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jueves, 04 de junio de 2026 06:41h.

Make duchita great again - por Gerardo Tecé

 

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Make duchita great again

Gerardo Tecé

CTXT

Al igual que todo ciudadano norteamericano tiene derecho a portar armas, todos deberían tener derecho a sentir en la cabeza la presión de una presa. Ahora, los Estados Unidos de América se libran del yugo de la alcachofa

Donald Trump, en el momento de firmar la orden ejecutiva sobre las duchas. / YouTube (WSJ News) CTXT
Donald Trump, en el momento de firmar la orden ejecutiva sobre las duchas. / YouTube (WSJ News) CTXT

Decía Lenin que hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas. No tuvo la suerte de cruzarse con Donald Trump, cuya rutina diaria es que un martes cualquiera sea un siglo. Hacia atrás, habitualmente. Una jornada laboral en la vida del flamante presidente norteamericano es apasionante. Los cronistas oficiales de la Casa Blanca no dan abasto y hoy les toca dejar constancia de que el presidente ha decretado una tregua comercial histórica que durará 90 días. Hace cinco días, les tocó contar que Trump había decretado una guerra comercial también histórica. Entre medias han contado que el órdago del siglo, que ha durado menos de una semana y costado billones de euros a los amigos del presidente, se lanzó en base a un libro que el yerno de Trump encontró en una tienda y que se apoyaba en las tesis de un economista que no existía. Un libro que, durante su primer mandato, logró encenderle la bombilla de imponer bestiales aranceles mundiales como solución a los problemas de Estados Unidos. Una idea que no llevó a cabo ya que, covid mediante, por aquella época le resultaba más entretenido lanzar propuestas como que la población bebiese lejía para combatir el virus. Proponer beber lejía es, tal vez, el summum del trumpismo. El Michael Jordan de las propuestas políticas. El Santo Grial del se me ha ocurrido una cosa. A partir de los siete años de edad no es necesario mantener la lejía fuera del alcance de los niños como reza la etiqueta, porque a ningún niño que haya tenido una relación funcional con el entorno en el que habita se le ocurre beber lejía. Cosa que sí hicieron algunos votantes de Trump. Tras el trago, la visita a urgencias y las correspondientes endoscopias y lavados de estómago, efectivamente el miedo a la covid pasó a un segundo plano para ellos. El presidente, una vez más, les había dicho la verdad, se congratulaban de estar en el lado correcto de esta historia los más ilustres huéspedes de la unidad de toxicología.

En 1873 se fundaba en Wisconsin la empresa Kohler, que con el paso de las décadas fue constituyéndose en imperio de los cuartos de baño. Suyos son los más prestigiosos inodoros, griferías, lavabos, duchas y alcachofas norteamericanas, capaces de regular la salida de agua de la manera más eficiente y sostenible. Tal fue el éxito empresarial de la familia Kohler que varios de sus miembros dieron el paso lógico a la política, desde donde pudieron defender con gran eficacia las cuentas de la empresa familiar. Millonarios, conservadores y, por tanto, simpatizantes del Partido Republicano, no podían imaginarse que un jueves cualquiera de un mes de abril de 2025, un presidente de su mismo signo político convocaría a los medios de comunicación en el despacho oval para, en una sola jornada de trabajo, hacer retroceder un siglo la ciencia de los cuartos de baño. Los corresponsales de la Casa Blanca, que comentaban por los pasillos, entre cafés y tilas, la última hora de los desquiciados Wall Street, NASDAQ y Bolsa de Tokio, no podían imaginar que tras la histórica guerra comercial les tocaría ser convocados al despacho oval para vivir la derogación de la alcachofa de ducha. Las explicaciones de Trump, sentado en la mesa ejecutiva mientras un secretario de la Casa Blanca le mostraba la carpeta que habría de firmar como el que muestra los platos fuera de carta en un restaurante de postín, no pudieron ser más claras ni contundentes. Las duchas en las casas de los americanos serán estupendas, ya que vamos a aumentar la presión. Tras años de dictadura woke en los que la alcachofa regulaba la salida de agua y la convertía en un chorrito ridículo, este memorándum acabará con las penurias.

“No sé cómo explicarlo, pero es como que esto tenía que acabar pasando”, declaró Trump. Al tiempo que rubricaba con su firma este histórico día de la liberación de las duchas, se dirigía a la nación para explicar que, mientras existen lugares donde hay tanta agua que no saben ya qué hacer con ella –los lagos de Michigan, el río Misisipi o el propio Océano Pacífico son buenos ejemplos de que Trump nunca miente–, hay gente que se compra una casa y no sale agua. Es por tanto, declaró solemne, que los estadounidenses deberían tener la libertad para elegir sus cabezales de ducha sin intromisión del Gobierno. Al igual que todo ciudadano norteamericano tiene derecho a portar armas, todos deberían tener derecho a sentir en la cabeza la presión de una presa desbordándose durante el tiempo que les apetezca. Hoy, los Estados Unidos de América se libran por fin del yugo de la alcachofa. Desde hoy y para siempre, se acabaron los intermediarios entre la pura tubería y la cabeza.

Al contrario que durante su primer mandato, en este segundo Donald Trump se ha acompañado de un ejército de cargos intermedios capaces de redactar de manera oficial y sin apenas faltas de ortografía sus históricas propuestas. De la página web de la Casa Blanca cuelga en estos momentos un decreto titulado “Make America’s Showers Great Again”, que en un primer momento parece un artículo sacado de la mítica revista satírica The Onion. En él se carga contra la dictadura ecologista que ha llevado al secuestro ideológico de millones de electrodomésticos y alcachofas de ducha norteamericanas que, desde ahora, son libres para volver a derrochar agua y energía como solo Estados Unidos se merece. Hoy es regalar las mejores duchas posibles y mañana será amenazar a Groenlandia. Michael Scott, personaje de The Office que dirigía la oficina de Dunder Mifflin en Pensilvania, reflexionó sobre estos asuntos: ¿Prefiero que me teman o que me amen? Fácil. Las dos cosas. Quiero que la gente tenga miedo de lo mucho que me quieren.

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* Gracias a Gerardo Tecé y CTXT y a la colaboración de Antonio Aguado

https://ctxt.es/es/20250401/Firmas/49018/Gerardo-Tece-Trump-ducha-presion-agua-extrema-derecha-EEUU.htm

GERARDO TECÉ
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