Nota de Chema Tante: Cuando publiqué, este lunes 16 de octubre el artículo de los comisarios de la exposición Pintura y poesía: la tradición canaria del siglo XX, Fernando Castro Borrego y Andrés Sánchez Robayna, anunciaba que me reservaba el derecho de respuesta, que iba a ofrecer, por elemental respeto, el día siguiente. Como quiera que el periodista y animador cultural Michel Jorge Millares honra a La casa de mi tía enviando un artículo que explica las razones mucho mejor que yo, me siento "de momento" relevado del compromiso, con este texto. Unas palabras que suscribo totalmente, que focalizan el asunto en Jane Millares, porque la creadora fue explícítamente nombrada en unas desafortunadas declaraciones, pero que exponen con claridad los argumentos que evidencian que la muestra no solamente fue misógina, sino desertora de los principios de equidad objetiva que deben informar una selección representativa de obra y firmas, como parece indicar su título.

El primer libro que leí de Agustín Millares Sall lo compré un mes de agosto en Lanzarote, en las fiestas de san Ginés. Y no en una librería, sino en una especie de pequeño mercadillo ubicado en una plaza. Cuando salí de la isla ya lo había leído, y lo único que recuerdo es que me fascinó. Corría entonces el año 1965.


En julio de 1980 yo estaba de paso en un colegio mayor de Madrid. Debía soportar tales meseteros calores forzosamente, obligado a elevar a condición de algo imposible -un sueño, una quimera acaso- la zona sardinera de El Roquete, Gáldar, relajantes aguas marineras…

En DRAGARIA, Teodoro Santana ofrece uno de los -bastantes, pero nunca suficientes- homenajes a la memoria de Agustín Millares en su centenario. El testimonio de Teodoro se remonta a un acto de poetas en 1976, época turbulenta, pero llena de esperanzas.

Quiero creer que el buen sentido hará comprender la extrema buena voluntad constructiva que mueve esta crítica que levanta Michel Jorge Millares desde su ISLAS BIENAVENTURADAS, en el 25 aniversario de BEN MAGEC.. En efecto, la misma brutal gravedad del deterioro medioambiental obliga a exigir la máxima eficacia a quienes asumen la noble responsabilidad de defender al planeta.
El que yo, Chema Tante, difiera un tanto con Míchel Jorge Millares en el concepto estratégico del destino turístico canario, no me impide respetar y tener muy en cuenta los planteamientos y criterios de este profesional del periodismo que ha dedicado sus afanes, además de a los temas culturales canarios -le viene en sus genes, por doble vía- a los entresijos del turismo. Este artículo que publica Míchel en su ISLAS BIENAVENTURADAS saca a luz un tema esencial: el equilibrio -perdido- entre las infraestructuras construídas y el mantenimiento de los valores naturales. Míchel acepta -en eso, otra vez, discordamos- parques como el promovido por el inversor (y más nada) Kiessling en Maspalomas, pero reclama tanto o más cuidado con lo que es de verdad nuestro principal recurso: la naturaleza.



"Sería de justicia hacer lo propio, de entrada, con el trío de nuestros más señalados poetas de la segunda mitad de la pasada centuria, que por riguroso orden cronológico fueron Agustín Millares Sall, Pedro Lezcano Montalvo y Manuel Padorno Navarro. Plazas y estatuas han de perpetuar su memoria entre las generaciones actuales y las venideras."