Propaganda y falsos pretextos - por Joaquín Rábago
Propaganda y falsos pretextos
Joaquín Rábago
Las guerras se desarrollan siempre entre la propaganda y los falsos pretextos para justificarlas y el actual conflicto militar contra Irán, que ha terminado desestabilizando toda la región de Oriente Medio, no es una excepción.
Sobre todo, porque los países que lo iniciaron, Israel y su principal muñidor, Estados Unidos, fueron cambiando de versión para justificar lo injustificable desde el punto de vista del respeto de los derechos humanos y del derecho internacional.
Dijeron que se trataba de impedir que Irán se dotase de armamento nuclear; se habló luego de la necesidad de destruir su programa de misiles, que amenazaba incluso a EEUU, de acabar con su apoyo a grupos “terroristas” como el libanés Hezbolá o de la defensa de los derechos humanos de los iraníes.
Uno tras otro, falsos pretextos para justificar el verdadero objetivo de una operación que violaba una vez más derecho internacional y que no es otro que un intento de “cambio de régimen” en un país en el que los sionistas ven el único obstáculo para su proyecto expansionista del Gran Israel.
Desde su inicio, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha apostado claramente por la guerra ya que no le dieron el Nobel de la Paz, y el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, un tipo con aspecto de macarra que lleva tatuada en el pecho una cruz de Jerusalén, se dedican diariamente a presumir ante las cámaras de lo hecho y a decir que el mundo nunca ha visto nada igual.
Y sobre todo a contar mentiras como que iban a terminar en un par de días con el “régimen” de los ayatolas porque, una vez asesinado su líder supremo, Ali Jamenei junto a su equipo, el pueblo iraní se levantaría como un solo hombre y una sola mujer contra unos gobernantes que llevan décadas oprimiéndolo.
Trump y Hegseth, esto es, dos psicópatas a los que hay que escuchar cómo, antes de llegar al poder, no se cansaban de garantizarles a sus ingenuos o ignorantes conciudadanos que Estados Unidos no se embarcarían más en costosísimas guerras en regiones del mundo que no son de su interés inmediato.
Pero Trump y su escudero Hegseth han vuelto a atacar una y otra vez a otros países, entre ellos Somalia, Yemen, Siria y Nigeria, y en el caso de Irán, en la equivocada creencia de que esto podría ser tan fácil como fue lo de Venezuela y que encontrarían a políticos y militares dispuestos a traicionar por el dólar a su patria.
Pero para su desgracia no ha sido así, y ahora, pese a la insufrible petulancia que demuestran cada vez que hablan de la evolución de la guerra y las seguridades que dan al pueblo estadounidense de que están dispuestos a acabar lo que han iniciado, se les nota cada vez más nerviosos.
Porque parecen haber comprendido finalmente que su operación “Furia Épica” no les está saliendo como esperaban y que no bastarán los bombardeos para efectuar como quieren “un cambio de régimen” sino que será necesario “poner botas”, es decir, a sus soldados sobre el terreno, como ya ocurrió en Afganistán e Irak, con el desastroso resultado que sabemos.
Creen todavía poder evitarlo aprovechando la complejidad étnica de un país tan inmenso como Irán y armando, por ejemplo, a sus minorías kurdas y azaríes para que se rebelen contra el poder central, pero no está claro que esa estrategia de divide y vencerás va a darles esta vez resultado.
Mientras tanto, las monarquías árabes de la región, puestas ahí en su día por las potencias coloniales y que hoy albergan infraestructuras militares de Estados Unidos ven cómo los misiles y drones iraníes atacan no sólo las bases, sino también sus puertos y aeropuertos e incluso alguna importante refinería.
La arriesgada estrategia de los iraníes, que lucha por su supervivencia como nación independiente, es presionar a los aliados árabes de Washington y animar al mismo tiempo a sus pueblos a levantarse contra unos gobernantes puestos ahí en su día por las potencias coloniales y que consideran ilegítimos.
El práctico cierre del estrecho de Ormuz por Irán y sus aliados del Yemen forma parte de esa estrategia de presión porque por él pasa no sólo un 20 por ciento del petróleo y el gas natural que necesita el mundo sino también muchos alimentos para los países de la región.
Se habla últimamente de la posibilidad de que Irán lleve a cabo incluso bombardeos de las plantas desalinizadoras de Arabia Saudí, Qatar o Emiratos Árabes Unidos, lo que sería un durísimo golpe a esos tres países dada su alarmante escasez de recursos hídricos.
Los medios dan el nombre del favorito para suceder al asesinado Ali Jameneí, su hijo Mojtaba, clérigo de 58 años a quien se adscribe al ala dura de la Guardia Revolucionaria, aunque finalmente podría ser otro para evitar la impresión de sucesión hereditaria, como la de las detestadas monarquías del Golfo.
Pero el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ya ha anunciado que quienquiera sea el sucesor de Jameneí será a su vez eliminado como lo fue éste nada más comenzar la operación militar. La vesanía homicida del agresor no tiene límites.