Amenazas, sólo amenazas - por Joaquín Rábago
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Amenazas, sólo amenazas - por Joaquín Rábago
Los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Reino Unido y Francia más la jefa de la diplomacia europea, la estonia Kaja Kallas, anunciaron nuevas amenazas a Irán.
Se reactivarán, según anunciaron en París, las sanciones contra Irán si no se ven en los próximos días avance alguno en las negociaciones sobre su programa nuclear.
Pero ¿puede fiarse Teherán de que no volverá a ocurrir lo que la vez anterior, cuando EEUU e Israel aprovecharon esas negociaciones para atacar por sorpresa a Irán?
Nuevas amenazas también de los Estados Unidos de Trump, que aplicará aranceles del 100 por ciento a Rusia y a sus socios comerciales si Moscú no llega a un acuerdo de paz con Kiev en un plazo de cincuenta días.
Amenazas de Bruselas a Rusia en forma de un nuevo paquete de sanciones, que hace ya el número dieciocho, por continuar la guerra y ocupación de Ucrania.
Sanciones que no se limitarán a aquel país, sino que incluirán también a otros que, como China, ayudan, con su comercio, a la “maquinaria bélica” rusa.
La Unión Europea quiere poner fin definitivamente a las importaciones de gas ruso y amenazó también a Eslovaquia, que depende de ese gas natural y se oponía a las sanciones, hasta doblarle el brazo.
Así, Bruselas no sólo prohibirá la importación de gas y de petróleo de Rusia, sino también todos los productos derivados como la gasolina o el queroseno.
Los barcos de la llamada “flota fantasma” rusa – más de un centenar- no podrán tampoco atracar en los puertos de la UE, ni podrán las compañías europeas asegurarlos.
De nada sirvieron, por cierto, las protestas de armadores de Grecia y Malta, países de la UE que continuaban sus lucrativas exportaciones del petróleo ruso.
Bruselas fijó también un nuevo tope al precio del crudo, que estaba hasta ahora en los 60 dólares y que se sustituye por un precio dinámico que será siempre de 15 dólares por debajo de la cotización en el mercado.
Y, por si quedara alguna duda de que con las sanciones, no se trata de castigar a Rusia sólo por la invasión de Ucrania sino que se busca causarle un año económico definitivo, Bruselas prohibió que los gasoductos del Báltico puedan repararse en el futuro.
Es decir que por ellos no podrán volver a fluir el gas ruso con dirección a Alemania y otros países europeos aunque un día acabe ese conflicto militar.
Rusia, que sigue ocupando cada vez más territorio ucraniano, se tomó con filosofía las nuevas sanciones de los europeos.
Rusia ha desarrollado “una cierta inmunidad” contra esas sanciones, que, como todas las anteriores, perjudicarán sobre todo a Europa, comentó con ironía el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. Y no le falta razón.