
Javier Gallego Crudo comenta la separación de ANTICAPITALISTAS y PODEMOS. El artículo que señala en EL DIARIO el coherente veterano militante socialista Antonio Aguado, se queda entre ambas aguas. A medio camino. Esa frase "realista sin perder el idealismo", que me perdone el crudo, es quedarse a la mitad del análisis. Porque eso es precisamente el qui de la cuestión de la desunión entre ambas organizaciones, si al llegar al gobierno debe primar el pragmatismo o si hay que presionar para llevar a cabo los programas en donde están los ideales. Y yo, Chema Tante, insistiré en que, cuando esos ideales se centran en la solución de problemas de la gente que son urgentes, el auténtico realismo es poner toda la fuerza en cumplir los ideales. Y no hay que olvidar una cuestión: En el caso de Teresa, Iglesias ha hecho todo lo,posible por aburrir a la andaluza. Yo lo único que deseo es que Iglesias entienda que estar en el gobierno es un medio, no un fin. Y que en las elecciones, esto no se pague en votos. Cosa difícil, visto la poca perpectiva que demuestra el electorado de izquierda.

Carlos Hernández trata en este artículo que recomienda Antonio Aguado en EL DIARIO, de la vesanía de las fuerzas retrógadas que planearon sistemáticamente la rebelión del 18 de julio de 1936 y pretendieron hacerlo pasar como una reacción ante una supuesta inestabilidad social.
En TAMAIMOS, la opinión, que comparto, de Antonio de la Cruz sobre los resultados electorales venezolanoss, producto de una campaña brutal, económica y de comunicación. Parece que el neoliberalismo se niega a ser vencido y utiliza todas las armas que le confiere su poder económico.
Por mi parte veo muy difícil relanzar y revitalizar el proyecto, aunque no imposible.
El STEC-IC apuesta decididamente por la evaluación continua y global del alumnado. El profesorado coordinado que imparte sus clases al alumnado tiene un seguimiento diario para evaluar si los alumnos/as alcanzan o no los objetivos de cada etapa. Por tanto, es innecesaria la realización de una reválida que provoca, entre otras consecuencias, una segregación encubierta del alumnado y una clasificación de los centros en función de meros resultados que atienden al rendimiento.
Fernando ofrece esta oportuna información en EL PAÍS