En todas partes cuecen habas - por Joaquín Rábago
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En todas partes cuecen habas
Joaquín Rábago
Leo en el principal diario en papel de este país unas declaraciones del periodista disidente ruso y premio Nobel de la Paz Dmitri Muratov, quien, sin que pueda extrañarnos, echa pestes sobre la Rusia de Putin.
No conozco la Rusia actual. La única vez que estuve allí fue en mi época de estudiante de lenguas extranjeras cuando formaba parte de la Unión Soviética y los españoles teníamos prohibido viajar a ese país entonces comunista y a los llamados ”países satélites”.
Lo hice en una excursión organizada desde Finlandia, tras solicitar un visado en la embajada soviética en Helsinki, algo que hoy sería imposible, dado que ese país nórdico ha renunciado a décadas de provechosa neutralidad para formar parte de la OTAN y tiene cortadas sus relaciones con Rusia, en la que ahora sólo ve “una amenaza”.
No puedo opinar sobre lo que sucede actualmente en Rusia, salvo por lo que escucho y leo en medios internacionales, sobre todo de EEUU, ya que la democrática Unión Europea ha prohibido la difusión de todos los medios rusos para evitar supuestamente que nos contagie su “propaganda”.
No voy a poner por tanto en duda lo que Muratov afirmó en una reunión de “empresarios, economistas, políticos y banqueros” celebrada en Vigo y bautizada en inglés, como es de rigor: “Vigo Global Summit”. Hoy por cierto a todo se llama “cumbre”.
En sus declaraciones al diario, Muratov, director del periódico “Novaya Gazeta”, califica al presidente ruso de “líder autoritario desde que llegó al poder en 2000”, y no me cabe duda de que Vladimir Putin lo es.
Me pregunto, sin embargo, si Muratov prefiere para dirigir un país multiétnico y multirreligioso, acosado continuamente desde Occidente, un político débil y dipsómano como Boris Yeltsin, a quien EEUU manejó como quiso y que precipitó a su país a una situación tan desastrosa que explica mucho de lo ocurrido después.
No dudo de lo que dice el periodista ruso de los “recortes a la libertad” de expresión. Habla también del asesinato de algunos de sus compañeros y comprendo la decepción que expresa con los dirigentes europeos, a los que acusa de haber estado siempre más interesados en el petróleo y el gas rusos que en la situación de los derechos humanos.
Y es también cierto, como explica en tono muy crítico, que varios dirigentes y ministros de países europeos empezaron a trabajar en compañías rusas, entre ellos el ex canciller federal alemán Gerhard Schroeder o el ex primer ministro francés François Fillon.
Por cierto que el socialdemócrata Schroeder es uno de los pocos políticos alemanes que sigue defendiendo el diálogo con el Kremlin frente a muchos de sus antiguos compañeros de partido que reniegan hipócritamente de su pasado y abogan por el rearme frente a Rusia.
Denuncia Muratov los cierres de periódicos y medios de comunicación críticos con el gobierno de Putin, pero en ningún momento hace referencia a lo que sucede en Ucrania, donde también se han prohibido partidos, medios críticos e incluso se ha retirado el estatus oficial a la lengua rusa, que hablan millones de ucranianos.
No es por supuesto su obligación. Él critica sólo lo que sucede en su país, pero hace afirmaciones gratuitas como la de que en las democracias europeas uno puede salir a la calle y manifestarse sin miedo a ser detenidos como en Rusia.
Debería preguntárselo a muchos que se han manifestado en las calles de Londres, París, Berlín y muchas otras ciudades europeas en contra del genocidio de Gaza o a algunos periodistas que se han visto incluso detenidos por denunciarlo.
Y es al mismo tiempo significativo que evite opinar, como dice el periódico, sobre las diferencias de trato de la UE a Rusia e Israel pese a que claman al cielo.
Dice Muratov estar gestionando una visita a Gaza para ver lo que allí pasa “con sus propios ojos”, pero a priori señala diferencias: “la tragedia de Gaza, comenta, es diferente de la ucraniana”.
“Hamás, afirma, provocó a Israel, Ucrania en ningún momento provocó a Rusia. Ni amenazó, ni hubo ataques terroristas”. Y añade, “los árabes y los judíos” no han sido nunca hermanos, a diferencia de rusos y ucranianos.
Habría que recordarle, si es que no lo sabe o sólo prefiere callarlo, que Israel lleva expoliando y asesinando impunemente a centenas de miles palestinos desde su misma creación por la ONU como Estado en 1948.
Y que en Ucrania, ese país hermano de Rusia, hubo en 2014 un golpe promovido por la CIA contra un gobierno elegido democráticamente como era el de Viktor Yanukóvich, cuyo objetivo no era otro que convertir a ese país en una cabeza de puente de la OTAN en su estrategia de acoso a Rusia. Un país que está siendo ahora destruido sin remedio.