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sábado, 26 de noviembre de 2022 21:33h.

La corrupción como traición a la comunidad por Federico Aguilera Klink

FEDERICO AGUILERA KLINKNota de Chema Tante: Recomiendo vivamente la lectura de este ensayo que el profesor Federico Aguilera Klink tiene la bondad de permitirme publicar y del que ya tuve el honor de ofrecer una versión resumida. En tiempos en que la generalización de la corrupción nos embota la sensibilidad ante una ruindad que se ha vuelto cotidiana, este texto nos recuerda que la gravedad de este fenómeno delictivo se refleja en varias facetas. Y que la más perjudicial y abominable de ellas no es ni siquiera la económica, sino la social. No es el saqueo de dinero lo más dañino, tampoco el mal directo que se causa a la actividad productiva, sino el desánimo social, el desgaste ético que genera el espectáculo de una gente que considera el enriquecimiento como un valor único. 

La corrupción como traición a la comunidad por Federico Aguilera Klink, del departamento de Economía Aplicada y Métodos Cuantitativos en la Universidad de La Laguna​

Todos los días estamos viendo casos de corrupción. El catálogo es muy variado. Lo que defiendo en este artículo es que todo eso, siendo muy importante, no es lo peor. La corrupción (crimen) más grave se da cuando los políticos traicionan a la gente poniendo el gobierno y el parlamento al servicio de los intereses empresariales en lugar de buscar el interés público. Ese “ejemplo” estimula a los demás y les hace ver que la impunidad es muy grande.

 

[…] los crímenes que parecen más atroces para los individuos no fueron los primeros en estar sujetos a lo que se llama propiamente castigo…sino los que golpeaban inmediatamente el bienestar de la comunidad. Son dos, la traición y la cobardía.

Adam Smith[1]

 

No es nuestra forma de gobierno un régimen parlamentario, viciado por corruptelas y abusos, según es uso entender, sino, al contrario, un régimen oligárquico, servido, que no moderado, por instituciones aparentemente parlamentarias… O, dicho de otro, no es el régimen parlamentario la regla, y excepción de ella los vicios y las corruptelas denunciadas  en la prensa y en el Parlamento mismo durante sesenta años; al revés, eso que llamamos desviaciones y corruptelas constituyen el régimen, son la misma regla.

Joaquín Costa[2]

 

Los parlamentarios se han convertido en políticos corporativos, envidiosos de la élite hiperrica que ellos han ayudado a crear, y frustrados por estar perdiéndose el botín de sus propias políticas. No es ninguna exageración decir que muchos parlamentarios ya no ven su trabajo como una vocación, un deber o un servicio, sino que lo ven como una opción profesional más para la clase media alta que, sin embargo, no se está remunerando tan bien como otras profesiones de este tipo.

Owen Jones[3]

 

Siempre supe que las instituciones de la Unión Europea en Bruselas, el Banco Central Europeo y todos los demás se crearon, de forma deliberada, como zonas al margen de la democracia. No era que un déficit democrático estuviera ganando terreno en la UE; desde la década de 1950, la UE se estableció fundamentalmente como un cártel de la industria pesada, y más tarde atrajo a los agricultores, especialmente a los franceses. Y su administración era la de un cártel; nunca se concibió como el principio de una república o de una democracia donde seamos “nosotros, los pueblos de Europa”, los que llevemos la batuta. Democracia, Poder y Soberanía en la Europa de hoy.

Yanis Varoufakis[4]

 

La Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés) no tiene nada que ver con el libre comercio. La expresión “libre comercio” suele utilizarse para enmascarar el poder que estos acuerdos otorgan a las corporaciones permitiéndolas demandar a los Estados para anular la legislación nacional que regula la contaminación, la seguridad alimentaria, los transgénicos y los salarios mínimos.

Lo primero que es preciso entender es que estos denominados “tratados” o “asociaciones” no son leyes aprobadas por el Congreso. La constitución de Estados Unidos atribuye al Congreso la autoridad de legislar, pero estas leyes se escriben sin la participación del mismo. Sus autores son exclusivamente las grandes empresas y su único objetivo es mantener y aumentar su poder y sus beneficios. La oficina del Representante para el Comercio estadounidense fue creada con el fin de permitir que las grandes empresas dictaran leyes que solo sirven a sus propios intereses. Este fraude a la constitución y al pueblo se encubre denominando 'tratados' a las leyes comerciales.

Paul Craig Roberts[5]

 

[…] aquellos que tienen el mayor interés en defraudar y en imponerse al público son los que con frecuencia dictan la regulación del comercio.

Adam Smith[6]

 

 

Traicionando a la comunidad

La cita de Adam Smith más arriba me permite centrar con claridad la idea de corrupción que considero más grave y de la que nos distraen continuamente los casos, quizás más llamativos, que la auténtica corrupción o crimen que consiste en traicionar a la comunidad y poner el gobierno y el parlamento al servicio de algunos intereses empresariales y no del interés público. En la línea de Smith, Joaquin Costa, en 1901, se refiere a la corrupción como la existencia de un régimen oligárquico servido, pero no moderado, por las instituciones aparentemente parlamentarias y, en suma, por el gobierno. No han cambiado mucho las cosas. Lo prueba el que en 2014, OXFAM publicara su informe Gobernar para las élites con un anexo titulado «Secuestro democrático y desigualdad económica: Reflexiones sobre España»,  en cuya página 3 se afirma:

Denunciamos que lo que estamos viviendo en parte de Europa y en España en concreto, es una rotura entre las decisiones políticas y los compromisos de la política pública con la ciudadanía. Una nueva fase del capitalismo donde las instituciones del Estado han sido secuestradas por las élites y los poderes económicos, marginando al ciudadano de las decisiones políticas y degradando el sistema democrático, que de seguir así podría llegar a convertirse en una farsa participativa que tan sólo sirve para encubrir una progresiva concentración del poder.[7][LV1] 

 

            Si miramos hacia atrás, no parece que estemos en una nueva fase del capitalismo, se trataría quizás de que más personas estamos empezando a ver con más claridad lo que era ya evidente para Smith y Costa. Por eso, Daniel Montero señala, en el citado Informe, que:

Ocho de cada diez personas piensan que en España, las leyes están hechas para proteger a los poderosos… Por un lado, refleja la imagen que 37 millones de españoles tienen de las leyes que rigen su convivencia; un sistema viciado donde unos pocos se enriquecen a costa de todos. Y por otro, señala una lectura todavía más peligrosa. La clase política española, esa amalgama de 80.000 representantes sufragada con dinero público, ha dejado su papel como protector de los más débiles para garantizar el enriquecimiento de aquellos que, cada vez, son más ricos[LV2] . (p. 12)

            No se trata de percepciones, hay datos que muestran con claridad que las decisiones políticas benefician a los poderosos frente al interés general. Señalo algunas de ellas siguiendo, en parte, el informe de OXFAM:

  • Tanto PP como PSOE, los principales partidos del país, han rechazado en varias ocasiones la dación en pago de las personas que no pueden pagar sus hipotecas a causa de la crisis frente a la banca. Es decir, se rescata a la banca pero no a las personas.
  • El pasado 17 de diciembre (2013), el PP rechazó por su mayoría parlamentaria la propuesta de prohibir los cortes de luz –un bien de primera necesidad– a las personas que no pueden hacer frente al recibo. Según la asociación Ecoserveis, cuatro millones de personas en España carecen de fondos para encender la calefacción en invierno.
  • El ejecutivo lleva años permitiendo un sistema de subasta energética que ha engrosado de forma millonaria las arcas de las eléctricas españolas. Y que ha permitido la entrada de grandes especuladores financieros internacionales –Goldman Sachs o Morgan Stanley entre otros– para engrosar la factura. La medida se puede entender mejor cuando vemos al expresidente Felipe González (PSOE) como consejero de Gas Natural con un sueldo aproximado de 126.000 euros al año o al ex presidente José María Aznar (PP), como asesor externo de la eléctrica Endesa. Por la misma firma de energía ha pasado por ejemplo Elena Salgado, ex vicepresidenta económica del PSOE, el diputado de CIU Miquel Roca, Pio Cabanillas, ex ministro portavoz del PP en la era Aznar, Rodolfo Martín Villa, también ex vicepresidente del Gobierno (PP), e incluso el actual ministro de Economía, Luis de Guindos (PP). Parece claro que si estos políticos hubieran trabajado para el interés general no habrían pasado a la empresa privada.
  • Más que mercado de energía se puede hablar de un saqueo a los usuarios por parte de las eléctricas, facilitado por los gobiernos, que asciende a unos 80.000 millones de euros de pagos ilegítimos.[8]
  • En abril de 2012, el gobierno de Mariano Rajoy (PP) decidió inyectar 22.000 millones de dinero público para rescatar Bankia. La explicación del ejecutivo fue la necesaria intervención para evitar el cierre de uno de los bancos más potentes del país; si Bankia caía, los pequeños ahorradores perderían su dinero. Sin embargo, el argumento era una cortina de humo. El Fondo de Garantía de Depósitos, financiado por los distintos bancos del país, garantiza por ley la recuperación de los depósitos hasta 100.000 euros. Es decir, solo los medianos y grandes inversores perderían en realidad sus fondos, mientras los bancos se hacían cargo del resto. En lugar de eso, la factura del desastre bancario se pasó uno por uno a todos los ciudadanos, fueran o no clientes de Bankia, por vía de impuestos.
  • En la actualidad, la entidad financiera, rescatada con dinero público, ejecuta el 80% de los desahucios que se producen en Madrid, según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.
  • En abril de 2011, el Gobierno dejó de ligar las grandes rebajas fiscales para las multinacionales al mantenimiento de sus plantillas. Cuatro meses después, Telefónica anunció su intención de despedir a 8.500 empleados. El año anterior, la multinacional española, lejos de tener pérdidas, alcanzó los mayores beneficios obtenidos nunca por una empresa española: 10.167 millones de euros.

            Podría seguir con la venta de viviendas públicas a fondos buitre y tantas cosas más pero cada ejemplo lo único que hace es insistir en lo que decían Smith y Costa, ahora ampliado al nivel del caciquismo autonómico y del municipal. Un análisis más amplio y detallado lo ofrece el espléndido libro de Ana Tudela Flores titulado Crisis, S.A. El saqueo neoliberal en el que explica cinco casos de “trasvases” de fondos desde lo público y desde los trabajadores hacia los bancos –que no invierten sino que apuestan sabiendo que las pérdidas no las van a pagar ellos–, y grandes empresas privadas, en nombre de la competitividad, la eficiencia y otras majaderías que sirven para ocultar la realidad con un pseudolenguaje pseudotécnico y crear confusión a la vez que paralizan a la gente.

            ¿Cuáles son los requisitos necesarios para traicionar a la comunidad?

  • Un sistema básicamente bipartidista que penaliza con la ley electoral injusta a los partidos pequeños y en el que hay un acuerdo tácito del bipartito para no beneficiar al interés público sino a los poderosos.
  • Un conjunto de personas malvadas, respetadas y aceptadas como tales, que saben que su trabajo en política consiste en traicionar a los ciudadanos beneficiando a los grandes  intereses empresariales.
  • Unos medios de comunicación serviles con el gobierno y con los intereses empresariales que aparentan independencia y neutralidad.
  • Una mayoría de personas manipuladas, intimidadas y enajenadas por esos medios para que no osen salirse de la  “normalidad democrática” porque se “rompería” España.
  • Una minoría disidente o reflexiva que tiene cierto eco y que es descalificada e intimidada, por políticos y periodistas a sueldo, como “radical”, “bolivariana”, o lo que haga falta en cada momento, ante la mínima oportunidad de influir en política para cambiar la “normalidad democrática”, llegándose al golpe de Estado financiero-político si esta minoría tiene visos de dejar de serlo y de gobernar para el interés general, como ha ocurrido en Grecia y España.

            Dos textos antiguos pero de enorme actualidad muestran claramente lo anterior. Así, Costa insistía en que “eso que complacientemente hemos llamado y seguimos llamando 'partidos', no son sino facciones, banderías o parcialidades de carácter marcadamente personal, caricaturas de partidos formadas mecánicamente, a semejanza de aquellas otras que se constituían en la Edad Media y en la corte de los reyes absolutos, sin más fin que la conquista del mando y en las cuales la reforma política y social no entra, de hecho, aunque otra cosa aparente, más que como un accidente, o como un adorno, como insignia para distinguirse o como pretexto para la pluralidad… pudiendo por tanto aplicarse a la morfología del Estado español la siguiente definición que Azcárate da del caciquismo: 'feudalismo de un nuevo género, cien veces más repugnante que el feudalismo guerrero de la Edad Media, y por virtud del cual se esconde bajo el ropaje del Gobierno representativo una oligarquía mezquina, hipócrita y bastarda […]'”.[LV3] (Costa J. (1901), Oligarquía y caciquismo, 24, [1967], Alianza Editorial).

            Por su parte, para Azaña, que parece que escribe en 2016:

«[…] sería equivocado afirmar que por tener una ley de sufragio universal y un Parlamento y un jurado, vivimos en democracia… ¿Qué son nuestras costumbres electorales? Un padrón de ignominia; y el Parlamento que  nace  de ellas ¿qué puede ser? Un escenario de la vanidad y de la nulidad, de la impotencia y de la mojiganga; una costra que encubre una llaga; un lugar donde se dicen frases pomposas que nadie cree; donde se ejercita la función soberana de disponer de vidas y haciendas, a espaldas de un pueblo ausente y olvidadizo, donde la tarea de aplicar los recursos extraídos  del trabajo colectivo se convierte en una francachela, en un desatamiento de todas las codicias, donde el sudor nacional sirve para sostener los vicios y las lujosas vanidades de unos pocos privilegiados. Y nuestros partidos de gobierno no son más que unas cuantas familias que viven acampadas sobre el país, presidiendo esta orgía, transmitiéndose de generación en generación, de nulidad en nulidad, los grandes puestos, con una impudicia execrable, que toman en boca los nombres de patria, justicia y libertad para sostener la mentira sin que se quemen sus labios…» (Azaña M. (1911), La reforma del Estado, 50-52, 1982, Antología. Vol. 1. Ensayos, Alianza Editorial)[LV4] .

«Y esto ha sido posible y se mantiene, porque esas clases llamadas directoras no se contentan con su actual usurpación, sino que han tratado siempre de conservarla para mañana y han matado todo impulso generoso o sembrando el escepticismo y la desconfianza en el corazón del pueblo. De este modo, a ese pueblo que debiera ser su juez, lo han hecho su lacayo» (Azaña, M. (1911), La reforma del Estado, 53, 1982,  Antología. Vol. 1. Ensayos, Alianza Editorial).[LV5] 

«España es un país gobernado tradicionalmente por caciques. En esencia, el caciquismo es una suplantación de la soberanía, ya sea que al ciudadano se le nieguen sus derechos naturales, para mantenerlo legalmente en tutela, ya que, inscritos en la Constitución tales derechos, una minoría de caciques los usurpe, y sin destruir la apariencia del régimen establecido, erija un poder fraudulento, efectivo y omnímodo, aunque extralegal. En ambos casos, la injuria contra la personalidad humana es la misma» (Azaña, M. (1923), Caciquismo y democracia, 35, 1982, Antología. Vol 1. Ensayos, Alianza Editorial).[LV6] 

«La democracia que sólo instituye los órganos políticos elementales, como son los comicios, el parlamento, el jurado, no es más que aparente democracia. Si a quien se le da el voto no se le da escuela, padece una estafa. La democracia es fundamentalmente un avivador de cultura». (Azaña, M. (1925), Apelación a la República, 33, 1982, Antología. Vol 1. Ensayos, Alianza Editorial).[LV7] 

 

¿Y qué pasa en Europa?

Desde mi punto de vista, la reflexión inicial de Varoufakis va en la misma línea de Costa pero hay que reconocer que tiene el gran mérito de hacernos ver que es toda Europa la que se constituyó como un espacio libre de democracia, es decir, sin democracia, aunque se nos lanza la imagen de una supuesta Europa culta y democrática con la que nos marean una y otra vez, a pesar de que la experiencia nos va mostrando justo lo contrario, una Europa que va contra sus ciudadanos y a los que engaña continuamente. Como afirma Rafael Poch:

«Es el atraco perfecto. Con alevosía y reiteración. Primero una quiebra del sistema financiero, víctima de su propio latrocinio, que se salva mediante un rescate astronómico a base de dinero público. La cifra del coste neto del rescate para el conjunto de los países del G-20 facilitada por el Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, es 905.000 millones de dólares. Sumado al monto de los paquetes de estímulo de los respectivos estados nacionales, toda esa inyección aumentó en un año la deuda pública de la eurozona en casi diez puntos, desde el 69,3% en 2008, al 78,7% del PIB en 2009. Entonces se preparó el terreno para el segundo atraco. El truco ha sido olvidar el motivo y centrarse en la consecuencia. El problema es la deuda, se dice, no el orden atracador que la ocasionó. El casino ha desaparecido. Es la deuda. ¿La solución?: un segundo robo. El segundo atraco es el desmonte social. La deuda es resultado del excesivo gasto social, se dice. Así pues; menos seguro de paro, peor seguridad social, más privatización, más desmonte de lo público, retroceso de derechos laborales, más abuso y más desigualdad. Los ladrones del primer atraco regresan al escenario del crimen para robar más».[9][LV8] 

            Yo añadiría que el tercer atraco consiste en el fraude democrático que es Europa y que los gobiernos aceptan mintiéndonos continuamente y aceptando y bendiciendo los dos atracos anteriores.

«Los paneuropeístas que anhelan imaginar Europa como nuestra casa común, pero que también temen razonablemente que Europa esté cayendo en un insoportable autoritarismo que amenaza con convertir nuestra casa común en un campo de concentración compartido, será mejor que estén preparados: el descenso hacia el totalitarismo no se puede prevenir con medios mecánicos que aplicarán una serie de burócratas sin rostro más preocupados por sus propias y banales carreras profesionales. ¡Sólo lo podrá evitar una democracia sana y que funcione correctamente!». (Varoufakis Y., 2016, 299)[10][LV9] 

            Pero estamos tan enajenados e intimidados que nos cuesta ver que son “nuestros propios políticos” los que nos mienten y nos atracan con toda impunidad y sin sentimientos secuestrando y corrompiendo la democracia, gobernando para, en realidad sometiéndose a, los grandes intereses privados. De hecho, no hay nada más que mirar hacia cómo está abordando la Unión Europea un acuerdo oscuro, oculto y antisocial como el TTIP, que va claramente contra las personas, que se está haciendo a nuestras espaldas y del que nos vamos enterando a pesar de las “instituciones que se consideran democráticas” y gracias a filtraciones de movimientos sociales. Así, el Observatorio Europeo de las Corporaciones lleva años trabajando para mostrar cómo la Comisión Europea está sometida, en la línea mostrada por Varoufakis, a los intereses de las grandes corporaciones. Un trabajo de 2015 titulado «Las puertas giratorias se mueven de nuevo»,[11] documenta los “giros” de Durao Barroso y varios de sus comisarios como práctica habitual. Los informes de este Observatorio son básicos para entender qué es esta Europa y qué podemos esperar de ella mientras «los ministros de finanzas de Europa… son lobbistas de los grandes bancos»[12][LV10]  y el BCE y el Eurogrupo toman las decisiones relevantes en economía que se imponen a los parlamentos nacionales.[13]

            Con respecto a Inglaterra, los defensores del brexit parecen ignorar deliberadamente que la democracia como sistema de gobierno apenas es relevante en este país, por mucho que nos admiremos de que en Inglaterra las cosas, a veces, parecen diferentes porque alguien dimite de vez en cuando. Sin embargo, en esencia, el problema es similar al de España o del resto de Europa. «En opinión de Carswell, parlamentario conservador inconformista, Gran Bretaña se ha convertido en una 'oligarquía', víctima de una forma rampante de 'amiguismo corporativo', que representa perfectamente el hecho de que las grandes empresas pueden «malversar partes del presupuesto de defensa a través de un sistema completamente inadecuado de obtención de recursos defensivos».  Para un utópico de derechas como Carswell, esto no es capitalismo, sino más bien 'corporativismo': 'Son las grandes empresas juntándose con el gran gobierno para cortarse a sí mismos un trozo enorme del pastel de la  economía». ( Jones O. El Establishment, 2015, 299, Seix Barral).[LV11] 

            Pero no es solo el presupuesto de defensa, el comportamiento habitual de esta oligarquía consiste en el saqueo de lo público con el beneplácito del gobierno.

La evasión sistemática de impuestos por parte de los ricos demuestra cuánto poder ejercen las grandes empresas y los multimillonarios sobre los gobiernos democráticamente elegidos, ya sea por medio de su presencia en las altas esferas gubernamentales, ya sea mediante la intimidación pura y dura. Revela también que se espera que el ciudadano medio cumpla con una serie de normas distintas de aquellas que se les aplican a quienes tienen más, dado que éstos ayudan a diseñar y redactar sus propias reglas. También muestra cómo los gobiernos se ven socavados por unas empresas que los despojan de los fondos necesarios para seguir suministrando servicios. Sin embargo, también ilustra una mentalidad muy arraigada en el Establishment: que no es razonable tener que pagar impuestos a un Estado que ellos creen que es un simple obstáculo molesto de su espíritu emprendedor, en lugar de admitir lo mucho que dependen de la generosidad estatal. Están tan acostumbrados a que los gobiernos sucesivos les entreguen riqueza y poder a manos llenas que hasta el más pequeño cuestionamiento de su posición los lleva al borde de la histeria. (Jones O. El Establishment, 2015, 343, Seix Barral[14][LV12] 

            Por su parte, Bent Flyvbjerg, profesor de economía de la Universidad de Oxford, insiste en algo obvio, “La política pública –para que merezca ese nombre– presupone una noción de bien público. Cuando esta noción es secuestrada, es la propia política la que está secuestrada. En lugar de ella, lo que tenemos es uno de los mayores socavamientos de la democracia: la institución pública usada para el beneficio privado. Cualquier sociedad que quiera mantenerse como tal tendrá que prevenir dicho secuestro y restaurar la distinción fundamental entre el bien público y el interés privado” (Flyvbjerg B. (2005, 57), “Design by Deception. The Politics of Megaproject Approval”, Harvard Design Magazine Spring/Summer 2005, pp. 50-59..[LV13]  De todo esto ya hablaba Galbraith con enorme lucidez hace 40 años y Greg Palast hace 20 años, refiriéndose a Estados Unidos.[15]  Por eso y para no repetirme, merece la pena acudir a un dibujo del Financial Times, del 21 de Septiembre de 2010, que acompaña a un artículo de Philip Stephens titulado “Tres años después, los mercados mandan de nuevo” [16] y que expresa sin ninguna duda esta traición a la comunidad. El dibujo en cuestión muestra un carro en el que van subidos destacados ‘banqueros’, llevando en su parte trasera un grupo de rascacielos tipo Wall Street, tirando de las riendas y dándole latigazos a las personas que tiran del carro, que son Sarkozy, Merkel, Obama y Cameron. Aunque el título del artículo habla de los mercados, el contenido es más preciso al señalar “Han transcurrido tres años desde que el techo comenzara a desmoronarse (…) Y, desde entonces, ¿qué ha sucedido? Sencillamente: pocas cosas. Los bancos (y los banqueros) aún gobiernan”. Esta es la clave.

¿Cómo abordar esta situación?

Es bien difícil. Lo primero es verlo con claridad, pero la mayoría de las personas no lo ven o no pueden verlo (el machaqueo contínuo para disfrazar la realidad y no ver lo evidente es terrible) o simplemente prefieren no verlo para evitarse ‘complicaciones si empiezan a pensar’ por cuenta propia.  Por otro lado, aquellos que se animan a denunciar lo que ven saben que van a ser machacados. Un reciente documental sobre corrupción local titulado Corrupción organismo nocivo, realizado por Albert Sanfeliu y Teresa Soler, muestra cómo los denunciantes sufren el desamparo, la intimidación, la soledad y, además, raramente la justicia condena a los corruptos. Llevan años pidiendo una ley de protección del denunciante pero la respuesta más reciente muestra la abstención del PSOE y el voto negativo del PP, en la Comunidad de Madrid, a la aprobación de una ley para proteger a los denunciantes de corrupción.[17]

            A otro nivel, la reforma del artículo 135 de la CE nos indica en qué consiste eso de “gobernar”, es decir, en someterse a los poderosos en contra de los ciudadanos. Por otro lado, los que “tiran del carro”, como en el dibujo del Financial Times, no lo hacen a disgusto ni tienen prisa por “desuncirse”, muy al contrario, tienen tal mono de obedecer-mandar-obedecer que a la mínima oportunidad vuelven a presentarse para “uncirse” de nuevo al carro, sin olvidar que, como muestra el Observatorio Europeo de las Corporaciones, hay un intercambio continuo entre los que van en el carro y los que “tiran” de él. Ahora bien, ¿qué personalidad se requiere para competir con el fin de “uncirse” al carro aparentando gobernar? Como señala la Plataforma X la Honestidad, los políticos que se comportan así son una banda carente de valores morales, no tienen escrúpulos, mienten diariamente y presumen de demócratas como mentira habitual.

            El problema fundamental, desde mi punto de vista, consiste en que no terminamos de ver con claridad que la principal corrupción consiste en la traición a la comunidad por parte de los gobiernos y los parlamentos. No quiero decir que la otra corrupción sea menos relevante sino que es un resultado de la principal y nos impide verla claramente. Los que deciden “uncirse” al carro son personas, los que van en el carro, también. Siempre va a haber personas que deseen “uncirse” y que deseen ir en el carro. Lo que quiero decir es que somos las personas las que mantenemos esta situación y las que podemos empezar a verla, cuestionarla y cambiarla. Claro que esto parece ingenuo porque estas personas tienen poder, manipulan, intimidan, etc. pero es que no hay otra opción, la solución no va a venir del cielo ni es mágica, sino que está en las personas y su incorporación a los movimientos sociales. Además hay urgencias, la cuestión ambiental nos muestra que lo que está en juego es la vida y que a los del carro, estén arriba o abajo, la vida no les parece una cuestión relevante, nunca lo ha sido para ellos. Hace falta avanzar en convertirnos en personas democráticas y más conscientes, de lo contrario repetimos comportamientos contra los ciudadanos. Por eso termino con unas reflexiones de Morin, que veo que menciona Jorge Riechmann en Autoconstrucción (2015), y  que considero cada vez más pertinentes, sabiendo que su tono profundo no parece “serio” a algunas personas que van de “intelectuales” pero que, como decía Amos Oz de su padre, que era matemático, “era tan intelectual que no entendía nada” (cito de memoria).

«Estamos dentro de la sociedad, pero la sociedad está dentro de nosotros a través de su lenguaje, sus normas, sus ideologías; […] Dentro de esta perspectiva, ya no puede reducirse todo a la mera reforma social. Es una idea que debemos abandonar. Han fracasado todos los intentos de reformar la sociedad a partir de las estructuras. Hoy en día, todo espíritu maniqueo, dogmático o fanático contribuirá a algo peor que aquello que combate. Este tipo de enfoque revolucionario pervirtió no sólo a la revolución, sino también a la sociedad resultante de ella […] Teniendo en cuenta los tres términos ('individuo', 'especie' y 'sociedad'), la reforma debe pasar necesariamente por una reforma del individuo, convirtiéndose así en autorreforma.

Debemos desarrollar nuestra autoconciencia. Mas, para que haya autoconciencia debe haber autoconocimiento, y éste supone un conocimiento pertinente […] Por otra parte, el conocimiento pertinente no puede pasar por alto la manera de esquivar las trampas del conocimiento: el error y la ilusión» [LV14] [Edgar Morin, Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, Paidos 2001].

El error y la ilusión están siempre presentes, pues son resultado de la relatividad de nuestras percepciones, del egocentrismo que trastorna nuestros recuerdos y nuestra manera de ver las cosas, del autoengaño... Todos estos fenómenos pueden ser sacados a la luz por medios psicoanalíticos, psicológicos, terapéuticos... Eso es de capital importancia. Pero aún más importante es enseñar desde la infancia a conocerse a sí mismo, para sacarlos a la luz lo más pronto posible [Revue de psychologie de la motivation, junio 2001[LV15] ].

            Además, algunas fuentes de error y de ilusión no son individuales, sino culturales. Están vinculadas a normas, a las ideas aprendidas y a las ideas recibidas. El individuo debe estar preparado para identificarlas, debe evitar repetir como un papagayo aquello que oye (…)[LV16]  Evidentemente, estos problemas no pueden solucionarse en un día. Su resolución pasa por un autoexamen, una autocrítica (que necesariamente precisa de otros); necesita un largo esfuerzo sobre sí mismo y debe apoyarse sobre un sistema educativo consciente de su existencia. Es un problema complejo, porque la reforma de sí mismo pasa también por un examen crítico de la sociedad en la que vivimos y por una reflexión sobre nuestro ser biológico. Este trabajo constituye un verdadero esfuerzo histórico y necesita una cultura adaptada. Hoy, la cuestión es saber si tendremos tiempo para ello, es decir, si las fuerzas de destrucción no van a adelantarse a ese trabajo y “hacer saltar todo por los aires”. Ese es nuestro desafío”.[18]

            En resumen, necesitamos más claridad para: a) entender mejor las dimensiones y mecanismos de la traición a la comunidad ejercida por gobiernos y parlamentos al servicio de intereses empresariales, b) entender mejor las personalidades malvadas y criminales normalizadas, tipo Eichmann, que ejecutan esa traición, para no esperar de ellos lo que no nos van a dar y c) entender que solo es posible enfrentarse a lo anterior mediante una reforma de uno mismo que no destruya los movimientos sociales y las alternativas al poco de empezar, sin quitarle valor a todo el trabajo sucio que esas personalidades, al servicio de grupos  empresariales y financieros, llevarán a cabo para desacreditar y torpedear esas alternativas.

 

[1] A. Smith, Lecciones sobre Jurisprudencia, 1762

[2] Oligarquía y Caciquismo como la forma actual de gobierno en España. 1901.

[3] Owen Jones. El Establishment. 2014

[4] Entrevista a Yanis Varoufakis, Estado del Poder 2016.

[5] Paul Craig Roberts. TTIP, una ley para dar más poder a las corporaciones. 2015

[6] Adam Smith, carta 248 dirigida a Rochefoucauld en 1785, refiriéndose a Gran Bretaña

[10] (Varoufakis Y.. ¿Y los pobres sufren lo que deben? 2016)

[12] (Hudson, 2015)

[14] (Owen Jones, El Establishment, 2014).

[15] G. Palast, La mejor democracia que se puede comprar con dinero, Crítica, Barcelona, 2003.

[18] http://www.trasversales.net/i66morin.htm

 

* En La casa de mi tía por gentileza de Federico Aguilera Klink

FEDERICO AGUILERA KLINK