Mucho ruido y pocas nueces en la reunión de Washington - por Joaquín Rábago
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Mucho ruido y pocas nueces en la reunión de Washington
Joaquín Rábago
De “mucho ruido y pocas nueces” o, si se prefiere, de “parto de los montes”, puede calificarse el resultado de la reunión de los líderes europeos y el presidente ucraniano para presionar a Donald Trump y hacerle cambiar una vez más de opinión.
Al final, todos pusieron buena cara y se felicitaron de que la reunión del presidente estadounidense con su homólogo ucraniano hubiese sido cordial frente al espectáculo humillante para el ucraniano de su anterior y sonada visita a la Casa Blanca.
Pero los europeos no parecen haber conseguido esta vez su principal objetivo: que el republicano se sumara a sus presiones militares y económicas al Kremlin para obligarle a aceptar un alto el fuego inmediato como quiere Kiev.
En su cumbre de Alaska con el presidente ruso, Trump había terminado aceptando la tesis rusa de que nada impide avanzar mediante negociaciones hacia un tratado de paz sin que callen antes las armas.
Pero Zelenski y sus aliados europeos exigen un cese incondicional de las hostilidades antes de que se empiece a hablar.
Es algo de que no se fían los rusos porque, como reconoció indirectamente el propio Trump, ello no impediría seguir armándose a Ucrania, que está perdiendo la guerra si es que ya no la ha perdido totalmente.
Ocurrió ya antes, como todo el mundo sabe o debería saber, con las negociaciones de los acuerdos de Minsk, primero, en las que intervinieron los Gobiernos de París y Londres, y más tarde con las de Estambul, cuyo fracaso la propaganda de la OTAN atribuye una y otra vez exclusivamente a Putin.
Tampoco parecen haber conseguido Zelenski y los líderes europeos que le arroparon garantías de seguridad para Ucrania una vez que acabe el conflicto.
En su red social, Trump descartó totalmente que Ucrania pueda un día entrar en la OTAN y quede así amparada por el famoso “artículo 5”, que considera un ataque contra alguno de sus miembros como un ataque a todos.
Se habla una y otra vez de la futura presencia de tropas de la OTAN en el territorio ucraniano no ocupado como principal garantía de seguridad, pero el algo que Moscú rechaza tajantemente por ser precisamente esa alianza militar parte en el conflicto.
El ministro alemán de Exteriores, Johann Wadephul, de visita en Japón, se mostró vago al respecto y se limitó a decir que había que aumentar las presiones sobre Rusia y la ayuda militar a Ucrania para que ésta pueda defenderse eficazmente una vez logrado el alto el fuego.
El presidente del partido alemán Die Linke (La Izquierda), Jan van Laken, propuso a su vez una misión de la ONU que podría estar integrada por entre 30.000 y 40.000 cascos azules y de la que formasen parte también soldados chinos porque los rusos nunca dispararían contra ellos.
Se habla de garantías de seguridad para Ucrania, pero no sin razón exige a su vez, el Kremlin garantías de seguridad también para Rusia frente al cerco militar incesante de la OTAN.
¿Por qué no pensar entonces en una nueva arquitectura de seguridad que abarque a todos el continente y en negociar nuevos acuerdos de desarme y control de armamentos, dado que los que había, salvo el New Start, a punto también de caducar, ya no existen.
Pero no es lo que quieren los neocons estadounidenses, lobistas todos ellos de la industria de defensa, como el senador Lindsey Graham, que pretende incluso que se declare a Rusia “Estado terrorista”.
A éstos y no a los cada vez más insignificantes líderes europeos es a quienes más teme Trump.