​“Ése no tendría que salir nunca de la cárcel” - por Joaquín Rábago



 

​“Ése no tendría que salir nunca de la cárcel”

Por Joaquín Rábago

“´Ése no tendría que salir nunca de la cárcel”, escuché decir el otro día a un ciudadano que departía en un grupo con otros en una plaza de la localidad gaditana de  El Puerto de Santa María.

No me costó imaginar de quién hablaban: un ex ministro del gobernante Partido Socialista y su confidente habían ingresado en prisión el día anterior, acusados de corrupción en grado sumo por el asunto de las mascarillas en plena pandemia.

ÁBALOS KOLDO

Yo había visto esa misma mañana en los periódicos la foto del ministro y ex secretario de organización del PSOE de Pedro Sánchez llevando en las manos una mochila y exhibiendo una especie de sonrisa felina.

Es verdad que ahora que sabemos al menos parte de lo sucedido, porque el dinero de los sobornos de los que se los acusa aún no ha aparecido, uno se fija en los rostros de los dos acusados y se pregunta cómo es posible que semejantes personajes hubieran inspirado confianza en su momento.

Pero así son las cosas, y lo más tremendo es que se trata de dos sedicentes socialistas porque la corrupción la hay también, y a mansalva,  en el principal partido de la oposición, el PP de Núñez Feijóo, como la hubo en el anterior de Mariano Rajoy.

La diferencia es que la corrupción en política, el abuso del poder para el propio beneficio, es un vicio hacia el que ha habido siempre mucha mayor tolerancia en la derecha, en los partidos conservadores, que en la izquierda.

La corrupción en la izquierda es tóxica, y no sólo es más castigada por quienes votan o militan en ella, sino que da amplia munición a los medios para acusar in toto y sin distinciones a la formación de que se trate.

El daño no sólo inmediato, sino también a medio plazo que esos dos presuntos delincuentes y algunos otros han hecho al partido fundado en 1879 en la madrileña y aún existente Casa Labra por el tipógrafo Pablo Iglesias es inconmensurable.

PABLO IGLESIAS POSSE PSOE

Gobernar es también saber elegir a los colaboradores, rechazar el enchufismo, sin duda uno de los grandes vicios a todos los niveles de este país, no dejarse engañar por actitudes de servilismo o simple peloteo. 

Ignoro hasta qué punto el líder del partido y actual  presidente del Gobierno es responsable, al menos como se dice ahora “in vigilando”, pero el destrozo causado no sólo al propio PSOE sino a la democracia española en su conjunto y al prestigio exterior del país tardará sin duda en repararse. 

Y lo peor es que enfrente hay sólo un Partido Popular sin  programa,  con un líder débil y por tanto fácil presa de una ultraderecha que,  sin programa que no sea la identificación de inmigración y delincuencia,  no deja de avanzar en las encuestas.  

JOAQUÍN RÁBAGO