CANARIAS: Trenes - por Rafael J. Rodríguez Marrero
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CANARIAS:
Trenes
Rafael J. Rodríguez Marrero
Estoy que no salgo de mi asombro. Bastante cansado ya de la expertocracia; de sujetos con buenos emolumentos que trabajan elaborando informes para acabar diciendo lo que los inversores y el contubernio público-privado quiere imponer.
Leo en diversos medios acerca de los acuerdos institucionales recientes entre las instituciones cabildicias -canariona y tinerfeña- el regional Gobierno y los no menos avispados ministerios españoles del ramo para terminar de impulsar la construcción de infraestructura ferroviaria en las islas capitalinas (tan atosigadas como se encuentran ante tanto vehículo privado). Parece preocupar a los representantes de la cosa pública -y también a los expertos que cobran por ello- lo insostenible que resulta el vehículo privado y su uso.
Los grupos políticos que hablan ahora de movilidad sostenible son los mismos que vienen apostando desde hace décadas por llenar de infraestructuras viarias nuestra frágil geografía; los mismos que han contemplado con naturalidad que en Canarias (para mayor gloria de los empresarios importadores automovilísticos) nuestro parque móvil haya crecido un 39,1% entre el año 2000 y el 2023; mientras, la población aumentaba en ese periodo un 22,3%; o sea, más coches que gente, casi.
DATO 1: El ISTAC nos informa que en 2000 el parque móvil ascendía a 1.160.791 vehículos (camiones, furgonetas, guaguas, turismos, motocicletas); en 2023 se alcanzó la cifra de 1.908.241 vehículos,… y subiendo.
DATO 2: En Tenerife, por señalar la más extensa de las islas, en 2019 había 0,77 kilómetros de carretera por km2 de superficie (una isla que tiene 2034 km²); mientras, en la Comunidad de Madrid (con 8.022 Km2) había 0,37 kilómetros de carretera por km² de superficie.
Durante todo ese tiempo, parece que nuestros representantes públicos no se han enterado del estado en que se encuentra el planeta; o simplemente, las tensiones ecosistémicas (pérdida de biodiversidad, cambio climático, acidificación de los océanos,...) les ha importado un pairo. Sin embargo, sí han estado al tanto de subirse al carro de las modas narrativas; de ahí que ahora toda política se aderece con el adjetivo de “sostenible” Desde que al Gran Capital le dio por resetearse, tras la crisis de 2008, el Green New Deal pareció justificar muchas cosas (aunque la emergencia de las ultraderechas internacionales hayan pospuesto propuestas tan cargadas de verde… ¡que te quiero verde!)
Y es que en los megaproyectos y su impulso se esconden los tesoros guardados en la cueva de Alí-Babá a seguir repartiéndose entre la cleptocracia de siempre.
Decíamos que no solo se ha disparado el parque móvil; también lo han hecho las vías para facilitar la circulación, como indicábamos en párrafos anteriores (DATO 2). Claro que Canarias no es un continente y dadas nuestras limitaciones espaciales, no se puede seguir creciendo en vías lo que demanda el creciente parque móvil.
Algunos “expertos” llegan a señalar nuestro individualismo como el responsable de tanto crecimiento motorizado. Entiendo, antes bien, que ese individualismo ha venido siendo cultivado, en todas partes, por la ideología neoliberal implantada como dogma de fe. Y, en cualquier caso, esa constatación no resuelve el embrollo de las gentes, todas las mañanas perdiendo tiempo en vías colapsadas.
La realidad es terca; individualistas o no, tendremos que acostumbrarnos a compartir medios colectivos de transporte. Pero no a cualquier precio.
Desde diversidad de colectivos ciudadanos se han presentando propuestas interesantes para solucionar el entuerto con muy bajo coste e impacto.
Y entrando en economía, es absolutamente demencial pensar que los políticos representantes de la cosa pública no se inmuten hablando de inversiones inmensas (más de 4.000 millones de euros supondría esta nueva apuesta por la red ferroviaria en GC y en Tf) cuando tenemos tan serios problemas respecto a la vivienda, a la sanidad pública, a la educación,… Es decir, para esos señores es más importante la movilidad (ganar tiempo en el espacio) que los cuidados.
Claro que, en estos casos, ganar tiempo en el espacio va a suponer destruir más espacio; como viene siendo habitual: ya sea por carretera, por mar (de ello hablaremos en otro momento si el asombro nos lo permite) o sobre vía férrea. Como acertadamente hablaban desde la Fundación Canarina, la construcción de líneas ferroviarias va a suponer la destrucción de hábitats naturales (fragmenta ecosistemas, desplaza especies,...) el consumo abusivo de recursos (enormes movimientos de tierra, hormigón, energía,…) y una gran presión sobre los -cada vez más desprotegidos- espacios protegidos.
Aquellos representantes de la cosa pública y los partidos a los que representan, creo, no están en condiciones de determinar el futuro de nuestro frágil archipiélago; hasta aquí han demostrado para quienes trabajan,… para qué sectores gobiernan.
Debieran replantear claramente sus hojas de ruta pues las condiciones de vida de quienes en Canarias habitamos y la propia realidad de nuestros ecosistemas obligan a un viraje radical.
Para empezar, deberán escuchar a los expertos; pero no aquellos pagados para que emitan informes a la carta, no. Entre la población nuestra existe hoy una masa crítica muy bien preparada que desea participar y que, en democracia, debiera tener el poder y el derecho de hacerlo. Y no; no vale decir que ya hablamos/participamos en las elecciones; ese gesto es absolutamente insuficiente para justificar la ineficacia de los electos.
Ante asunto de tal calado (nunca antes se ha propuesto una inversión en Canarias de tanta proporción) la ciudadanía debe hablar… y participar.
Y si algún elegido lee estas notas de asombro, les recuerdo que existen aportaciones muy valiosas, como indicaba más arriba, que proponen soluciones a tanta movilidad colapsada sin necesidad de acabar con unas deudas que ni nuestras bisnietas podrán sofocar.
Desde Fuerteventura, a 22 de septiembre de 2025