El 12 de noviembre de 2017 se realizó en Madrid la primera manifestación antirracista que denunció el racismo estructural que nos afecta. Un racismo que se sustenta en la herencia colonial y cuyo origen estructural se encuentra en la economía de la desigualdad.
Personas racializadas y no racializadas coincidimos que el racismo no es sólo la expresión de determinados grupos sociales. El racismo es algo más que una expresión social. El racismo es la pieza clave de ese sistema llamado capitalismo. Para que el sistema funcione es imprescindible que el racismo lo impregne todo.
Cuando abordamos los orígenes del capitalismo nos encontramos con el comercio de esclavos que, a partir del siglo XVI, fue patrocinado y alentado -apoyando a las compañías negreras- por la monarquía española. El objetivo de los Borbones era aumentar sus riquezas en base al expolio y financiar sus guerras, sus gastos militares.
Hoy en día, salvando las distancias históricas y antropológicas, el tráfico de esclavos lo encontramos a seis kilómetros de la Puerta del Sol en Madrid. En la plaza Elíptica, todos los días, a partir de las siete de la mañana personas migrantes ofrecen sus servicios. Sin contratos, sin derechos y expuestos al abuso. En muchos casos trabajan y no les pagan. Un sistema de explotación de personas a la vista de todos/as, con el consentimiento de todos y la presencia de la misma policía que garantiza el sistema de explotación.
El capitalismo y todo su entramado: jueces, instituciones públicas, empresarios/as, banca necesitan animar y proteger la precariedad y los contratos basura.
La violencia contra las personas ha sido una constante en el desarrollo del capitalismo. La colonización se basó en el exterminio de pueblos enteros. ¿El objetivo? Mantener los ritmos de trabajo y asegurar la extracción de materias primas y minerales.
La colonización se inició ejerciendo violencia. El 16 de noviembre de 1532 los españoles llegaron a Cajamarca, localidad de Perú, secuestraron al inca Atahualpa y pidieron un rescate en oro y plata. Durante la emboscada para secuestrar a la autoridad nativa fueron asesinadas más de dos mil personas. Los y las habitantes del Tahuantinsuyo consiguieron las cantidades de oro y plata que los conquistadores exigían para poner en libertad a Atahualpa. Pero los enviados por la corona española no cumplieron con liberar a Atahualpa, se quedaron con el oro y la plata y asesinaron a la máxima autoridad inca.
Hoy en día la actividad extractivista, que ya se hacía en tiempos de la colonia, la hacen empresas transnacionales de China, Rusia, Estados Unidos pero también de España y otros países de Europa. En muchos casos esta actividad extractivista conlleva amenazas, coacciones y hasta el asesinato de activistas ecosocialistas que denuncian la extracción de recursos naturales que condenan a muchos pueblos a la miseria.
Pero la colonización no sólo es patrimonio de los conquistadores españoles en tierras de la Abya Yala.
Como bien dice Arun Kundnani, en “Qué es el antirracismo y por qué significa anticapitalismo” (Katakrak 2023), en el caso estadounidense, el auge del fascismo en los últimos años está firmemente conectado con las guerras neocoloniales de Estados Unidos en el extranjero. Tras la guerra de Vietnam, surgió un movimiento de poder blanco entre veteranos que reunió al Ku Klux Klan, neonazis, skinheads y otros activismos.
La colonización, a través de asentamientos sionistas en la década de 1880, ha sido y es el instrumento para la explotación de recursos naturales en Palestina. Existen intereses energéticos de los yacimientos de gas y petróleo frente a las costas de Gaza. La ocupación de tierras, el desplazamiento de las personas palestinas en favor de un proyecto expansionista sionista con la complicidad de Reino Unido, Estados Unidos y países de Europa hace que el movimiento sionista establezca una línea abismal entre el sujeto colonizador blanco, según ellos portador de la civilización y el progreso, y el sujeto autóctono no blanco, en este caso palestino, representante de la barbarie y el atraso. En Palestina asistimos a un proceso colonizador basado en el racismo y el exterminio de un pueblo para garantizar los intereses del capitalismo a escala mundial.
Por lo tanto, existe una fuerte relación entre capitalismo y racismo. Pero el desarrollo del capitalismo y el racismo no sería realidad sin el aliento y la cobertura de instituciones del Estado y otras entidades. Estas tienen el objetivo de garantizar impunidad.
Muchas han sido las muertes de personas migrantes bajo responsabilidad del Estado. El Estrecho es una fosa común en el que miles de cadáveres hacen frontera entre el norte enriquecido con el sur empobrecido. El Estado, siempre, recurre a la violencia para ejercer el control de los flujos migratorios de acuerdo a los parámetros del mercado.
La regularización de la población migrante siempre ha estado condicionada a la demanda de las empresas y empresarios, siempre en función del mercado laboral. No se regulariza en función de los derechos de las personas. Queremos trabajadores pero sin derechos, sin papeles, para garantizar el beneficio empresarial. Mano de obra barata siempre disponible.
Por otro lado, existen mecanismos que se articulan desde el sistema con la finalidad de mantener las desigualdades, la explotación y asegurar el funcionamiento del sistema capitalista.
En este mecanismo perverso existen colaboradores esenciales. Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y los llamados think tank vinculados a laboratorios militares, empresas privadas y académicas.
En unos casos “blanquean” el racismo y en otros lo justifican. Mantienen un sistema de “colchón social” para evitar los estallidos sociales y las insurgencias. Los dineros que reparten las ONG, en muchos casos, provocan rupturas al interior de las comunidades locales. Alientan la corrupción y aseguran el statu quo del sistema.
Los medios de comunicación también tienen su papel en todo este entramado del “racismo institucional”. En muchos casos favorecen el antirracismo moderado con sus representantes aceptados por el sistema. Dóciles pero que no cuestionan las estructuras de la opresión. Figuran en los medios públicos pero no arremeten contra el gobierno o el Ministro responsable de la muerte de personas migrantes.
Y una última cuestión.
A lo largo de la historia del capitalismo también habido oposición, población organizada antirracista, insurgencias, levantamientos anticoloniales. Y eso es un aprendizaje para hoy.
En el horizonte está una Europa más militarizada y racista, el auge de la privatización de servicios públicos bajo el paraguas del capitalismo, el auge de la extrema derecha y el auge del racismo institucional. Necesitamos levantar un amplio movimiento activista antirracista y anticapitalista que conecte con las luchas de los pueblos a lo largo de su historia. Como destacó Angela Davis: «en una etapa de neoliberalismo y capitalismo global, el internacionalismo de la lucha racial es más importante que nunca».
En el combate contra el capitalismo es imprescindible la lucha antirracista, decolonial y antipatriarcal.
* Gracias a Pepe Mejía y PODER POPULAR y a la colaboración de Mari Villarmin
Pepe Mejía es miembro del Colectivo de Peruanxs en Madrid y corresponsal para Europa de Lucha Indígena
https://poderpopular.info/2024/11/08/el-antirracismo-y-la-lucha-contra-el-capitalismo/
