La Rusia de Putin no quiere depender ya de Occidente - por Joaquín Rábago
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La Rusia de Putin no quiere depender ya de Occidente
Joaquín Rábago *
El presidente ruso, Vladimir Putin, no cree que Estados Unidos, y mucho menos la Unión Europea, vayan a levantar todas las sanciones impuestas a su país por la invasión de la vecina Ucrania.
Todo lo más, la nueva Casa Blanca de Donald Trump, dispuesta al diálogo con el Kremlin a diferencia del anterior Gobierno de Joe Biden, eliminará algunas, la que más le convengan a Washington.
Putin aprovechó una reciente reunión con la patronal rusa para explicar que su país tendrá que intensificar la producción interna y centrarse en el desarrollo tecnológico.
Para el líder ruso, futuras inversiones extranjeras serán siempre bienvenidas, pero, a diferencia de lo que ocurrió en tiempos de Boris Yeltsin, los inversores tendrán que ajustarse a las nuevas reglas del país.
Y las empresas nacionales que llenaron los huecos que dejaron en su día las extranjeras no tienen nada que temer porque serán protegidas, según explicó.
Putin insistió en que no renunciará a los objetivos que se fijó al emprender la que sigue calificando de “operación militar especial” y descartó que se vaya a volver a los acuerdos de Minsk, de cuyo fracaso Moscú culpa sólo a Occidente y muy concretamente a Washington y Londres.
El Kremlin sigue trabajando con sus socios del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India China y Suráfrica) en un nuevo sistema de transferencias y de pagos tras haber sido expulsado del Swift.
La confianza en la marcha de la economía rusa demostrada ahora por el presidente ruso contrasta con las noticias que publicaron en su día y hasta hace poco la mayoría de los medios occidentales.
En un reciente programa de la televisión italiana, un conocido periodista y escritor llamado Marco Travaglio se dedicó a citar titulares publicados por la prensa de su país durante los últimos tres años.
Titulares sensacionalistas y totalmente ajenos a la realidad como “Ganaremos nosotros”, “Se desploma el rublo”, “Éxito de las sanciones contra Rusia”, “Las sanciones doblegan a Putin” así como otros relativos a rumores sobre el supuesto cáncer o Parkinson de Putin o incluso su muerte.
En cuanto comenzó la guerra de Ucrania, la Comisión Europea decidió prohibir la difusión de los medios rusos, incluida su televisión, en todos los países miembros, con lo que la única versión suministrada a los ciudadanos de lo que ocurría era la de Kiev o la de la OTAN.
Esa interdicción, con la que se trata a los europeos como menores de edad, incapaces de distinguir entre información y propaganda, tanto la ajena como la propia, se mantiene a pesar de que Bruselas insiste en que no estamos en guerra directa con Rusia.
Resulta por otro lado muy significativo comparar la gran viveza del debate político en los programas de la TV italiana a los que me he referido con el plúmbeo monolitismo antirruso de todos los que uno puede ver en las televisiones públicas alemanas.