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En medio de la descomunal estafa de Las Teresitas, aparecía otro despojo, colateral. Mientras unos empresarios y un alcalde se montaban una opertación de compra venta de terrenos, en parte públicos, en parte inedificables, todos fastuosamente suprevalorados, Los mismos empresarios organizaban con un granuja delincuente abogado, llamado Mauricio Hayeck otro saqueo de otros terrenos, arrebatados a las personas propietarias, cuyas parcelas fueron vendidas sin su conocimiento, y mucho menos, su consentimiento. Estas personas perjudicadas muestran, como nos cuenta Miguel Ángel Autero en LA OPINIÓN, su decepción, ante la más que palmaria indulgencia con que el tribunal ha tratado al abogado venal que añade a su delito la maldad de que era su abogado. Y yo, Chema Tante, pregunto ¿qué pasa con otras perosnas, notarios, registradores, que intervineron en la operación, con las empresas que compraron sin las debidas garantías y con otras personas, concejales y concejalas que, después, apoyaron la estrategia de acoso a las personas legítimamente propietarias? Hay que recordar aquellos tiempos en que todos los días aparecían las máquinas para construir en suelo ajeno.