El lobby judío: un Estado dentro de un Estado - por Joaquín Rábago
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El lobby judío: un Estado dentro de un Estado
Joaquín Rábago
El Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC por sus siglas en inglés), dedicado a promover los intereses de Israel en EEUU, es un Estado dentro del Estado.
Su nuevo director ejecutivo, Elliot Brandt, se jactó en una reunión de haber logrado meter en las altas esferas del poder de EEUU a legisladores a los que ayudó antes a ganar las elecciones al Congreso.
Gentes como John Ratcliffe, director general de la CIA, o Michael Waltz, consejero de Seguridad Nacional del país, entre otros, consiguieron sus cargos actuales en el Gobierno de Donald Trump gracias al poder y al dinero de AIPAC.
Así lo asegura el periodista de investigación norteamericano Max Blumenthal, él mismo judío y destacado activista antisionista.
Según Blumenthal, Estados Unidos actúa continuamente a favor de Israel en Oriente Medio, como demuestra su actual guerra contra los hutíes del Yemen, a los que Washington acusa de poner en peligro la libertad de navegación en el mar Rojo en perjuicio del Estado judío.
AIPAC es la organización sucesora del Consejo Sionista Americano, el primer lobby judío de EEUU, fundado en 1949 por el periodista y abogado Isaiah Leo Kenen, que era en realidad un agente israelí nacido en Canadá.
A diferencia de otros lobbies que representan intereses extranjeros en EEUU, AIPAC no está registrado como tal, sino que lleva a cabo sus actividades pro israelíes sin tener que rendir cuentas.
Uno de sus mayores escándalos fue el protagonizado por Lawrence Franklin, ex empleado del Departamento de Defensa de EEUU, que pasó a Israel a través de AIPAC documentos secretos relacionados con la política de Washington respecto a Irán.
Franklin fue condenado en enero de 2006 a dieciséis años de cárcel, pena que le fue luego reducida a sólo trece meses de arresto domiciliario.
Sus contactos en AIPAC, Steven Rosen y Keith Weissmann, fueron despedidos por esa organización aunque un juez anuló posteriormente los cargos que pesaban contra ellos.
Un escándalo todavía mayor fue el del ex analista de inteligencia de la Marina de EEUU Jonathan Pollard, también él judío, que pasó también miles de documentos de información sereta a Israel, incluido un manual secreto que detallaba la red de vigilancia electrónica global norteamericana.
Condenado a cadena perpetua y tras pasar treinta años en la cárcel y otros cinco en libertad condicional, Pollard pudo abandonar EEUU y viajó en 2020 a Israel en el avión privado del multimillonario judío Sheldon Adelson, y fue allí recibido por el primer ministro Benjamín Netanyahu.
Según ha podido averiguar el periodista Blumenthal, la dirección de AIPAC está especialmente preocupada por el distanciamiento de cada vez más jóvenes judíos estadounidenses del Estado sionista, cuyas prácticas genocidas se atreven a denunciar.
“Estamos perdiendo la guerra de las ideas”, afirmó en una de sus últimas reuniones uno de sus dirigentes. Lo cual explica el empeño de AIPAC en censurar no sólo las redes sociales, donde abundan las denuncias del genocidio de Gaza, sino también al mundo académico de EEUU para impedir las manifestaciones a favor del pueblo palestino.