ALEMANIA - RUSIA El odio “al ruso” tiene larga tradición en Alemania, dice Oskar Lafontaine - por Joaquín Rábago
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El odio “al ruso” tiene larga tradición en Alemania, dice Oskar Lafontaine
Joaquín Rábago
El odio “al ruso” tiene larga tradición en Alemania, afirma el ex dirigente socialdemócrata y ex ministro de Finanzas del Gobierno de Gerhard Schröder, con quien acabaría rompiendo en 1999 por desacuerdos programáticos.
Ocurre, explica Lafontaine en un ensayo publicado en el semanario suizo Die Weltwoche, que no sólo los individuos sino también los países, parecen necesitar siempre lo que en alemán se conoce como “Feindbild”. Es decir una “imagen del enemigo”.
Sirve a la perfección para afianzarse en el poder como ocurre, por ejemplo, con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien necesita la amenaza de Hamás no sólo para justificar el genocidio sino para al mismo tiempo evitar su procesamiento por corrupción.
Pero en plena guerra nuclear y cuando además prácticamente se han abandonado todos los acuerdos de control de armamentos menos el New Salt, que caduca el próximo año, la creación la “imagen del enemigo”, ya sea éste Rusia, China o Irán, es totalmente irresponsable.
Quienes hoy abogan en Alemania por el diálogo con Moscú son inmediatamente tachados de “vasallos de Putin”, critica Lafontaine, que acusa a los cristianodemócratas del canciller Friedrich Merz de “reactivar” los estereotipos de la Guerra Fría.
Así, por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno alemán afirma sin pestañear que “Rusia será siempre nuestro enemigo”, con lo que supera en rusofobia incluso a su predecesora del partido Verde, Annalena Baerbock.
Para Lafontaine está claro que la creación de esas “imágenes del enemigo” con la complicidad de unos medios cada vez menos críticos y más obedientes al poder sirve sobre todo al sector armamentista.
Ya en mayo de 2023, el propio New York Times reconoció que la ampliación de la OTAN, frente a lo prometido al Kremlin, fue lo que llevó a Rusia a invadir a la vecina Ucrania.
El comité estadounidense para la ampliación de la OTAN fue generosamente financiado por los gigantes de la industria de armamentos estadounidense, que veía en las inevitables tensiones con Moscú un gran negocio.
En un raro momento de lucidez, incluso el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció que el haber llevado a la OTAN hasta las fronteras mismas de Rusia tuvo algo que ver con la invasión rusa de Ucrania.
Pero es algo que se niegan a reconocer desde la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hasta el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el primer ministro británico, o el canciller federal alemán, Friedrich Merz.
Todos ellos acusan al presidente ruso de querer sólo ampliar su imperio y estar dispuesto a seguir avanzando hacia el oeste una vez ocupada Ucrania.
Pero eso es sólo, como argumenta Lafontaine, un mecanismo que se conoce en psicología como “proyección” y que consiste en proyectar sobre el otro lo que uno desea: en el caso de la OTAN, su ampliación al este para cercar a Rusia.