Xi Jinping, presidente de China, admiró el Casco Histórico Vegueta-Trana, visitándolo, tesoro éste que a la alcaldesa socialista incomprensiblemente no le gusta - por Erasmo Quintana
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Xi Jinping, presidente de China, admiró el Casco Histórico Vegueta-Trana, visitándolo, tesoro éste que a la alcaldesa socialista incomprensiblemente no le gusta
Erasmo Quintana
Este ingeniero químico por la Universidad de Pekín, donde también realizaría estudios sobre Teoría Política y Economía, hace unos días su avión tuvo que hacer una escala técnica en nuestra Isla, Gran Canaria, y en la capital alojarse en el Gran Hotel Santa Catalina. El viaje respondía a su intención de asistir al Foro de Cooperación Asia-Pacífico, a celebrar en Perú.
En 2012 había sido elegido Secretario General de PCCh y presidente de la Comisión Militar Central. Al año siguiente asumió el cargo de presidente de la República Popular China. Sus principales actuaciones políticas han sido la lucha contra la corrupción dentro de su partido y el fortalecimiento del control del Estado sobre la economía y la sociedad. Entre otros, ese ambicioso proyecto suyo para la óptima conectividad comercial entre Asia, Europa y África; respetando el enfoque centralizado, ha introducido reformas para permitir ciertos sectores económicos. Y en lo social es donde se le nota esa vis dictatorial de izquierdas, aumentando la vigilancia del Estado en el control de Internet y resto de medios de comunicación. Con un perfil pragmático, su ideología es conocida como “Pensamiento de Xi Jinping”, en el que proclama el nacionalismo chino. También demuestra una especial sensibilidad para la belleza y la Cultura.
El poderoso primer mandatario chino, hizo una breve escala técnica en Gran Canaria para continuar su viaje a Perú, donde participó en el Foro de Cooperación. Esta parada la hizo en el mayor de los anonimatos, pues no quiso reuniones oficiales con ninguna autoridad local, salvo el encuentro que mantuvo con el Embajador chino. Con esta inesperada visita, Gran Canaria sin duda se enmarca dentro de la ruta internacional y la importancia estratégica de nuestra Isla, en su dimensión principal de conexión en la Ruta Transatlántica, igual que ocurrió con el descubridor del Nuevo Mundo, Cristóbal Colón.
No le faltó tiempo a Xi Jinping para visitar el Barrio Histórico Vegueta-Triana, donde contempló con delectación la rica joya que tenemos por herencia cultural y arquitectónica en la capital. Huésped del Hotel Santa Catalina, ¿quién lo animó -no se conocía su inquietud cultural-, para que visitara tan emblemático lugar? Me recuerda esto un poco a cuando de joven, en mi pueblo, Gáldar, me llamaba la atención viendo bajar grupos de turistas ingleses a la zona de la Cueva Pintada, cuya entrada era un cercado de plataneras, para ver el tesoro que teníamos allí, cosa que los foráneos conocían mejor que nosotros. La inmensa mayoría de los galdenses desconocían la importancia de aquel tesoro.
El mandatario también estuvo en la Casa de Colón, convertida como se sabe, en Museo de la época Colombina. Allí pudo conocer datos importantes sobre la Historia del Descubrimiento y de Cristóbal Colón, así como su conexión con nuestras islas Gran Canaria y La Gomera. Lugar que en opinión ilustrada, resalta la gran importancia histórica del Archipiélago Canario. Se hospedó, decíamos, durante su estancia entre nosotros en el Gran Hotel Santa Catalina, donde una de sus medidas fue pedir que desalojaran a todo el personal del Centro, porque es costumbre que el séquito a su servicio sea quien lo atiende en todas sus necesidades.
Esta anecdótica y fugaz visita del presidente chino, Xi Jinping, pone de manifiesto y sobre el tapete una realidad incuestionable, cual es la incuria pertinaz y la displicencia que muestran nuestros representantes políticos en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria con su alcaldesa (PSOE) a la cabeza, Carolina Darias. ¿Cómo se le habrá quedado el sombrero, aquello que no tiene sentido, viendo que un esporádico personaje de importancia mundial, parece que conozca mejor que ella el inmenso valor de un patrimonio cultural, el cual quiso ver in situ y de primera mano, aprovechando su escaso tiempo libre? Sobre todo, porque pone en clara evidencia el concepto que parecen tener los mandatarios responsables de la capital. Alguien viene de fuera y le da a Vegueta-Triana mucho más valor que sus naturales vecinos o conciudadanos responsables. Yo no sé ustedes, mis amigos, pero el disparate de marras es algo tan ilógico, tan fuera de razón, que no me cabe en la cabeza. Parece que estuviéramos todos locos.
Sin duda, el máximo dirigente chino fue a disfrutar de la belleza de aquellas vetustas edificaciones con sus tortuosos callejones, cálidos y misteriosos en su mayoría, donde se respira el ambiente de la época lejana de la Conquista castellana; casonas que por lo general, si nos adentramos en ellas, nos hablan, nos muestran cómo era el estilo de vida familiar, sus necesidades del tiempo en que se levantaron lleno de vicisitudes, dureza y carencias lógicas de un entorno necesitado de todo para permanecer.
La pregunta que yo me hago una y otra vez es ¿dónde está el pundonor de la máxima autoridad municipal, la alcaldesa, cuando en vez de hacer que camine de nuevo la petición, hace tiempo aprobada en el Ayuntamiento de la capital por unanimidad, así como por el Cabildo de Gran Canaria y Gobierno Autónomo Canario, ambos también por unanimidad, además de presentada en tiempo forma en el Ministerio de Cultura, que los únicos esfuerzos de la alcaldesa se encaminen a poner palos en las rudas y toda clase de trabas para que no ilusione ni se apruebe la solicitud ante la UNESCO, para que el Centro Histórico Vequeta-Triana por fin se convierta en Patrimonio Mundial Cultural por esa alta institución. No entiendo que una propuesta que sale de todos los ámbitos del pueblo como una aspiración y beneficio general, que sea aprobada en los foros del Municipio, la Isla y Parlamento regional (todos a favor de la misma propuesta), luego ninguna institución mueva un solo dedo para llevarla a cabo. ¿Qué pasa aquí? Aprobar una solicitud en un Pleno por unanimidad, ¿no obliga nada de nada a ningún organismo que la aprobó? ¿Qué valor tiene lo que se aprueba en un Pleno?
Erasmo Quintana