La justicia argentina le lava la cara a la española y emite órdenes de detención contra torturadores franquistas

María Servini de Cubría. Recuerden el nombre y la imagen de una jueza que es una jueza como debe ser, consciente de su responsabilidad desde la magistratura y desde su condición de ser humano. Lo que está haciendo esta mujer quedará en la memoria de la legión de víctimas de una de las represiones más feroces que haya perpetrado el fascismo. Tan dura como la que más, más larga que ninguna otra. La justicia argentina ha sabido estar a la altura de su deber, persiguiendo a las infames dictaduras de su propio país. Por eso tiene ahora autoridad moral para abordar las fechorías de otras dictaduras. Y la gallardía del gesto de la jueza y de la justicia argentinas, por contraste, pone de manifiesto la vileza, el desentendimiento, de otra justicia cuya pasividad, su ausencia de dignidad ha hecho posible que la jurisdicción de otro país pueda actuar, en virtud del principio de la justicia universal.

En PÚBLICO, Vincenç Navarro titula este artículo, como "El dogma económico neoliberal" y en su blog personal, como "La religión neoliberal". Las dos formas convienen a un texto que poden de manifisto la manera en que, a ambos lados del Atlántico Norte, la religión neoliberal ha sustituido a la cristiana. 
Yo publico en La casa de mi tía notas de las Cámaras de Comercio, en primer lugar, porque me las mandan, cosa que creo que les honra; pero sobre todo, porque me parece que su política de información es muy positiva y hace posible que se conozca la importante tarea de asesoramiento y formación que desarrollan esta entidades, y también su opinión corporativa. A pesar de las astronómicas distancias ideológicas que me separan de sus dirigentes, no dejo de reconocer el valor de la actividad de las Cámaras canarias ni de respetar sus criterios.

La arquitectura argumental del partido nada popular, de Rajoy y sus mesnadas reposa en un cimiento tan falaz como malévolo.
Me pregunta mi amigo José Antonio que si habrá algún cuarto de La casa de mi tía en el que quepa este artículo de Javier Cercas en EL PAÍS SEMANAL. Y por supuesto que lo hay, aunque no me guste mucho agregar contenidos que son restringidos. Y, además, aunque no esté yo de acuerdo en todo con lo que dice Cercas. Pero, como siempre, moriría por respetar el derecho a la voz de aquellos con quienes no estoy de acuerdo.