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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Algunos pensamientos espigados de la obra de Albert Einstein

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ALBERT EINSTEIN
ALBERT EINSTEIN

Algunos pensamientos espigados de la obra de Albert Einstein

(Traducción del alemán por Joaquín Rábago)

El nacionalismo es una enfermedad infantil: el sarampión de la raza humana.

Mi ideal político es la democracia. Todos tienen derecho a ser respetados como personas y nadie, a verse deificado.

El Estado debe estar al servicio del hombre y no el hombre, al del Estado…El Estado debería ser servidor nuestro y no nosotros, esclavos suyos.

La política es un vaivén continuamente rejuvenecido por nuevas ilusiones entre la anarquía y la tiranía.

Sólo hay un camino que conduzca a la paz y la seguridad: la organización supranacional. El rearme de las naciones por separado sólo puede alimentar la inseguridad y la confusión generales en lugar de ofrecer protección.

Solo se podrá actuar de manera razonable en la esfera humana si se intenta busca entender los pensamientos, motivos y temores del otro, si uno es capaz de colocarse en su lugar.

Si la idea de un gobierno mundial no es realista, sólo existe una visión realista de nuestro futuro: la total destrucción del hombre por el hombre.

Nunca fui comunista, pero aunque lo hubiera sido, nunca me avergonzaría de ello.

El objetor de conciencia es un revolucionario. Cuando se niega a seguir la ley de la obediencia para mejorar las condiciones de la gente, cumple una importantísima tarea sacrificando sus intereses particulares.

Mientras haya ejércitos, cualquier conflicto serio llevará a la guerra. Un pacifismo que no combata de modo activo el rearme de los Estados peca y pecará siempre de impotencia.

Quien quiera realmente acabar con las guerras, tendrá que defender que su Estado delegue parte de su soberanía en las instituciones internacionales. Ha de aceptar, en caso de conflicto, que su Estado se someta al veredicto de un tribunal internacional.

Mientras las naciones se empeñen en una soberanía ilimitada, viviremos guerras cada vez más extensas, en las que se utilizarán armas también cada vez más potentes y más avanzadas tecnológicamente.

La guerra no es un juego de sociedad en el que los jugadores se atienen rigurosamente a las reglas. Cuando se trata de ser o no ser, las reglas y los compromisos resultan impotentes. Solo la renuncia incondicional a la guerra puede servir de ayuda.

Se ha ganado la guerra, pero no la paz. 

Europa occidental nunca se habría convertido en botín ruso si las potencias occidentales hubiesen impedido el fascismo agresivo de Hitler. Este grave error las obligaría más tarde a pedir ayuda a Rusia.

En la época de Platón, e incluso mucho después, en la de Jefferson, era posible compatibilizar la democracia con la aristocracia moral e intelectual; hoy,  la democracia se sustenta en otro principio: el de que el otro no es mejor que yo… Esta actitud no facilita la emulación.

Hay que repartir el tiempo entre la política y las ecuaciones matemáticas, aunque las ecuaciones me resultan mucho más difíciles.

Bajo al Muro de las Lamentaciones, donde obtusos hermanos tribales oran en voz alta, el rostro vuelto hacia la pared y balanceándose hacia adelante y hacia atrás. Visión lamentable de gente con pasado pero sin presente. 

Si no encontramos la forma de colaborar y pactar sinceramente con los árabes, no habremos aprendido nada en nuestros dos mil años de calvario y mereceremos nuestro destino.

Preferiría que se llegase a un acuerdo razonable con los árabes sobre la base de una convivencia pacífica antes que la creación de un Estado judío.

Nuestra actitud para con la minoría árabe será el banco de pruebas de nuestros estándares morales.

Si fuese presidente, le diría al pueblo israelí muchas cosas que no le gusta escuchar a la gente.

Es imposible desacostumbrar a un gato de la caza de pájaros.

Gozo cuando otros gozan, sufrimiento cuando otros sufren: ésa es la mejor guía del hombre. 

Hemos de hacer todo lo mejor de lo que seamos capaces. Tal es nuestra sagrada responsabilidad como seres humanos.

La teoría de la relatividad es una ciencia abstracta y compatible con cualquier concepción del mundo.

Cuando se alcanza cierto saber técnico, la ciencia y el arte se funden en estética, plasticidad y forma. Los más grandes científicos son siempre a la vez artistas.

Creo que cada teórico auténtico es una especie de metafísico domesticado aun cuando él mismo se considere un positivista puro.

Quienes han trabajado intensamente por el progreso del conocimiento de nuestro mundo físico nunca han perseguido objetivos prácticos y mucho menos militaristas.

Una teoría es tanto más impresionante cuanto mas sencillas son sus premisas, cosas más diversas combina y más amplio es su campo de aplicación.

En mi nueva patria (EEUU) me he convertido en una especie de “enfant terrible” porque me siento incapaz de tragar en silencio todo lo que sucede.

JOAQUÍN RÁBAGO
JOAQUÍN RÁBAGO


 

mancheta abril