El pulgar neroniano de Donald Trump - por Joaquín Rábago
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El pulgar neroniano es el gesto utilizado, según la leyenda, por Nerón para perdonar o no la vida al gladiador de turno.
El presidente de EEUU, Donald Trump, debe de sentirse hoy como aquel emperador romano, sólo que el escenario de su gesto no es el Coliseo de Roma sino el globo.
Trump mantiene en vilo a todo el planeta, al menos a quienes disponen de radio o Tv para seguir alarmados en cualquier lugar del mundo los sucesos de Oriente Medio.
¿Se sumará o no Estados Unidos a la guerra ilegal desatada por su genocida aliado contra el régimen de los ayatolas, lo que significaría no sólo la destrucción de Irán, sino también posiblemente la de Israel?
¿O son sus amenazas sólo una finta, un amago como a los que está acostumbrado en las negociaciones comerciales con otros países para conseguir si no todo, al menos parte de lo que quería?
Es en cualquier caso el suyo un juego peligroso, tan irresponsable como el del propio Benjamín Netanyahu, quien sólo para salvar su propio y despreciable pellejo es capaz de derribar, como el bíblico Sansón, el templo con toda la congregación dentro.
“Mr. President, finish the job!” (¡Remate la tarea, Presidente!”, rezaba el otro día un enorme cartel colgado en la fachada de un edificio de Tel Aviv.
No le piden otra cosa con un talante entre genocida y suicida muchos ciudadanos israelíes, que han asistido insensibles a la masacre de Gaza por su propio Ejército.
Y es lo que le exigen los neocons de su propio partido como el sádico senador republicano Lindsay Graham, que hace poco proponía el lanzamiento de una bomba nuclear sobre Gaza como única forma de acabar con Hamás.
Nadie sabe qué hará finalmente Trump y él mismo parece disfrutar teniendo en vilo al mundo entero: “Nadie sabe qué es lo que haré”, declaraba el otro día a los medios.
Es posible que ni él mismo lo sepa porque, como dicen quienes mejor le conocen, cambia continuamente de opinión, según el último cuchicheo a su oído.
Y quienes más le cuchichean últimamente parecen ser los individuos más peligrosos de la Administración, ésos que se conoce muchas veces como “el Estado profundo”.
El famoso periodista Tucker Carlson se pronunció el otro día en una conversación con el ideólogo conservador Steve Bannon contrario a que Trump embarque al país en la guerra con Irán porque sería hacer lo opuesto a lo que prometió en la campaña.
Pero como tantos otros políticos de ese país, Trump se debe al dinero del poderoso lobby judío, al que ya hizo en su anterior mandato grandes favores como el traslado de la embajada de EEUU a Israel o el reconocimiento de los altos del Golán, que el Estado sionista robó a Siria.
La guerra contra Irán es, sin embargo, otra cosa: Estados Unidos tiene a sus soldados en bases militares distribuidas por la región, que se convertirían en fácil blanco de los misiles iraníes.
Y además, una cosa es bombardear un país desde el aire como se hizo con Libia y otra, muy distinta enviar allí a tropas terrestres para una duradera ocupación. La guerra para salvar a Bibi podría acabar con la presidencia del Donald.