Federico Aguilera Klink y Chema Tante recomiendan este texto, porque no hay que dejar de insistir en que la responsabilidad del riesgo cierto de llegar a la catástrofe nuclear, cae sobre la locura del que agrede, no de quien se defiende. Hasta ahora, los desquiciados gestores del Imperio han confiado en la mesura rusa. Pero todo tiene un límite