Peores que los nazis - por Joaquín Rábago
Peores que los nazis
Por Joaquín Rábago
El actual ocupante de la Casa Blanca, su ministro de la Guerra y quienes apoyan en el Congreso de Washington la campaña de muerte y destrucción que aquél ha lanzado contra Irán son, si cabe, peores aún que los nazis.
Sin el mínimo disimulo, esos políticos y legisladores estadounidenses no son ya sólo cómplices, sino decididos colaboradores en esa criminal campaña.
Diariamente manifiestan ante el mundo, sin siquiera ocultarlo como se molestaban al menos en hacer los hombres de Hitler con los judíos, el placer que les proporciona masacrar a otros seres humanos, sobre todo si son musulmanes.
Parecen psicópatas, y lo son, individuos como el presidente de ese país, Donald Trump, el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, y legisladores como el senador de Carolina del Sur, Lindsey Graham, por citar sólo a los tres más prominentes, aunque son legión
En el caso de Trump, los medios recogen diariamente sus amenazas a Irán, tan delirantes como inconexas y que le hacen preguntarse a uno por qué no se envía inmediatamente a un loquero a la Casa Blanca a ponerle una camisa de fuerza si es que aquel país no quiere convertirse todo él en un manicomio.
El secretario de la Guerra, que lleva con orgullo la nueva denominación de un ministerio que antes se llamaba hipócritamente de Defensa, parece sentir orgasmos cuando habla de machacar al enemigo que está ya en el suelo.
O cuando tacha de “estúpidas” las más elementales leyes de la guerra, habla de desencadenar sobre sus enemigos “la violencia más abrumadora” y propone acabar con las limitaciones a lo que puede hacer un ejército con la población civil del país atacado
Hegseth, que lleva una cruz de Jerusalén tatuada en el pecho y en una ocasión gritó, según testigos, “¡muerte a todos los musulmanes!”, afirma que el islam no es una religión de paz y que su objetivo es conquistar Europa.
El que fue en su vida anterior presentador de la cadena de televisión Fox, la más mentirosa de todas las existentes en Estados Unidos, se dice partidario de “una cultura de guerra”, que acabe con todo lo “políticamente correcto” y ha animado a dimitir inmediatamente a los militares que no compartan sus ideas.
¿Y qué decir también del veterano senador Lindsay Graham, que dijo en cierta ocasión que había que lanzar sobre Gaza una bomba atómica como las que arrojó su país sobre las ciudades japonesas Hiroshima y Nagasaki?
O que afirma que Donald Trump, a quien babosamente califica como “el más importante comandante en jefe de todos los tiempos”, está “reseteando el mundo como nadie podía siquiera imaginarse hace un año”.
Y añade, a propósito de los aliados árabes de EEUU en la región, que Irán los está golpeando y que, si quieren seguir teniendo acuerdos con Washington, han de implicarse directamente en la guerra contra Irán.
¿Ha escuchado acaso Graham al multimillonario empresario emiratí Jalaf Ahmad Al Habtoor, quien preguntó el otro día a Trump en un tuit quién le había dado permiso para convertir la región de Oriente Medio en “un campo de batalla”?
