De quién depende hoy la paz mundial - por Joaquín Rábago
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De quién depende hoy la paz mundial
Por Joaquín Rábago
Todas las mañanas, mientras me cepillo los dientes frente al espejo, me pregunto cómo es posible que la paz mundial dependa hoy de un personaje como Donald Trump.
Ni siquiera el gran comediógrafo francés Jean-Baptiste Poquelin, alias Molière, pudo imaginarse a un personaje tan ridículo y tan fatuo como ignorante. Alguien que cada día se supera y es siempre capaz de sorprendernos.
Su extrema vanidad, su profunda ignorancia, su idiotez saben aprovecharla astutamente personajes sin escrúpulos como el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
El espectáculo que ofrecieron el otro día las televisiones del mundo de la conferencia de prensa del Donald, rodeado de los suyos, mientras agasajaba con una cena a la delegación de Netanyahu, supera todo lo que habíamos visto hasta ahora.
Inimitable, por especialmente grotesco, fue el momento en que Netanyahu hizo entrega a Trump de una copia de la carta que había enviado al comité del Nobel de la Paz proponiéndole para ese galardón, gesto que el Presidente agradeció especialmente por venir de quien venía.
Es decir, que un genocida manifiesto contra el que el Tribunal Penal Internacional ha emitido una orden internacional de detención propone al comité noruego que premie al jefe de Estado del país que permite con su masiva ayuda militar a Israel y sus repetidos vetos en la ONU que continúe indefinidamente la masacre del pueblo palestino.
Un estadista que no sólo engañó a Irán con un simulacro de negociaciones sobre su programa nuclear para que Israel pudiera atacarlo por sorpresa, sino que violó también el derecho internacional ordenando el bombardeo de tres instalaciones atómicas iraníes.
Bombardeo que comparó irresponsablemente con otro momento de la historia de EEUU: el lanzamiento por el Gobierno de Harry Truman de sendas bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, que sirvieron, según dijo, para traer la paz, como iba a ocurrir también ahora.
La improvisada conferencia de prensa que pudo ver todo el mundo tuvo otros momentos estelares como cuando, a la pregunta de un periodista sobre el futuro de Gaza, Trump invitó a Netanyahu a responder.
Momento que el primer ministro israelí aprovechó para elogiar el plan de su anfitrión para la franja, que calificó, con el mayor de los cinismos, de “libre elección”.
Los palestinos que quisieran abandonar Gaza podrían hacerlo y el resto podría seguir allí en un pequeño rincón de la franja , sometido al arbitrio del Estado que ha destruido sus viviendas, escuelas y hospitales y dado muerte a decenas de miles de civiles, entre ellos ancianos, mujeres y niños, para Israel todos ellos, al parecer, terroristas.
En la visión de Netanyahu, “bajo el liderazgo” del hombre que ha propuesto para el Nobel de la Paz, comenzará así un gran período de paz en Oriente Medio que abarcará a Israel y a todos sus vecinos árabes.
Y como dice el cuento, “todos fueron felices y comieron perdices”.
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