwell.
En los llamados papeles Epstein aparecen los nombres de la flor y la nata, más bien habría que decir “la inmundicia”, de muchos que, sin haberse presentado nunca a las urnas, gobiernan hoy el mundo.
Nombres como los del hombre más rico del planeta, Elon Musk, y otros multimillonarios como el fundador de Microsoft, Bill Gates, los creadores de Google, Sergey Brin y Larry Page, Peter Thiel, que cofundó PayPal junto a Musk, o el también empresario de los sectores aeronáutico y discográfico Richard Branson.
Hay nombres que extrañan en la lista como el del gran lingüista, politólogo y activista de los derechos humanos Noam Chomsky, quien, entre otras cosas, escribió una vergonzosa carta a Epstein, tal vez por compartir la condición de judío, aconsejándole cómo defenderse de las acusaciones de las que era objeto.
No todos los nombres que allí aparecen tienen necesariamente que haber aprovechado los servicios sexuales con menores que Jeffrey Epstein ponía a disposición de sus amigos y clientes.
Hay casos en los que la relación pudo ser exclusivamente económica o financiera, pero siempre el dinero y sobre todo la posibilidad de hacer provechosos contactos con otros de la clase que llamamos “globalista” – esa clase que parece gobernar hoy el mundo- estaba por medio.