Los mercados tienen rostro - por Francisco Morote
¿Quién dijo que los mercados no tienen rostro? Lo tienen. Es el de los presidentes y otros directivos de los llamados fondos - de inversión, de pensiones, de alto riesgo, buitres ( los fondos ) -; de los bancos de inversión y comerciales; de la agencias de calificación de riesgos. Son, dentro de las élites financieras que mueven y manejan los mercados, " los inversores de prestigio ". Cuando la prensa, la suya, claro, dice qué " los mercados desconfían " o " están disgustados ", en realidad se refiere a ellos, son ellos y no entes fantasmagóricos los desconfiados y disgustados.


No. No es una efemérides de un hecho histórico de finales del XIX. Es una afirmación que hace en EL CONFIDENCIAL un tipo llamado Miguel Ayuso, en cuyo descargo hay que decir que traduce sin mayor comprobación (ni reconocerlo, por cierto) una crónica en THE GUARDIAN firmada por otra indocumentada en historia llamada Rebecca Smithers. Por si acaso alguien cree que se trata de un lapsus de mente, el original en inglés y la copia en español insisten, textualmente: "Los primeros plátanos canarios que empezarán a venderse en los supermercados Asda serán de la marca Fyffe, una compañía irlandesa que tiene plantaciones en las islas españolas desde el siglo XIX (aunque sólo exportaba plátanos a España y Portugal)". Se revuelven en sus tumbas las legiones de agricultores plataneros, empaquetadores y estibadores que quemaron sus vidas en las fatigosas zafras con destino a "U.K or continental port", como rezaban los conocimientos de embarque y manifiestos de las míticas Fred Olsen y Aznar. ¿Qué pensarán Ayuso y Smithers que significará el nombre del área londinense "Canary Wharf"? Desde luego, ignoran que por ahí arribaban los millones de toneladas de plátano canario que, más las otras tantas que lo hacían por Liverpool, abastecíeron de vitaminas frescas canarias los inviernos británicos de buena parte del siglo XX. Pero, una vez se hayan sobrepuesto de la estupefacción, les ruego me acompañen en la siguiente reflexión, que haré, no sin antes agradecer a mis amigos de REBUMBIO, Iván y Samuel, que me levantaron la pieza.