¡Que viene Putin! - por Joaquín Rábago
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¡Que viene Putin!
Joaquín Rábago
Con el poco creíble espantajo de la amenaza rusa, los gobiernos europeos hablan continuamente de que hay que preparar a sus países para la guerra.
Se trata, dicen, de defender nuestras democracias frente al totalitarismo de la Rusia de Putin.
Prístinas democracias donde, como ocurre en algunas de ellas, se detiene y se persigue judicialmente a la gente por llevar una pancarta de solidaridad con Palestina.
Democracias en las que con el argumento de que la defensa del país debe tener prioridad absoluta en el presupuesto, se aplican recortes a todo lo demás.
Se reducen las prestaciones sociales, se deja empeorar la sanidad y la educación pública a favor del sector privado, se recortan las pensiones y se retrasa la edad de jubilación.
Y mientras tanto se pide a los jóvenes que se presenten voluntarios a defender los restos del naufragio porque, de lo contrario, habrá que reintroducir el servicio militar obligatorio de los viejos tiempos.
Los medios de comunicación han tratado de hacer bien su trabajo, que no es otro que el de preparar a la sociedad para los sacrificios que se avecinan.
Alemania, por ejemplo, aspira a unas fuerzas armadas de 460.000 personas, entre personal activo y reservistas, de lo que está hoy todavía muy lejos.
Los jóvenes que hayan cumplido 18 recibirán a partir de 2027 un cuestionario sobre su disposición a servir voluntariamente a la patria.
Y si, como parece más que probable pese a la masiva propaganda mediática sobre la proximidad del peligro ruso, habrá que recurrir al final a la obligatoriedad del servicio militar.
Su reintroducción gradual y no inmediata, como quieren algunos, tiene como principal objetivo el de concienciar sobre todo a las nuevas generaciones.
Cuando se incrementa la presencia de instructores de las fuerzas armadas en las escuelas, se deja de enseñar en ellas disciplinas relacionadas con la paz y se fomenta la formación militar, se somete a toda la sociedad a una lógica de guerra.
Lógica de guerra en un país protagonista de dos desastrosas guerras mundiales y que prometió tras su derrota en la segunda aquello de “Nie wieder Krieg!” (¡Nunca más guerra!).
La mayoría de los jóvenes alemanes – hasta un 81 por ciento de los nacidos entre 1995 y 2010- confiesan no estar dispuestos a dar su vida por la patria.
Y la introducción paulatina, en una primera fase con carácter voluntario, del servicio militar en el país tiene el claro objetivo de debilitar la resistencia de las nuevas generaciones, no dispuestas al parecer a sacrificarse por un país que ni siquiera garantiza que cobrarán sus pensiones.