¿Escamotear al Parlamento el gasto en Defensa ? - por Joaquín Rábago
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¿Escamotear al Parlamento el gasto en Defensa ?
Joaquín Rábago *
"Llevaremos al Parlamento todo lo que tenga que pasar por el Parlamento"
Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España, comparecencia en el Congreso, 26 de marzo 2025
El presidente del Gobierno español pretende escamotear al Parlamento el aumento del gasto en defensa que le pide Bruselas para situarlo en un 2 por ciento del PIB.
Mala cosa recurrir cada vez al decretazo, como nos tiene ya acostumbrados el líder socialista, a la hora de tomar una medida de tamaña trascendencia.
No debe ser Pedro Sánchez quien decida libremente qué cosas pasan por el Parlamento y qué otras, no, como él mismo dio a entender. Uno quiere al menos creer que así no debería funcionar una democracia.
Es distinto lo que hace, por ejemplo, el próximo canciller federal alemán, el cristianodemócrata Friedrich Merz, quien busca en el Bundestag apoyos para una reforma constitucional que le permita afrontar el gasto militar que se ha propuesto, saltándose el tope presupuestario.
Aunque, a su vez, Merz trate de adelantar allí el voto y busque el apoyo de los ecobelicistas, que no estarán ya en el próximo Gobierno, mientras teme a la ultranacionalista Coalición para Alemania, opuesta al enfrentamiento militar con Rusia.
Coalición para Alemania es actualmente, con poco más de un 20 por ciento de los votos, el segundo partido del país, por delante de socialdemócratas y verdes, pero el resto de los grupos ha decidido aplicarle un cordón sanitario.
Uno, que jamás votaría a la ultraderecha, considera, sin embargo, que no es con vetos sino con argumentos como hay que vencer al rival político. Y esto vale también para el partido de Santiago Abascal.
Mientras tanto, sin medir al parecer sus fuerzas, la UE se ha empeñado en sustituir si es necesario a Estados Unidos para ayudar a Ucrania, ya que no a ganar a Rusia, algo a estas alturas ya imposible, al menos a no sucumbir totalmente al invasor.
El presidente ruso, Vladimir Putin, ha dicho por activa y por pasiva que su interés no va más allá de las cuatro regiones ucranianas que, con la península de Crimea, ya se ha anexionado, además de exigir la neutralidad y desmilitarización del país vecino.
Donald Trump parece creerle, aunque sólo sea por egoístas razones económicas: prefiere negociar con Rusia nuevos acuerdos de comercio e inversiones a mantener el aislamiento del Kremlin como quería su predecesor, Joe Biden, y siguen empeñados los europeos.
Éstos se engañan si creen que van a conseguir algo más que prolongar la agonía de Ucrania, pero aprovechan la oportunidad para reclamar un fuerte incremento de las inversiones en “defensa”.
Y claro está: pase o no la correspondiente medida por el Parlamento, los gobiernos han de buscar al menos el apoyo de los ciudadanos. Y para ello nada mejor que seguir agitando el espantajo ruso.
¿No quedábamos en que Rusia era sólo una “gasolinera con bombas atómicas” y que, como dijo una vez la presidenta de la Comisión, se veía obligada a utilizar los chips de las lavadoras para sus misiles? ¿En qué quedamos?
Un diario nacional hablaba el otro día de la necesidad de “generar la necesaria pedagogía” para que los ciudadanos comprendan que lo que se propone la UE es necesario.
Es lo que Chomsky y Herman llamaban “manufacturar el consenso”. Y para ello están los medios.