Alemania: burros sí, pero no niños palestinos - por Joaquín Rábago
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Alemania: burros sí, pero no niños palestinos
Joaquín Rábago
Es una historia que parece inverosímil si no fuera real la que cuenta el periodista alemán de origen polaco Leon Wystrychovski en la red digital estadounidense Mondoweiss.
Una organización de defensa de los animales con sede en el “land” alemán de Baja Sajonia llamada Starting over sanctuary ha rescatado a cuatro burros procedentes de Gaza.
Alemania ofrece asilo a los burros de Gaza. ¿Niños de Gaza? No se les permite - Leo Wystrychovski
MONDOWEISS
Según el diario que publicó primero la noticia, los burros, transportados en avión hasta Alemania, “han dejado atrás hambre, miseria, palizas y explotación” y se han aclimatado muy bien al nuevo entorno.
“Los cuatro animales se muestran muy confiados, habida cuenta de las experiencias tan terribles que han sufrido”, escribe el periódico.
A uno le parece muy loable toda iniciativa en defensa de cualquier animal, ya se trate de perros, burros o de astados. Me viene a la memoria un monumento cerca del Hyde Park dedicado a “los animales en la guerra”.
Se trata, es cierto, de una iniciativa de particulares, que, sin embargo, contrasta con la total falta de empatía de las autoridades germanas con las víctimas del genocidio de Gaza.
Genocidio que continúa diariamente con el asesinato de cientos de civiles por el Ejército de Israel, “el más moral del mundo”, según Benjamín Netanyahu, a despecho del supuesto “plan de paz” de Donald Trump.
Mientras que otros gobiernos europeos han admitido en sus países a niños palestinos heridos en los bombardeos israelíes, Alemania sólo ha acogido a dos en los últimos años.
Pese a que algunas ciudades del país declararon su disposición a recibir a los niños para que pudiesen someterse en ellas al tratamiento médico que necesitaban, tanto el ministerio de Asuntos Exteriores como el del Interior frustraron esos buenos propósitos.
El argumento utilizado para su negativa es que los padres que los acompañaban tenían que ser sometidos al más estricto escrutinio de seguridad. Se supone que por si fueran “terroristas” de Hamás.
Las autoridades germanas incluso denegaron la entrada a un bebé palestino a pesar de que sus padres tenían permiso de residencia en el país, aunque posteriormente un tribunal revocó por fortuna aquella decisión.
Otro caso es el de un niño de un año enfermo de cáncer, condición que no resulta sorprendente en medio de aquella carnicería, que no pudo ser tratado en Alemania pese a que se había recaudado el dinero necesario para su ingreso en una clínica privada.
Las organizaciones encargadas del transporte de los pequeños enfermos debían firmar en cualquier caso una declaración que garantizase que los pacientes y sus familiares debían abandonar Alemania en cuanto acabase el tratamiento.
Hay que recordar, por otro lado, que Alemania es, después de Estados Unidos, el segundo suministrador de armas a Israel y que ha reanudado sus envíos de material bélico al ejército sionista ese país pese a que continúa el genocidio.
En contraste con lo que sucede con los palestinos y quienes los apoyan, objeto muchas veces de represión por parte de las autoridades alemanas, los ucranianos que huyeron de su país tras la invasión rusa -y hay más de 1.2 millones en Alemania- encontraron allí todo tipo de facilidades. ¿Será porque son blancos?