La terquedad de los políticos neerlandeses - por Joaquín Rábago
La terquedad de los políticos neerlandeses
Joaquín Rábago
Terco como su predecesor y hoy secretario general de la OTAN, el nuevo primer ministro neerlandés, Rob Jetten, descarta de momento dialogar con el Kremlin, algo a lo que parecen últimamente inclinarse tanto París como Roma e incluso Berlín.
Su programa de gobierno incluye la continuación del apoyo militar y financiero a Kiev porque “nada indica que Rusia quiera poner fin a la guerra de Ucrania”.
“Mientras continúe la agresión, seguiremos sosteniendo al pueblo ucraniano”, afirma Jetten, ignorando el hecho de que ese pueblo del que tanto se preocupa parece estar cada vez más cansado de la guerra como indican las deserciones y los intentos de evadir el reclutamiento.
Los cementerios de Ucrania, tanto de “nuestra Ucrania” como de la ocupada por Rusia, están llenos de tumbas, pero eso no importa porque no son holandeses ni alemanes ni franceses ni nórdicos los que allí combaten.
Tampoco acepta el combativo político liberal la decisión que adoptó el Consejo Europeo por temor a eventuales demandas legales del Kremlin de no utilizar los activos congelados rusos para ayudar a Ucrania.
Y, disciplinado que es, se comprometió además Jetten a invertir en defensa el 3,5 por ciento del Producto Interior Bruto de los Países Bajos como quiere Donald Trump.
Mientras tanto, según fuentes periodísticas, los gobiernos europeos discuten actualmente la posibilidad de sustituir el tope de precio fijado para el petróleo ruso por una nueva iniciativa por la que se prohibiría a las empresas europeas servicios de cualquier tipo relacionados con su transporte.
Esa prohibición se aplicaría en todos los casos y no como ocurre ahora, que se permite el transporte del crudo ruso únicamente si está por debajo del tope fijado por Bruselas.
Ese tope del precio del petróleo se decidió en 2022 para disminuir los ingresos del Kremlin por esas exportaciones que, según la UE y la OTAN, alimentan “la maquinaria de guerra rusa”. Y a juzgar por lo que ahora se discute, aquella decisión no parece haber dado el resultado que todos esperaban.
¿Cuántas sanciones más aplicarán nuestros gobiernos a la Rusia “agresora” e “imperialista” de Vladimir Putin? ¿Cuándo comprenderán que es a la propia Europa a la que de paso perjudican?