Zelenski se va con las manos vacías - por Joaquín Rábago
Zelenski se va con las manos vacías
Joaquín Rábago
Grande debe de ser hoy la decepción del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y la de tantos guerreros de despacho por la negativa de Donald Trump a poner a disposición de Kiev los Tomahawks que reclamaba.
Zelenski, que , al igual que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, hizo en Washington todo lo posible por halagar la enorme vanidad de Trump, e incluso sugirió un trato absurdo -intercambiar drones ucranianos por los Tomahawks-, salió con el rabo entre las piernas.
La última conversación del presidente de EEUU con su homólogo ruso, Vladimir Putin, pareció haber sido determinante para su cambio de opinión, una más. Y es que, por desgracia, con Trump nadie puede estar seguro de nada.
Trump le explicó a Zelenski algo tan evidente como que los misiles de largo alcance que pedía para atacar a Rusia son “un arma peligrosa” que representaría una escalada en el conflicto y que Estados Unidos los necesita además en su arsenal para su propia defensa.
En sus declaraciones a los periodistas en la Casa Blanca y en presencia de Zelenski, Trump insistió varias veces en que lo suyo era “hacer tratos” y que quería conseguir en Ucrania lo que, según él, había ya logrado en Gaza.
Da igual que la tregua en el genocidio israelí en la franja sea puro espejismo y que Israel siga asesinando impunemente a palestinos, pero Trump no quiere que esas cosas le estropeen un buen titular. Ni tampoco renunciar a un Nobel que cree que tiene mucho más merecido que la fogosa opositora venezolana que lo ganó este año.
Para Trump, que piensa sobre todo en términos de “negocios”, un acuerdo con Rusia ofrece muchas más oportunidades que permitir a Zelenski seguir enviando a sus hombres al matadero en una guerra que todo el mundo con algo en la cabeza sabe que tiene perdida.
Y no es casual que el enviado del Kremlin Kirill Dmitriev tentara últimamente a Estados Unidos con la propuesta de construcción de un túnel bajo el estrecho de Bering que uniría a Alaska con Rusia y que podría construir la empresa del magnate Elon Musk “The Boring Company”.
La decisión, uno espera que definitiva de Trump, aunque con él nunca se sabe, habrá defraudado también a los dirigentes europeos que se decían dispuestos a pagar los Tomahawks que Washington aceptase venderle a la OTAN para su posterior entrega a Ucrania.
Ahora, Zelenski y quienes le apoyan militar y financieramente tendrán que decidir si vale la pena continuar el combate “hasta el último ucraniano” sin el valiosísimo apoyo militar estadounidense que tanto esperaban o si conviene sentarse a negociar con Rusia antes de que ésta siga ocupando más territorio.
En sus declaraciones a la prensa en Washington, Zelenski volvió a mentir cuando dijo que él siempre había estado dispuesto a negociar con Putin y que fue éste a quien se negó a firmar lo negociado en Estambul cuando todo el mundo sabe que fue, por el contrario, el ucraniano quien abandonó por presiones del premier británico Boris Johnson.
Zelenski ha mentido una y otra vez a los norteamericanos sobre el curso de la guerra, pero los halcones han considerado siempre útil para su causa creer sus mentiras. Y con ellos, por desgracia también la mayoría de los líderes europeos.